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Ventajas y desventajas de dormir la siesta


Algunas personas consideran que dormir la siesta es un hábito irrenunciable de nuestra cultura. Para otros es buen remedio para aliviar la falta de sueño nocturno o paliar los efectos del insomnio. También hay quienes defienden que no es más que una costumbre propia de ociosos, vagos y perezosos.

No obstante, son numerosos los que sostienen que dar una cabezada en las primeras horas de la tarde aporta apreciables beneficios para nuestra salud. ¿Conoces cuáles son las ventajas e inconvenientes de echarse una buena siesta?

¿Qué es la siesta?

Si acudimos al diccionario de la RAE (Real Academia Española), es fácil intuir que estamos haciendo referencia a una práctica fuertemente enraizada en nuestras tradiciones cotidianas. Define siesta como el ‘Sueño que se toma después de comer’ o también como el ‘Tiempo destinado para dormir o descansar después de comer’. En otras palabras, es una costumbre con un tiempo asignado para hacerla efectiva, la que todos llamamos ‘hora de la siesta’, en la que está muy mal visto realizar actividades que turben el reposo de los demás.


Tras finalizar el almuerzo, la comida más abundante del día, el sistema digestivo reclama mayor irrigación sanguínea para desarrollar sus funciones y resulta casi inevitable sentir alguna somnolencia. Este sopor es más acusado en los meses estivales, al tratarse de instantes especialmente calurosos.

En las primeras horas de la tarde conciliamos el sueño por hábitos culturales, pero también por motivos vinculados a nuestra condición biológica. De hecho, Jim Horne, neurólogo especialista del sueño, afirma que nuestro sistema nervioso está diseñado para dormir en dos períodos diferenciados cada 24 horas, que corresponderían a la noche y las primeras horas de la tarde.

Algunos estudios defienden que al menos el 85% de las especies de mamíferos del planeta duermen más de una vez al día. Observa a tus mascotas en casa y te quedará claro.


Origen de la siesta

Melatonina
Melatonina

Algunos sitúan el origen histórico de la siesta en nuestro país en los tiempos posteriores a la Guerra Civil, cuando aquellas personas que ejercían de pluriempleados aprovechaban el breve tiempo libre de mediodía para acudir con prisa a casa, comer y entregarse a una breve modorra reparadora, antes de incorporarse al trabajo de la tarde.

Parece ser que el nacimiento de este letargo diario se remonta al siglo XI, tiempo en el que la Orden religiosa de San Benito de Nursia dictó sus reglas, en las que aconsejaba guardar reposo y tranquilidad en la hora sexta, que se corresponde al período comprendido entre las 12 y las 15 horas actuales. Llegado ese momento, los religiosos debían descansar y reponer energías en sus lechos para afrontar el resto de la jornada, ayudados del silencio y de la oscuridad. Esta regla acabó por extenderse a buena parte de la población de aquel tiempo.

Ventajas de la siesta

Antes de enumerar algunas de las principales excelencias que brinda este hábito a nuestro bienestar, tal vez sea necesario subrayar que no todas las siestas son beneficiosas. Cada persona deberá buscar su patrón ideal de sueño tras el almuerzo, que dependerá de su edad, estado de salud, fármacos que esté tomando, horas que duerma durante la noche, actividades que desempeñe, etc.

Suele indicarse que un sueño de 20 ó 30 minutos, en las primeras horas de la tarde, ejerce un efecto fuertemente reparador y no debería provocar perjuicio o insomnio en la noche siguiente.


Con carácter general, es posible identificar las siguientes ventajas:

  • Relajación muscular.
  • Disminución de la ansiedad.
  • Control de la fatiga.
  • Mejora del nivel de conciencia y del estado de alerta.
  • Mejor control emocional.
  • Descenso del estrés.
  • Mejor rendimiento cognitivo.

Inconvenientes de la siesta

Tomar el sol
Tomar el sol
  • Con toda probabilidad, el mayor inconveniente que puede presentar la siesta es la imposibilidad de disfrutarla, porque te toque trabajar a esa hora y te veas obligado a mantener la tensión a los pocos segundos de consumir el postre.
  • Si duermes por un tiempo excesivamente prolongado, corres el riesgo de despertarte malhumorado, confuso, amodorrado y muy poco dispuesto a aprovechar el resto del día en cualquier tipo de actividad. A veces, las siestas de dos o tres horas es inevitable que nos lleven a sentirnos como el oso Yogui en pleno período de hibernación o como un boxeador sonado.
  • Algunas personas se ven abocadas a padecer dificultades para dormir llegada la noche. Ten precaución si tienes alguna propensión al insomnio.
  • Determinados estudios apuntan a una mayor incidencia de Diabetes tipo II si duermes en exceso durante el día. Pero tranquilo, esto no sucede siempre ni afecta a todo el mundo. En caso de duda, será mejor que consultes a tu médico.

En cualquier caso, ten en cuenta que se trata de una costumbre que deberás ajustar a tus características personales. Por muy beneficiosa que resulte la siesta, si no sientes la más mínima somnolencia después de almorzar, duermes ocho horas por la noche y te cuesta conciliar el sueño durante el día, no hay razón alguna para que te obligues a meterte en la cama en las primeras horas de la tarde. Eso sí, tú te lo pierdes.

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