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Qué es la nomofobia o el miedo a no tener cerca tu móvil

Te contamos todo lo que debes saber sobre la nomofobia. Toma nota para estar atento y que ni tú ni ninguno de los tuyos sea víctima de este problema.

Tal vez en alguna ocasión hayas oído hablar de la nomofobia e incluso puede que a tu alrededor tengas a alguien que la padece en mayor o menor medida. Pero ¿sabes realmente qué implica esta adicción por el uso continuado del teléfono móvil? ¿Te has preguntado por qué se produce o cómo darse cuenta que nuestro dispositivo está empezando a convertirse en un problema?

Respondemos a tus preguntas y te contamos todo lo que debes saber sobre la nomofobia. Toma nota para estar atento y que ni tú ni ninguno de los tuyos sea víctima de este problema, el cual puede llegar a ser más grave de lo que crees.

Qué es la nomofobia

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El término nomofobia hace referencia a la expresión inglesa no-mobile-phone phobia, es decir, a la fobia que provoca estar sin el teléfono móvil y la dependencia que siente por este dispositivo la persona que la sufre . Esta adicción, que presenta sus propios síntomas y que es consecuencia de determinadas causas, más frecuentes de lo que te puedas imaginar, puede convertirse en un grave problema psicológico que termine afectando de manera perniciosa a tu vida y a la de las personas que te rodean.


No obstante, todavía no está considerada oficialmente como una patología o un trastorno del comportamiento, puesto que el teléfono móvil y vivir permanentemente conectados es algo que forma parte de nuestras vidas desde época relativamente reciente. Lo cual no significa que, con el tiempo, no se catalogue como tal.

Causas de la nomofobia

Cualquiera de nosotros puede padecer nomofobia si pierde el control sobre el uso de sus dispositivos móviles y deja que estos interfieran en su vida de tal forma que, al final, viva constantemente delante de una pantalla: contestar mensajes, subir fotos, contar lo que está haciendo en cada momento, consultar cada dos por tres las redes sociales…

Bajo esta adicción subyace una personalidad insegura, con baja autoestima y con tendencia a querer complacer a los demás, de manera que el teléfono se convierte en una forma de extender la dependencia hacia los otros y alimentar relaciones no siempre saludables. Esa dependencia se refleja en la necesidad constante de saber cuántas personas le han escrito, cuántas personas le han dado un «me gusta» a una de sus publicaciones, qué es lo que les ha pasado a los demás o qué están haciendo, comprobar de forma enfermiza si hay nuevas notificaciones…


Esa necesidad de consultar el estado y los mensajes en las redes o de fotografiar o escribir lo que uno mismo está haciendo en cada momento no es solo señal de que hay un problema de actitud que puede llegar a ser psicológico en el comportamiento, sino que también provoca que uno se pierda lo que verdaderamente está pasando a su alrededor: una puesta de sol, una reunión familiar, una cena romántica, un concierto…

Consecuencias de la nomofobia

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Entre los síntomas más frecuentes de la nomofobia se encuentran las palpitaciones y sudores fríos cuando uno no tiene acceso al móvil o se ha quedado sin datos o sin cobertura, así como señales de angustia y una falta de interés y de atención absoluta a lo que está sucediendo a su alrededor.

Por culpa de este comportamiento, las relaciones personales y laborales se deterioran, pues el carácter se vuelve irascible si no se puede atender al teléfono como se desea, además de que se le presta poca o nula atención a las personas de alrededor, priorizando responder a aquellos que se comunican con uno por medio de redes o aplicaciones móviles antes que a quien está sentado al lado en la mesa.

Sin embargo, quien padece nomofobia no es consciente de ello, puesto que el teléfono se ha convertido en una herramienta indispensable en nuestra sociedad, de manera que, al estar admitido su uso de forma indiscriminada, cuesta reconocer el problema como tal.


Hábitos saludables

Para evitar caer víctimas de este mal, es aconsejable seguir unos hábitos saludables en el uso del teléfono móvil. Debemos priorizar la realidad sobre el mundo virtual, sobre todo, cuando hablamos de relaciones personales y en nuestro tiempo libre, en el cual hemos de dejarlo de lado el máximo tiempo posible. De hecho, si no tienes ninguna preocupación o responsabilidad en otro sitio ni esperas ningún mensaje importante, lo mejor es apagarlo o quitarle el sonido. El modo avión o el modo no molestar es estupendo para este tipo de momentos.

Asimismo, no pongas el teléfono móvil a la vista ni en reuniones familiares ni en salidas con los amigos ni en las cenas con tu pareja, a menos que tengas una causa de fuerza mayor. Y a esto nos referimos a una llamada muy importante del trabajo o si hay algún ser querido en el hospital, por ejemplo.

Solo esa necesidad de tener el teléfono siempre a mano sobre una mesa, para mirar la pantalla cada dos por tres o estar pendiente de si se ilumina, es señal de que tienes una relación con él no del todo sana y que si no vigilas tu comportamiento puede convertirse en un auténtico problema.

Nomofobia y jóvenes

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Además, hemos de actuar con el ejemplo. Se calcula que el 81 por ciento de los jóvenes padecen nomofobia. Se les compra el móvil a edades muy tempranas, necesitan ser aceptados por su entorno y cuentan con la inseguridad propia de su edad, así que no es de extrañar que caigan víctimas de este mal más de lo que nos gustaría. Enseñarles unos hábitos saludables contribuirá a que eso no suceda, sobre todo, si lo haces desde que son pequeños, pues actuarán por imitación.


Recuerda que de nada vale reñir a un adolescente por estar mirando o usando el móvil en la mesa cuando tú eres el primero que lo pone junto al plato durante las comidas. Eduquemos con el ejemplo y contribuyamos a que no se extienda tanto un problema que nos afecta a todos.



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