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Cambio climático Las mujeres científicas, imprescindibles en la lucha contra el cambio climático

El programa Homeward Bound reúne a un centenar de mujeres investigadoras en la Antártida con la intención de visibilizar sus trabajos medioambientales. Cinco de las representantes españolas debaten sobre el ostracismo al que tienen que enfrentarse durante sus carreras académicas. 

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Expedición de Homeward Bound en 2017.

El 8 de marzo se ha convertido en una fecha impregnada por la creciente revolución feminista. Durante este día se ponen en evidencia las injusticias de un sistema patriarcal que discrimina a las mujeres por el hecho de serlo. Unas reivindicaciones que buscan conseguir, entre otras cosas, el fin de la desigualdad en todos los aspectos de la vida cotidiana. Pero esta jornada también pretende poner encima de la mesa otra realidad: la invisibilización de las mujeres científicas que luchan contra el cambio climático.

En virtud de ello, cinco científicas destacadas se han reunido este jueves en un pequeño acto en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas, y Naturales. Anna Cabré, Marga Gual, Blanca Bernal, Laura García y Cristina Otano son las protagonistas de este encuentro que va a caballo entre la ciencia y el feminismo. El grupo, diverso en cuanto a campos de investigación, pertenece al proyecto Homeward Bound que enviará a un equipo de cien mujeres a la Antártida con la intención de que generen trabajos de campo que permitan frenar el cambio climático.

"Los nombres de las mujeres son fundamentales en la ciencia ambiental"

"Los nombres de las mujeres son fundamentales en la ciencia ambiental", dice María Josep Picó, periodista encargada de moderar el acto. Aunque sus identidades aparecen ocultas entre las listas de nombres masculinos premiados por las altas esferas académicas, las mujeres copan un espacio fundamental en el ecologismo científico.

Rachel Carson –pionera del movimiento verde–, Vandana Shiva o la bióloga catalana Josefina Castelví i Piulachs, son algunos de los referentes citados por las ponentes, con la intención de dar a entender que el cambio climático sólo se puede frenar si toda la población –hombres y mujeres– se une.

¿Por qué este grupo de mujeres irá a la Antártida? Las respuestas se podrían quedar en el aspecto simbólico de romper techos de cristal en un escenario donde los suelos congelados se quiebran a cada paso. "Este es el único continente que no está manchado por la guerra y que está reservado a la ciencia y a la cooperación", opina Marga Gual, bióloga de formación que en la actualidad trabaja para el Centro de Diplomacia Científica de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia de la ONU.

Más allá de lo simbólico, las investigaciones en el continente helado tienen que ver con que los análisis que se efectúan en este lugar permiten conocer de primera mano cuales son los efectos devastadores del calentamiento del planeta. Sin embargo, según el proyecto Homeward Bound, hasta el momento la mayoría de expediciones en la zona estaban lideradas por hombres. Un hecho que contrasta con los datos que muestran que las mujeres representan el 57% de los graduados universitarios.

"Las mujeres se van quedando atrás y no llegan a los espacios donde se toman las decisiones importantes en la ciencia"

No se trata de establecer dicotomías entre hombres y mujeres, sino de poner en valor los trabajos de las mujeres en este ámbito tan importante para salvaguardar el planeta. "A medida que la carrera científica va avanzando, el número de mujeres va disminuyendo. Esto quiere decir que las mujeres se van quedando atrás y no llegan a los espacios de poder y a las mesas donde se toman las decisiones importantes”, denuncia Blanca Bernal.

Esta última afirmación no es vana, en tanto que los datos del último informe del CSIC sobre género demuestran que las mujeres son minoritarias en la mayoría de segmentos científicos. Entre los factores que relegan al ostracismo de la ciencia a gran parte de las académicas aparece la maternidad: "Desaparecer un año de la carrera científica hace que sea difícil volver a retomar las investigaciones", detalla Bernal.

Esta realidad social propicia que las mujeres científicas tarden mucho más tiempo en alcanzar los espacios donde se toman las decisiones. Algo que para las ponentes es demasiado injusto, sobre todo en materias que buscan mitigar los efectos del cambio climático, ya que las mujeres son más vulnerables a sus efectos por su relación estrecha a las labores de cuidados.

Por ello, este grupo de mujeres investigadoras reclama un espacio igualitario que permita que sus perspectivas se sumen a las de los hombres que trabajan en combatir la crisis climática. "Creo que firmemente que las mejores decisiones se toman en grupos diversos y las mujeres somos un punto clave en esa diversidad", explica, Cristina Otano, la única de las seleccionadas por Homeward Bound que no tiene formación científica.

En esa misma línea se sitúa Cabré, licenciada en física y doctora en cosmología, que muestra su preocupación por "cómo afecta el cambio climático a la justicia social". Sin embargo, la crisis medioambiental abre acciones "optimistas" como el programa Homewar Bound y como las recientes movilizaciones ecologistas de los estudiantes europeos, lideradas por Greta Thunberg, la joven de 16 años que denunció la inacción política en la cumbre de Katowice.

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