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El 75% de las calderas de los hogares europeos siguen funcionando con energías contaminantes

Tan sólo el 17% de las calefacciones que se recambian funcionan con energías renovables. Teniendo en cuenta que la vida media de una caldera de gas es de 25 años, el objetivo de llegar a 2050 con neutralidad de emisiones parece alejado, tal y como apuntan desde la organización europea ECOS.

El humo sale de las chimeneas de los tejados en algunos edificios de la ciudad europea de Praga.
El humo sale de las chimeneas de los tejados en algunos edificios de la ciudad europea de Praga. Michal Cizek / AFP

Alejandro tena

El tráfico no es el único responsable de la mala calidad del aire y las emisiones de gases contaminantes. El sistema de calefacciones domésticas es el gran olvidado de la lucha europea para la descarbonización y la mitigación de la emergencia climática. Así lo evidencia un informe reciente de la organización ECOS que evidencia que el 75% la energía empleada para calentar los hogares del viejo continente proviene de combustibles fósiles: gas, gasoil o carbón. Una realidad que provoca que el 12% del total de las emisiones de CO2 de Europa estén vinculadas a las calefacciones domésticas.

En 2013 la legislación europea dio un paso importante para incluir medidas de ecodiseño e implementar un etiquetado ambiental en las calderas de las casas, similar a los distintivos que clasifican a los coches en función de su impacto ecológico. Sólo con esto, reconocen desde ECOS, se ha conseguido reducir anualmente cerca de 80 millones de toneladas de CO2. Sin embargo, las normas europeas continúan siendo demasiado permisivas, ya que no contemplan una fecha límite para que las calderas que funcionen con energía fósil dejen de funcionar de manera definitiva. Además, el sistema de etiquetas no impide que calentadores de aguas y calderas que de gas o gasoil tengan el certificado 'A', "enviando un mensaje engañoso a los consumidores". 

Aún dando por buenos los criterios de sostenibilidad empleados por Europa, más del 50% de las 129 millones de calderas que hay en el continente son ineficientes y cerca de la mitad de los edificios cuentan con equipos instalados antes de 1992, lo que releva la magnitud del reto de renovar el sistema de calefacción.

Los datos manejados por esta organización revelan que la penetración de las calderas que funcionan con energías limpias es demasiado lenta. Así, los datos revelan que al año se instalan 809 Gw de energía renovable para calefacción frente a 3.855 Gw de energía sucia. Dicho de otro modo, sólo el 17,3% de los aparatos que se renuevan en Europa son limpios desde el punto de vista ambiental. El 82,7% de los nuevos equipos son calderas de gas, gasoil y carbón.

¿Se puede alcanzar así la neutralidad de emisiones? Parece que el ritmo es insuficiente para cumplir con los objetivos climáticos del Pacto Verde Europeo y del Acuerdo de París, que ponen 2050 como horizonte para una economía libre de energías sucias. La propia Comisión Europea calcula que es necesario reducir el 40% de las emisiones de las calefacciones de los hogares de cara a 2030, algo que parece muy lejano si se tiene en cuenta que la mayor parte de las nuevas instalaciones que llegan a los hogares se nutren de combustibles fósiles. Por eso, ECOS calcula que, si se eleva la ambición y se prohíbe la instalación de nuevas calderas de gas, gasoil y carbón a partir de 2025, se podrían reducir 30 millones de toneladas de CO2 para 2030, 90 millones de toneladas para 2040 y 110 millones de toneladas para 2050.

"Las calderas de gas duran unos 25 años. Si seguimos instalándolas después de 2025, Europa no será climáticamente neutra en 2050"

"Las calderas de gas tienen una vida media de unos 25 años. Si seguimos instalando calderas de combustibles fósiles después de 2025, Europa no será climáticamente neutra en 2050 y los líderes de la Unión Europea no cumplirán con su promesa. Es una cuestión de voluntad política, ya existen alternativas de calefacción limpias como las bombas de calor y la energía solar térmica. Los gobiernos deben darles un impulso definitivo", expone Mélissa Zill, directora de Programa de ECOS.

Ese impulso definitivo puede venir también de la mano de un nuevo sistema de etiquetado que se ajuste a la eficiencia y la sostenibilidad real de los aparatos. Tanto es así, que en la actualidad es posible encontrar calderas de gas de condensación con el distintivo A o A+, lo que hace que los ciudadanos tiendan a pensar que disponen de un sistema de calefacción amable para con el medio ambiente. "Los consumidores tienden a optar por las clases de eficiencia más alta y sería probable que invirtieran en soluciones más eficientes si se cambia la escala de las etiquetas".

Promedio gramos de CO2 por kWh de calor utilizado por cada Estado miembro de la UE. ECOS

España, según los datos aportados por ECOS, se encuentra ligeramente por debajo de la media europea en lo que se refiere al impacto de las calefacciones. Según el promedio, sacado del año 2015, España emitía cerca de 125 gramos de CO2 por cada kwh de calor, predominando el gasoil y el gas natural sobre el carbón. La media Europea roza los 150 gramos de CO2 por kwh de calor, que se basa principalmente en el consumo de gas, seguido de gasoil y carbón. La gráfica muestra también la dependencia del carbón que tienen países como Polonia, la República Checa o Bulgaria.

Mónica Vidal, directora de Políticas Públicas y Gobernanza Climática de la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES), señala a la oportunidad que se abre con los planes de recuperación y transformación presentados por España: "Necesitamos apostar por sistemas de calefacción que no sean fósiles, si realmente queremos garantizar la transición energética de nuestro parqué de viviendas. España, y por supuesto el resto de Europa, tendría que dar señales claras impidiendo la instalación de nuevos sistemas de calefacción que utilicen combustibles fósiles, empezando con los edificios de nueva construcción".


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