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¿Sufres el síndrome de la vida ocupada? Cuatro señales para identificarlo

¿Falta de concentración? ¿Mala memoria? ¿Desmotivación? Si unes estos síntomas a un estilo de vida repleto de actividad, tal vez sufras el conocido como síndrome de la vida ocupada, una alteración psicológica producto del estilo de vida vertiginoso y la constante sobrecarga de información que se recibe especialmente a través de los dispositivos móviles.  

A continuación, indagamos el origen de la investigación del síndrome de la vida ocupada en un contexto marcado por el consumismo voraz y el llamado tecnocapitalismo, las principales señales para identificarlo, así como los medios para ponerle freno. 

¿Qué es el síndrome de la vida ocupada? 

Síndrome de la vida ocupada
Un hombre corre con una maleta – Fuente: Unsplash

Investigadores del CPS Research de Glasgow comenzaron a hablar de una alteración psicológica conocida como Busy Lifestyle Syndrome —síndrome del estilo de vida ocupado— en relación a una investigación que cursaron en 2011. En ella, se partía de la hipótesis según la cual las personas nos estábamos volviendo cada vez más “olvidadizas” como resultado del bombardeo de datos en esta era de la información. 

Los investigadores del CPS Research se refirieron a un posible deterioro cognitivo subjetivo, una categoría que se encuentra a medio camino entre la normalidad y el envejecimiento patológico, siendo un posible predictor de la demencia en personas de edad avanzada.  

¿Pueden entonces los olvidos frecuentes —de las llaves, de los nombres, de la cartera— ser un síntoma propio del inicio de una demencia? En principio, no. Los investigadores del CPS Research no llegaron tan lejos, pero nombraron un síndrome de plena actualidad, especialmente tras el final de la pandemia

Aunque para algunas personas la época pandémica supuso un incremento del multitasking —especialmente para madres y padres trabajadores con niños pequeños—, para otros se tradujo en una desaceleración de actividad de consecuencias impredecibles: unos agradecieron tener más tiempo, otros se aterraron ante el dilema de no saber qué hacer con tanto tiempo. 

Llegado el final de la pandemia y buena parte de las restricciones, muchas personas han recuperado su agenda repleta hasta arriba de actividades. Y es así como se empieza a coquetear con el síndrome de la vida ocupada en el que las nuevas tecnologías cumplen un papel decisivo. Es la paradoja de la digitalización: nos facilita el cumplimiento de diversas tareas, pero nos exige la participación en otras que, antaño, no formaban parte de nuestra agenda, como las propias redes sociales. 

Tiempo ¿libre? 

Síndrome de la vida ocupada
Una mujer consulta el ordenador mientras dos niños juegan – Fuente: Pexels

Así las cosas, el síndrome de la vida ocupada se desarrolla en un contexto de sociedad orientada a la productividad. No solo debemos ser productivos en el trabajo, sino también en nuestra vida personal, como madres, como amantes, hasta en el gimnasio debemos cumplir una meta que nos marca el monitor o nosotros mismos: todo enfocado al cumplimiento de objetivos, todo para mantenerse ocupados, no vaya a ser que tengamos cinco minutos libres y los ocupemos haciéndonos preguntas

Hasta los propios niños llenan sus agendas de tareas tras el colegio o el instituto para estar en la misma línea de proactividad que sus padres: del inglés al violín, y del tenis al ajedrez.  

En este escenario de agendas repletas de actividad, cabe reflexionar sobre el término “tiempo libre”. ¿Realmente ese tiempo queda al margen del ritmo de producción laboral? ¿No estamos organizando nuestro tiempo como si se tratara de una tarea más que debe cumplir un objetivo? Hasta acumulamos experiencias en nuestro tiempo de ocio como si buscáramos llenar un depósito experiencial. 

Así, el tiempo deja de ser “libre” y pasa a formar un eslabón más de la férrea cadena de organización de la agenda semanal, de forma que una tarde realmente libre, en la que no haya nada previsto, es lo último que queremos. Por supuesto, estar siempre ocupados, hasta en nuestro tiempo de ocio, tiene un coste físico y psíquico. 

Cuatro señales para identificar el síndrome de la vida ocupada 

Síndrome de la vida ocupada
Una mujer con los ojos cerrados con síntomas de cansancio – Fuente: Pexels

Si te ves reflejado en estos cuatro indicios, cuidado porque podrías sufrir el síndrome de la vida ocupada: 


Conviertes tu ocio en una tarea más 

Por supuesto, una mínima organización para disfrutar del tiempo libre es necesaria, pero si estructuras cada actividad como si tratara de un proyecto laboral es que la productividad ha alcanzado también tu descanso. Por ejemplo, si organizas un viaje para “acumular” una experiencia y solo piensas en exponer esa experiencia en redes sociales para demostrar que ha sido “productiva”, estás más cerca de padecer el síndrome de la vida ocupada, entre otras cosas. 

Multitarea 

Una de las señales más significativas de este síndrome es la afición por estar haciendo varias cosas a la vez… y no hacer ninguna de ellas de forma eficiente. Paradójicamente, la multitarea no eficiente es consecuencia de una mala organización. No somos conscientes de que no podemos hacer tantas tareas a la vez. Al contrario, estar muy ocupados —aunque sea “mal” ocupados— es considerado erróneamente como un sinónimo de “vida plena” y, por eso, nos lanzamos a añadir nuevas tareas a nuestra agenda. 

Estrés y ansiedad 

La consecuencia obvia de esta acumulación de tareas es la aparición del estrés cuando empezamos a percibir que tal vez no vamos a poder cumplir adecuadamente con los retos que nos hemos propuesto porque son excesivos y no tenemos tiempo para todo. Si ese exceso de actividad perjudica a nuestro trabajo y/o a nuestras relaciones personales, el estrés puede venir acompañado de ansiedad. 

Mala memoria y falta de concentración 

Tal y como advertían los investigadores del CPS Reserach de Glasgow, la mala memoria es una señal de advertencia del síndrome de vida ocupada en sus últimas fases. Llevamos mucho tiempo asumiendo más tareas de las que deberíamos y comenzamos a olvidarnos de datos o informaciones básicas que no acostumbramos a olvidar.  

Así mismo, esta mala memoria puede acompañarse de falta de concentración que puede surgir como respuesta ante un exceso de carga mental. Si estamos a muchas cosas a la vez, no estamos a ninguna y es mucho más difícil centrar los esfuerzos en el cumplimiento de una tarea. El resultado es que no logramos concentrarnos para resolver una tarea más o menos complicada. 

Cómo poner freno al síndrome de la vida ocupada 

Síndrome de la vida ocupada
Un hombre descansa sobre un campo de flores – Fuente: Pexels

Si tienes uno o varios de esos síntomas y quieres hacer propósito de enmienda empieza por poner freno al síndrome de la vida ocupada siguiendo estos cuatro consejos: 

  1. Improvisa. Permítete improvisar tu tiempo de ocio de vez en cuando. En ocasiones, los mejores planes son aquellos que se improvisan sobre la marcha, a menudo en buena compañía. Déjate llevar un rato y no aspires a tener el control permanente de cada actividad en la que participes. 
  1. Deja el móvil un rato. Si cada vez que participas en una actividad de ocio estás mirando de reojo el móvil para ver cómo puedes mostrar al mundo lo bien que lo estás pasando, es que eres incapaz de relajarte, un síntoma inequívoco del síndrome de la vida ocupada. Deja el móvil a buen recaudo y disfruta con tus propios ojos —no a través de los filtros del dispositivo— de lo que tienes delante. Y no sufras por no poder “compartir” tu experiencia, otros lo harán por ti. 
  1. No pienses permanentemente en objetivos. Deja la jerga laboral para el contexto donde mejor funciona: el trabajo. Cumplir objetivos más allá de la oficina puede ser un arma de doble filo ya que transforma la vida en una tarea. Si eres de lo que aún cree que para alcanzar la felicidad se han de cumplir objetivos es que necesitas una temporada no haciendo nada
  1. Desocúpate. ¿Realmente son necesarias tantas tareas en tu agenda? ¿No crees que hay dos o tres cosas que no son tan “imprescindibles”? Desde luego que para alguien “enganchado” a la actividad frenética se le hace raro descartar tareas para liberar tiempo, pero es el primer paso si no queremos que el síndrome de la vida ocupada termine teniendo consecuencias psicológicas y cognitivas. Recuerda la frase de Thoreau que ya hemos citado por aquí: “No es suficiente estar ocupado, también lo están las hormigas. La pregunta es, ¿en qué estamos ocupados?”. 


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