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Autoescuelas durante la desescalada Las autoescuelas se reinventan para subsistir tras la pandemia: mamparas en el coche, gel y mascarillas

El sector, que calcula en 250 millones las pérdidas durante el confinamiento, tiene que reinventarse para poder cubrir el distanciamiento social.

Una clase teórica en una autoescuela durante la desescalada. ÁLVARO CELORIO.
Una clase teórica en una autoescuela durante la desescalada. ÁLVARO CELORIO

"Giramos a la derecha", indica el instructor. Intermitente y el coche pone rumbo. Del joven conductor solo se ven los ojos: el resto de la cara está cubierta por el color azul de la mascarilla quirúrgica. A su lado, las gafas del profesor, tapado con una mascarilla KN95. Entre medias, una mampara protectora transparente.
Esta es la "nueva normalidad" de las autoescuelas desde la fase 2 de la desescalada.

Mientras que Madrid, Barcelona y Castilla y León están a punto de debutar en ella, en el resto de España muchas zonas se preparan para abandonarla. Su llegada supone que negocios como el de la formación vial arrancan con todo tipo de protecciones para sus circunstancias especiales, donde la distancia de seguridad dentro del coche es imposible de cumplir. En Basauri (Vizcaya), la Autoescuela Irrintzi ha sido una de las pioneras en el desarrollo de mamparas de seguridad dentro del vehículo. Si bien estas no son obligatorias, ofrecen un plus de seguridad: cubren específicamente desde el techo del coche hasta los hombros del conductor, separando asientos traseros y delanteros, pero a la vez ofreciendo espacio suficiente para que el profesor pueda hacerse con los mandos en caso de necesidad y permitiendo la comunicación con el alumno.

"El día 14 de marzo, cuando tuvimos que cerrar obligatoriamente por el estado de alarma, vimos una necesidad: dentro del vehículo no podíamos mantener la distancia lateral de seguridad", explica la responsable de la autoescuela, Iratxe Andrés. Irrintzi, además de la formación vial, cuenta con un taller que ofrece soluciones adaptadas para coches de personas con discapacidad. Durante el tiempo que las academias permanecieron cerradas, allí se dedicaron a desarrollar lo necesario para volver a la actividad, con estas protecciones "válidas, que responden a total seguridad, libertad del profesor y total visibilidad".

Xabier, a punto de cumplir los 22 años, debería haberse sacado el carnet en marzo. Se examinó la semana antes de decretarse el estado de alarma, que paralizó todo, salvo los meses, y ahora, tres después, ha retomado las clases de conducción con el doble reto de prepararse para conducir y quitar el óxido a lo que ya sabía antes de que la pandemia le obligara a quedarse en casa.

"En la primera clase siempre tienes la cosilla de si se me habrá olvidado algo, pero esto es como andar en bicicleta", dice, apenas levantando los ojos para echar una mirada rápida al periodista por el retrovisor y mientras pone la mano sobre la palanca de cambios y modifica la marcha.

En el habitáculo del coche el olor del desinfectante ha sustituido al ambientador. Después de cada alumno, el profesor ha de higienizar todos los mandos que haya podido tocar: volante, freno de mano, intermitente... Un proceso que dura alrededor de siete minutos y que se ha asumido con total normalidad pospandemia.

El instructor en el asiento del copiloto, Jesús Ángel Martínez, quita importancia al posible engorro que supone la limpieza el vehículo varias veces al día. "Se desinfecta y ya está. Es adaptarse", afirma.

Una clase de conducir durante la desescalada. ÁLVARO CELORIO

Las instrucciones que siguen derivan del protocolo que la Confederación Nacional de Autoescuelas, la patronal del sector, desarrolló en colaboración con los sindicatos para todas las empresas que retornen a la normalidad: ventilación diaria de diez minutos en las aulas, uso generalizado del gel hidroalcohólico, reducciones de aforo, evitar dar instrucciones mirando al conductor...
Al volante, Xabier apenas ha notado cambios en su vuelta. "Es más agobiante ir con la mascarilla, pero la verdad es que el trato y la comunicación siguen siendo fluidos y no me ha perjudicado".

La necesidad de "adaptar" las clases y los vehículos a la "nueva normalidad" puede suponer un lastre adicional para las autoescuelas. Según CNAE, la mayoría de las que forman parte del sector son microempresas con precios muy ajustados, lo que dificulta la innovación.

"Unos 3.000 o 4.000 euros más IVA"

Iratxe Andrés saca cuentas: "Cada kit de protección son 95 euros más IVA. hemos comprado máquinas de ozono para desinfectar a diario los coches, que tienen un precio elevado. Mascarillas, geles, desinfectantes, bobinas de papel… Unos 3.000 o 4.000 euros más IVA", cifra la inversión.

Un gasto de adaptación elevado para empresas que, en el mejor de los casos, llevan dos meses y medio sin ningún tipo de ingreso. Enrique Lorca, presidente de la patronal, afirma que el coronavirus ha tenido un impacto "dramático" en su sector.

Las pérdidas del sector se sitúan en torno a los 250 millones de euros

"Llevamos más de dos meses con cero ingresos, al tener suspendida la actividad. Nuestro sector factura aproximadamente 100 millones de euros al mes, en condiciones normales. Eso es lo que se pierde ahora por cada mes de inactividad", explica. Sumando dos meses y medio, las pérdidas se sitúan alrededor de los 250 millones de euros, sin contar aquellas academias que no han podido volver a la normalidad o que no podrán volver, al no ser viables.

En el trayecto en coche, ni alumno ni profesor dicen haberse sentido inquietos por la vuelta a las aulas. "Por mi parte en ningún momento", responde Jesús sin parar de dar indicaciones. "Y, que yo sepa, por parte de los alumnos tampoco. Muchos me escribían para saber cuándo volvíamos. Además, en el día a día, creo que se guardan menos distancias de seguridad en la calle que en el coche. Creo que aquí estamos muy seguros".

La ausencia de inquietud también la constatan desde el mundo sindical. La Federación de Enseñanza de CCOO, una de las firmantes del protocolo sanitario, asegura no tener constancia de quejas de trabajadores o de que las empresas se hayan saltado los protocolos de actuación.

"No me extrañaría que algunos trabajadores hubieran puesto algún reparo, ya que están llegando quejas desde otros sectores de la enseñanza", responde el secretario de Privada y Servicios Socioeducativos, Pedro Ocaña. "En otros sectores es cierto que el volumen de alumnos es mayor, pero aquí son dos personas adultas, dos por vehículo, aunque entiendo que haya personas que consideren que ahora no se dan las circunstancias de entrar a un vehículo".

"Se guardan menos distancias de seguridad en la calle que en el coche"

La autoescuela Irrintzi está mandando desde Basauri mamparas a toda España: Barcelona, Madrid, Huesca, Granada… Si bien no son necesarias ni obligatorias, muchas empresas están optando por su implantación para aumentar la seguridad de alumnos y trabajadores. Pero solo aquellas que se lo pueden permitir. "Algunas autoescuelas van a estar cerradas tres meses o incluso sin plena actividad casi cuatro... El horizonte para muchos centros es delicado", asevera el presidente de CNAE, que reclama ayudas públicas al sector.

Al tiempo, los casi tres meses de parón han producido un importante cuello de botella en la expedición de permisos de conducción. Según el director general de la Dirección General de Tráfico, Pere Navarro, durante el estado de alarma se han dejado de hacer 286.000 exámenes prácticos y 180.000 teóricos. El año pasado se emitieron cerca de 600.000 carnets.

El coche se para y, antes de que el alumno retome su rutina de conducción sin las preguntas de un periodista detrás, su instructor, da una nota de optimismo: "Lo que ha pasado ahora no tiene tanto que ver con la crisis del 2008 o el 2011, cuando no se veían coches por la carretera, no teníamos alumnos, no había trabajo. Ahora se ha puesto todo en funcionamiento, ves la autopista llena por la mañana, por lo que la gente se mueve. Tenemos bastantes alumnos", afirma Jesús antes de despedirse, con la experiencia de quien lleva 30 años enseñando en las carreteras.

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