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Sadfishing, el fenómeno de la tristeza en Internet

Usamos Internet y las redes sociales a diario para compartir información y conocimiento, pero también para mostrar nuestros sentimientos y estado emocional. Así como la alegría y la “buena vibra” triunfan en redes hasta producir un cierto empacho, la tristeza también se convierte en protagonista, tal vez, en primera instancia, como reacción a tanto buen rollo, a menudo impostado.  

Pero, ¿qué pasa cuando la tristeza forma parte de una orquestada campaña de marketing para vender un producto, una gira o un libro? ¿Es reprobable mercantilizar la tristeza reduciéndola a un recurso más de la viralidad comercial? La periodista Rebecca Reid creó el término sadfishing para designar esta práctica digital de “pescar” seguidores (y consumidores) usando la tristeza como anzuelo. 

“Me siento mal”: una confesión patrocinada

Sadfishing
Kendall Jenner – Fuente: Depositphotos

Kendall Jenner sube un video a su cuenta de Instagram. Aparece con gesto serio, vestida con una sencilla camiseta blanca y con maquillaje sencillo. Debajo del video, Kris, la madre de Kendall, señala sentirse muy orgullosa de su hija por “ser tan valiente y vulnerable”.  

¿Estaba Kendall a punto de revelar alguna historia personal vinculada al #MeToo? ¿O iba a hablar de su lucha contra un problema de salud? Sí… y no. La modelo y empresaria tuvo en vilo a sus seguidores hasta descubrir la verdad: iba a hablar sobre un trauma que tuvo durante la adolescencia por un problema de acné… en una campaña publicitaria organizada por una marca especializada en productos cosméticos y tratamientos para la piel. 

Esta singular campaña en la que intervino Kendall Jenner en 2019 llamó la atención de la periodista y escritora Rebecca Reid, columnista del Telegraph y del Metro británicos, entre otros medios, que acuñó el término sadfishing para referirse a este recurso de “usar los problemas emocionales para enganchar a una audiencia en internet”.  

Y Kendall Jenner tiene una audiencia de más de 250 millones de seguidores… 250 millones de consumidores potenciales que pueden establecer una relación entre superar un trauma derivado de un problema de acné y el uso de los productos de belleza.  

Sadfishing: Vendiendo tristeza 

Overthinking
Un hombre pensando – Foto: Depositphotos

¿Cuántas personas más o menos famosas has visto recientemente apareciendo en televisión, concediendo entrevistas o mostrando videos y otras publicaciones en redes hablando de su salud mental? ¿Y cuántas de estas apariciones, entrevistas y demás coincidían con la publicación de un libro o el inicio de una gira? 

El contenido triste se comparte bien, engancha. Y enganchar significa más seguidores. Y más seguidores significa más atención”.  

Cuando Rebecca Reid acuñó el término sadfishing estaba pensando en esta tendencia entre personas influyentes de usar situaciones complicadas para interactuar con sus seguidores, en esas curiosas coincidencias entre un arrebato de sinceridad convertido en viral y un acto comercial.

Me sincero, hablo de mi problema, atraigo la atención, genero empatía entre miles de personas que pasan por un problema similar… y, de paso, deslizo que he escrito un libro en el que me sincero todavía más. Nada nuevo, no es algo que haya “inventado” Internet, pero sí lo ha magnificado: el exceso —sea de alegría, tristeza o cualquier otro fenómeno— y la intimidad venden mejor juntos que por separado.

Pero el éxito del término sadfishing convertido también en viral llevó a Rebecca Reid a publicar otro artículo poco más tarde en el que, además de recordar que la patente del término es suya, profundizó y matizó el concepto y todo lo que deriva de él. 

Reid señaló entonces como los sadfishers espectacularizan el drama de su situación para seducir y crear engagement —o compromiso— entre su comunidad. “Es el equivalente emocional del clickbait... y eso tiene un efecto dominó”. 


¿Usar las redes para “curar”? 

Sadfishing
Varias chicas miran su móvil – Fuente: Depositphotos

“Tener una piel dañada, puede ser traumático, lo entiendo. Pero Kendall Jenner no compartió una foto sin filtrar de su acné en su Instagram para normalizar los problemas de la piel. Compartió un teaser bellamente filmado donde su piel brillaba con perfección. Eso es triste”. 

En su segundo artículo, Reid matiza su postura sobre el sadfishing y su relación con la normalización de los problemas de salud mental: no se trata para ella de un término crítico con las personas que hablan abiertamente en Internet sobre sus problemas de salud mental ya que reduce el estigma asociado a esos problemas y “elimina la cultura del silencio en torno a la infelicidad”. 

Pero Reid también puntualiza: “los problemas de salud mental no se curan, ni siquiera se alivian si alguien te sigue y te envía una lluvia de emojis con caras de besos”. Es el peligro que supone para millones de personas anónimas sin miles de seguidores hablar online de sus problemas mentales, especialmente para los más vulnerables, los adolescentes. 

Cuando estos jóvenes internautas, aún en camino de cimentar su madurez, usan sus redes sociales para hablar abiertamente de sus problemas de salud mental corren el riesgo de no encontrar tan solo apoyo entre sus amigos más cercanos, sino generar un chisme que puede ser usado para dañarlos, incluso siendo “el blanco de depredadores que pueden explotar su felicidad para su propio beneficio”. 

A estas alturas, ya conocemos el inmenso potencial que tiene Internet y las redes sociales como plataforma de comunicación. Pero también somos conscientes de los peligros que ello conlleva, especialmente para los más vulnerables e inmaduros.  

Los arrebatos de alegría y tristeza —o la sobredimensión de nuestra naturaleza emocional— seguirán vendiéndose bien —en Internet o en cualquier otro medio— porque enardecen nuestras emociones generando sentimientos encontrados, empatía y animadversión, engagement e inquina.

Pero si se trata de salud mental —no olvidemos que la tristeza es una emoción perfectamente normal y consustancial al ser humano y la depresión una enfermedad—, Internet no debe ser “la única forma de apoyo emocional”.


Al contrario, el primer lugar en el que se debe hablar de salud mental es en la consulta de un profesional médico, buscando una red de apoyo que “incluya personas reales, no solo pantallas”. 



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