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¿Qué es la pareidolia? Cuando los objetos tienen rostro

La pareidolia podría fundamentar el origen del arte, la astrología o el animismo, un fenómeno psicológico por el cual reconocemos patrones significativos, como caras y cuerpos, en estímulos vagos y aleatorios ofreciéndonos diversas ventajas evolutivas.


¿Te parece que el grifo del baño tiene forma de cara? ¿Y que el bolso te sonríe cuando abres la cremallera? No te preocupes, nos pasa a todos. Percibir rostros en objetos inanimados se denomina pareidolia, un fenómeno psicológico que caracteriza el cerebro humano, una ventaja evolutiva que facilita la interacción social y nos ayuda a descifrar nuestro entorno de forma casi instantánea… aunque a veces nos equivoquemos.

La pareidolia: Elvis y la patata frita 

Pareidolia
Fuente: Unsplash

La palabra pareidolia, que deriva del griego eidolon (imagen, figura, aparición) y el prefijo para (parecido a, junto a), es un fenómeno psicológico que consiste en reconocer patrones significativos —como caras o cuerpos— en estímulos vagos y aleatorios. Tal y como explica el ingeniero informático y experto en neurociencia Jeff Hawkins el cerebro es una suerte de máquina de predicción de forma que, ante informaciones difusas, el cerebro las concreta asociándolas a patrones similares conocidos.  

Un estudio publicado en 2011 por varios miembros del Instituto de Ciencia Avanzada y Tecnología Beckman de la Universidad de Illinois titulado elocuentemente “La patata frita realmente se parece a Elvis” realiza una profunda investigación sobre el fenómeno de la pareidolia y sus implicaciones neuronales. 


Una de sus conclusiones pone el foco en el área fusiforme de las caras, el principal sector del sistema visual humano especializado en reconocimiento facial y que se halla en la corteza cerebral temporal inferior, área que se activaría ante determinados objetos al igual que lo hace con las caras tal y como demostró un análisis practicado con magnetoencefalografía.  

Así, el estudio sugiere que el hecho de encontrar significado en estímulos ambiguos parece depender de la evaluación conceptual y de eventos de procesamiento cortical similares a los que se observan en objetos conocidos: “para el cerebro, la patata frita vagamente parecida a Elvis puede proporcionar un sustituto del Rey del Rock”. 

Este proceso que explica la pareidolia se define como giro fusiforme por el área del cerebro con el que se asocia de forma cuando vemos una cara en un objeto nos cuesta dejar de verla: solo vemos a Elvis, tenemos que hacer un gran esfuerzo, ya no instantáneo, para volver a ver la patata frita. 


¿Para qué sirve la pareidolia? 

Pareidolia
Fuente: Unsplash

Una persona está descansando en su cueva cuando distingue una sombra amenazante en la pared, instantáneamente se pone en guardia, dispuesto a defenderse, pero la sombra pasa, solo era una nube. Pero si hubiera sido un depredador, tal y como sospechó su cerebro en primera instancia, esta alerta temprana le hubiera salvado la vida

Para nuestros ancestros, la pareidolia, la concreción de forma difusas en patrones reconocibles, podía suponer la diferencia entre la vida o la muerte. En este sentido, se cree que este procesamiento de información inconsciente era fundamental para acelerar el juicio y tomar decisiones cuando se precisaba una reacción rápida ante una amenaza o ante una oportunidad, facultad que también se usaría a la hora de cazar. 

¿Y el origen del arte? El investigador chileno y experto en arqueoastronomía Patricio Bustamante Díaz realizó una interesante investigación acerca de la relación entre la pareidolia y el origen del arte, así como del animismo o la astrología. En el caso del arte, Bustamante señala varios ejemplos en los que los primeros artistas de las pinturas rupestres aprovechaban pareidolias pétreas para recrear animales tan solo mejorando el parecido con unos pocos detalles.  

Más recientemente, la pareidolia ha sido usado conscientemente para generar ambigüedad y distracción en artistas como el popular Arcimboldo o en corrientes como el surrealismo.  

Pareidolia
Detalle de una de las famosas ‘pareidolias’ de Arcimboldo. Fuente: Wikipedia

En otro sentido, Bustamante también señala cómo el origen de la adoración de determinados accidentes geográficos como montañas estaría implicado estrechamente con el fenómeno de la pareidolia, algo que también sucedería en el origen de la astrología al comenzar a nombrar constelaciones por su parecido con objetos, animales o personas: el propio zodiaco es un ejemplo paradigmático

Miles de años más tarde ya no estamos rodeados de potenciales depredadores, pero la pareidolia sigue ofreciendo al ser humano un apreciable conjunto de competencias, como la interacción social. Porque la pareidolia no solo consiste en reconocer caras instantáneamente, sino en leer información sobre dichos rostros. Es así como vemos que el bolso nos sonríe o la papelera nos hace burla.  

Al confundir al objeto con una cara, el cerebro considera que también posee mente capaz de mostrar emociones, algo imprescindible para la interacción social. Es así como somos capaces de leer cómo se siente una persona con solo mirarla a la cara, porque, ya sabemos, la cara es el espejo del alma, aunque esa cara, en realidad, esté formada por el vapor de agua de una nube. 

En última instancia, la pareidolia también está teniendo un papel apreciable en el estudio de determinadas en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson. Algunos estudios señalan que estos enfermos tienden a experimentar más pareidolias de lo habitual. No hay que olvidar, en este sentido, que el fenómeno de la pareidolia también se usa en el popular test de Rorschach de evaluación psicológica. 

¿Recuerdas estas famosas pareidolias? 

Pareidolia
La célebre ‘cara’ de Marte vista por la Viking 2. La Mars Global Surveyor ‘rompió el hechizo’ años más tarde al sacar otra foto de detalle en la que ya no quedaba rastro de la cara.

A lo largo de la historia se han distinguido diversas pareidolias que han pasado a formar parte de la cultura popular. Y es que cuando alguien ve una cara o un cuerpo en un objeto y transmite su percepción, el resto lo reconoce de forma inmediata.  




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