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Cargas policiales Y tú, ¿dónde estabas? Cartografía sentimental del 1 de octubre

Una veintena de políticos, periodistas, abogados y activistas reconstruyen para 'Público' las horas previas y la jornada del referéndum del 1-O. Retrocedamos en el tiempo dos años y nos trasladamos a Sant Julià de Ramis, la escuela Ramon Llull de Barcelona, l’Hospitalet de Llobregat, Terrassa, la Floresta, Sant Joan de Vilatorrada...

Urna en un colegio el 1-O. / AFP

Roza la medianoche del sábado al domingo. El 1 de octubre está a punto de arrancar. El corresponsal Ralph Minder, del New York Times, había colgado unas horas antes en Twitter una de las primeras fotografías (si no la primera) de una urna real llegada a un colegio de Barcelona.

Por redes sociales corre también un vídeo del joven concejal del PP en Terrassa, Alex Rodríguez, llamando a la calma. Y lo hace sentado en el sofá de su casa junto con su pareja, Gloria Jurado, que es independentista. Y que votará en el referéndum. Sin embargo, ambos dicen estar cansados de las discusiones familiares y los grupos de amigos. Graban un vídeo para compartirlo a nivel interno, pero se viraliza. "Mañana, tranquilidad". Keep calm. "Somos personas y a veces nos queremos", dicen entre risas. Acabarán contando su historia de amor en el programa radiofónico de Julia Otero.

A esa misma hora, María García da vueltas por la cama. Corresponsal del diario Ara en Girona, al día siguiente debe cubrir la votación del presidente Puigdemont el colegio electoral de Sant Julià de Ramis. Da una vuelta y otra. La cabeza le va a mil. "¿Habrá controles policiales? ¿Llegaré a la hora?”, piensa, con la luz apagada. Sant Julià es un punto de votación clave, una estructura de estado. De hecho, una de las grandes dudas periodísticas es saber si el presidente podrá votar. Podré llegar, ¿verdad ?, se vuelve a repetir. "Me estoy 'emparanoiando'". Se levanta de la cama. "Voy para allá". No es ni la una de la madrugada y enfila con el coche hacia Sant Julià. Aparca cerca del pabellón y cierra los ojos. Dormirá una hora, de 3 a 4 de la madrugada.

En la calle Bailén de Barcelona hay nervios. Concretamente, en las oficinas de lo que sería la primera redacción física del malogrado diario Jornada. Aquel sábado de reflexión ultiman un número extra del diario en papel. Pero roza ya la medianoche y aún no han enviado la maqueta a imprenta. Si no lo hacen, se corre el riesgo de ir acumulando un retraso que afecte -ya de madrugada- a las furgonetas de distribución. Y que el diario no esté en los quioscos. Sin embargo, las últimas páginas se cierran de bólido y la directora, Laia Altarriba, pulsa el botón de enviar. En la portada, una única frase: en las urnas.

06.00 horas, Puerto de Barcelona

Pocas horas más tarde, estibadores del puerto de Barcelona agrupados en la cuenta de Twitter @PortuariosBCN (que se ha hecho un célebre tanto en la red como entre el independentismo más cercano a los CDR y la CUP), alertan del desembarco masivo de tropas policiales en puertos. Instantes después, de la salida de decenas de furgonetas policiales desde el puerto hacia la ronda Litoral. Desde allí tomarán caminos distintos, en dirección a los diferentes colegios electorales entre los que se han distribuido, pero siempre para repartir el mismo mensaje.

08.30 horas, Sant Julià de Ramis

En el colegio electoral de Sant Julià de Ramis se levantan a las 5 horas. Como en la mayoría de los que hay en Catalunya. A partir de las 6 empiezan a sacar los termos con el chocolate caliente. Y café. Y un poco de tarta. Mientras tanto, un tractor plantado en la entrada del edificio para el paso a vehículos, en previsión de un posible desembarco policial. Son las 8.30 horas y los organizadores permiten la entrada de los periodistas dentro del pabellón. Los fotógrafos y las cámaras de televisión rodean la mesa en la que debe votar Carles Puigdemont y cogen su lugar para no perderse la foto del día, mientras los redactores rodean aquí y allá.

Unos sesenta periodistas, incluida la agencia internacional Reuters, esperan. En el exterior, los manifestantes conformando una muralla humana. El abogado Francesc Gubert llama a su mujer, Mónica Marqués: "Ven, que ahora en breve vendrá el presidente a votar", le dice inocentemente. Marqués, que se encuentra en el pueblo de al lado, se pone en marcha de la mano de sus dos hijos pequeños, mochila a la espalda y deseosos de una taza de chocolate.

Empiezan las cargas policiales contra el público

Cinco minutos antes de la hora de apertura llega el coche oficial en el que supuestamente viaja el presidente de la Generalitat. No baja ningún presidente, ya que ha sido un arreglo. El verdadero paquete se ha cambiado de coche, aprovechando un túnel por el que transcurren y que bloqueará visualmente el helicóptero que le persigue desde que ha salido de su casa. "E instantes después de que llegue el vehículo, desembarca un ejército", explica la periodista María García. Empiezan las cargas policiales contra un público eminentemente familiar. Asimismo, Mónica Marqués coge sus dos hijos pequeños y se protege en el puente. Un anciano que mira la escena, contrario al referéndum, se pone a discutir con Marqués. "¿Que estáis haciendo? Esto no es un referéndum ni es nada".

Al mismo tiempo, policías nacionales revientan las puertas de vidrio del pabellón, en una de las imágenes icónicas del 1-O. "Iban reventando la puerta que estaba cerrada con un candado, aunque al lado había una abierta. No se dieron cuenta hasta que ya la habían destrozado", explica la periodista Garcia, que está presenciando los hechos a pocos metros.

Dentro interviene Pere Pujolràs, concejal de Cultura de la localidad. "Pensaba que yo era alguien como para pedirle quién era el jefe del dispositivo", recuerda. Y les suelta:

- "¿Qué explicaréis, cuando volváis a casa?"

"Pero no me hicieron caso". En los tira y afloja, Pujolràs acaba en el suelo. Mientras tanto, el helicóptero de la Policía sobrevuela el pabellón a una altura muy baja. Intimidatoria, recuerdan los presentes. El abuelo que se discutía con Marqués no se puede porvenir de lo que está viendo. Empujones, golpes de porra. "Niña, súbete para casa que te van a hacer daño", le dice ahora a Marqués. Y ella piensa: "Ostras, mira cómo cambia un pepero". Marqués marcha en el pueblo vecino de Porqueres, donde deja a las criaturas en casa de su prima. Y vuelve hacia el pabellón.

Actuación de la Guardia Civil en la localidad de Sant Julià de Ramis, en Girona, durante el 1-O. AFP/Raymond Roig

Allí la escena es contundente. Los agentes entran en el vestíbulo del pabellón pero no encuentran ni urnas ni ordenadores. Las han escondido antes. Después de registrar los vestuarios de la planta baja, suben al primer piso. Allí encuentran las urnas y los cuatro ordenadores, propiedad de particulares. "Días después, desde el Ayuntamiento los instamos a que retornaran los portátiles", denuncia Pujolràs.

También les envían una factura por valor de unos 13.000 euros, correspondiente a los cristales, puertas y cerraduras dañados. Nunca recibirán ninguna respuesta. La mañana se cierra con la Guardia Civil retrocediendo hasta la N-II. Los bomberos hacen un cordón de interposición para calmar los ánimos. "Evitaron una escabechina", concluye la periodista del Ara.

09.15 horas, Barcelona (escuela Ramon Llull)

Roger Español se levanta temprano. Arranca el día sin saber que lo cerrará como uno de los protagonistas de la jornada. Su compañera marcha a primera hora hacia Rubí, donde está empadronada y debe votar. Español, en cambio, da una vuelta por los colegios electorales de su barrio, el Fort Pienc. Pasa por los Encants, la escuela de su hijo, y se marcha a desayunar.

Quien tampoco ha dormido mucho (o directamente ha pasado la noche en vela) es Jaume Asens, en aquellos momentos teniente de alcaldía de Derechos de Ciudadanía del Ayuntamiento de Barcelona. Se pasa la noche visitando varios centros de votación, donde aún no han llegado ni urnas ni papeletas. Ya a primera hora de la mañana lo telefonean para reclamar su presencia en la Escuela Ramon Llull, donde ya se están produciendo los primeros incidentes: "Tienes que intentar mediar con la policía".

Español también está subiendo desde el fortpi hacia la escuela Ramon Llull. Inmediatamente percibe que todo es confuso. Llega cuando la Policía ya ha roto la muralla humana y ha saltado la valla del patio. Se han llevado las urnas. Pero los disturbios continúan fuera. "Vimos que los furgonas estaban orientadas calle abajo y que luego irían al colegio electoral de Fort Pienc, así que nos sentamos en el suelo", explica.

A pesar de que un bombero intenta hacer de intermediario, la Policía empieza a cargar. "Nos dispersaron, todo el mundo pasaba por encima de todos, un hombre calvo sangraba mucho de la cabeza ...", recuerda Español. Sin embargo, grupos de manifestantes recorren la retirada de los furgones hacia la Gran Vía. Español se sitúa cerca de un grupo de periodistas. ¡Pam!

- "Y recuerdo el dolor".

Ciudadanos espontáneos lo recogen del suelo y se lo llevan a la marquesina de un portal. "Fíjate que mientras me cuidaban, la gente también se debía proteger de más balas de goma, porque la policía seguía disparando".

A no más de ocho o nueve metros está protegido detrás de una columna David Pujol, un joven mallorquín desplazado a Barcelona "para defender a los colegios". Camina junto con otros dos isleños: Guillem Colom, actualmente residente en Inglaterra, y Toni Trobat, especializado en relaciones internacionales. Los tres hacen de acompañamiento de una delegación internacional. Pujol ve que el grupo de periodistas se agacha a ayudar a una persona en el suelo - será Español- y él mismo se mueve hacia otra posición de la calle Sardenya. ¡Pam! Pujol cae al suelo por la fuerza del proyectil contra su pierna.

- "¿Estás bien, compañero?"

Albert Botran, exdiputado de la CUP, le extiende la mano para ayudarle a levantarse. La pierna se le hincha y sus amigos le quitan los pantalones. Uno de ellos, Nando, le presta sus vaqueros, más anchos, porque los de Pujol no le caben debido a la inflamación del pelotazo. Lo auxilian los bomberos, ya que las ambulancias están colapsadas.

En la próxima sede nacional de Òmnium Cultural, en la calle Diputació, encienden el canal CNN y quedan escandalizados por las escenas de violencia que se retransmiten en directo desde la escuela Ramon Llull. Un grupo de trabajadores y simpatizantes de Òmnium sale a la carrera.

Asimismo, una ambulancia está atendiendo a Español. El caos es tal que, a la vez que le hacen unas primeras curas, los médicos deben seguir atendiendo otras personas. Pero la gravedad de la herida en el ojo no puede esperar y el vehículo marcha. Antes de que llegue al Hospital de Sant Pau, Roger Español habrá perdido el conocimiento. Y no despertará hasta el día siguiente, cuando ya ha sido operado. "Me da rabia haberme perdido el cierre de las urnas, a las ocho de la tarde, para llamar de alegría que habíamos ganado", concluye Español .

Jaume Asens es uno de los muchos ciudadanos que han presenciado las cargas. "El impacto de una bala de goma en Roger Español fue uno de los capítulos más dolorosos del día", explica el diputado de En Comú Podem. "El uso de balas de goma, prohibidas en Catalunya y sin advertencias previas ni la distancia reglamentaria que establecen los protocolos, hicieron que el clima aún fuera de mayor ansiedad. El caso de Roger explícita claramente la inmoralidad de la intervención policial ", alerta el diputado de los comuns.

Roger Español perdió la visión de un ojo por el impacto de una pelota de goma durante el 1-O. / IRÍDIA

10.45 horas, toda Barcelona

El abogado Jordi Pina celebra hoy el referéndum y su cumpleaños. "También es el de Jordi Sànchez, pero él es un año mayor", dice, socarrón, Pina, quien justamente ahora es el abogado de este preso. Pina se ha desplazado a un centro cívico del Putxet, en la calle Portolà, donde están sufriendo dificultades técnicas por la mala conexión de los ordenadores. Pina sale a la calle y pega un grito:

- "¡Poned los teléfonos móviles en modo avión, que la línea está colapsada!"

Llueve ligeramente en Barcelona. La gente se autoorganiza: "Cuando vengan, ¿qué hacemos?", se pregunta la gente. La violencia producida 'cuando ellos vienen' hará que Pina, vicedecano del Colegio de la Abogacía de Barcelona, promueva internamente una respuesta pública de la entidad. Mientras tanto, el hoy diputado en el Parlament de ERC Ruben Wagenberg está volviendo de Cantallops. Ha subido de madrugada hasta la localidad ampurdanesa, donde estaba censado, y en aquellos momentos está volviendo hacia Barcelona. Ya de bajada escucha por la radio al conseller Jordi Turull, anunciando que se ha habilitado el censo universal. "Ostras, podría haber votado en Barcelona y no hacerme 300 kilómetros en una mañana", piensa, sin darle más vueltas. Sus próximas paradas: la escuela Univers (en Gràcia) y la escuela Industrial (en el Eixample).

11.15 horas, L'Hospitalet de Llobregat

- "Alcaldesa, nos dicen que acaban de entrar 20 'furgonas' [de la Policía] en la ciudad".

Núria Marín se encuentra reunida en el Ayuntamiento de L'Hospitalet, en un despacho que hace de Sala de Operaciones para hacer el seguimiento de la jornada. Pasan algunos minutos de las 11 horas y aún no ha habido incidentes en ninguno de los 18 colegios habilitados. La Guardia Urbana de la ciudad está cortando el tráfico, por las aglomeraciones de votantes en algunas calles. Pero la llegada de Policía Nacional lo trastorna todo. Marín llama al delegado de Gobierno, Enric Millo, con quién está hablando cuando -de repente- un estrecho colaborador le informa de cargas policiales en el IES Can Vilumara. "Así que colgué de inmediato y bajamos corriendo al coche, para ir hasta las puertas del instituto", rememora la alcaldesa. Tras pedir quién es el jefe del operativo policial, Marín espeta al mando policial que las cargas son injustificadas y le insta a marchar de su ciudad.


- "Iros de aquí".

- "Yo sólo cumplo órdenes"-, le contesta.

Después de un breve tira y afloja, sin embargo, el superior da unos pasos atrás. Y para sorpresa del equipo municipal, se dan la vuelta y se van. "Tiempo después supimos que un equipo de La Sexta estaba emitiendo en directo la escena, de forma que alguien ordenó detener el dispositivo en L'Hospitalet", recuerda Marín. Una alcaldesa del PSC contraria al referéndum y que se ha negado a ceder espacios municipales, riñendo en directo a la Policía. "No podía permitir que se apalizara a los vecinos", dice la socialista. "Fue un día muy duro, muy duro", insiste.

De hecho, el papel de Marín entorno al referéndum no es baladí, ya que mantendrá una fluida relación con Carles Puigdemont. El entonces presidente le ha pedido días antes que permita la instalación de urnas en edificios públicos de L'Hospitalet. De hecho, el triunfo del referéndum se medirá en gran parte debido a que se pueda desarrollar sin problemas en las grandes ciudades metropolitanas gobernadas por el PSC. Semanas más tarde, será Núria Marín quien pedirá al presidente que no apruebe la DUI, la declaración unilateral de independencia.

La alcaldesa de L'Hospitalet de Llobregat, Nuria Marin, se enfrenta a un policía fuera de la Escuela Can Vilumara. EFE/Quique García

13 horas, Terrassa

Es mediodía y las escenas de violencia corren ya como la pólvora por redes sociales y medios de comunicación. En Terrassa no se ha presentado ningún pelotón policial, aunque la entrada de policía en la vecina Sabadell (para evitar que votara Carmen Forcadell, entonces presidenta del Parlament) ha imbuido a todo el mundo en un estado de psicosis. ¡Están viniendo, están llegando! La rumorología se expande de colegio en colegio. Es en este contexto que Josep Rull entra en la escuela la Roda, su centro de votación. Y se disparan las alarmas. ¡Están llegando! Isaac Albert, concejal de ERC, alerta al conseller de Territori.


-Josep, marcha rápido, que están yendo allí donde votan los consellers.

Josep se va. Pero el día, a pesar de los nervios, se desarrolla bastante tranquilo. Las urnas han llegado a Terrassa una semana antes del 1 de octubre y permanecen escondidas dentro de la ciudad. Sólo dos personas del entorno de ERC saben dónde están. "Pero dentro del partido no se sabía, la discreción era total", explica Isaac Albert, ahora teniente de alcalde de Terrassa. De hecho, la persona externa que transporta clandestinamente las urnas en Terrassa no sabe quién es el egarense al que se las entrega. Nadie pide nada. La noche anterior se han distribuido clandestinamente con ayuda de miembros de la CUP, mientras que la logística previa ha sido co-liderada con el PDeCAT.

Los cupaires habilitan un piso en el centro de la ciudad como cuartel general del fin de semana. Han comprado dos tarjetas de telefonía móvil para evitar escuchas telefónicas, aunque en el último momento no funcionan. El sistema de mensajería encriptado Signal está colapsado y las llamadas entrecorta. Al final se llaman desde números particulares. La CUP coordina cerca de 140 interventores en la ciudad, además de contactar con múltiples AMPA que reclaman orientaciones sobre qué hacer en caso de que venga la policía.

También en el PP están muy pendientes de la jornada. Su único concejal en Terrassa, Alex Rodríguez, entra temprano al despacho en aquella mañana de domingo. Intenta trabajar, al tiempo que va siguiendo todo lo que pasa por redes sociales. Está sucediendo todo lo contrario de lo que deseaba el vídeo. Que independientemente de la opción política de cada uno, todo fuera con calma y tranquilidad. ¿Keep calm?

19 horas, Poble Sec (Barcelona) 

"Yo me puse a advertir a mis amigos para que vinieran al colegio electoral", explica Fonsi Loaiza, tuitero imputado por calumnias e injurias a la Policía. Desde el barrio del Poble Sec donde residía entonces, este joven andaluz consigue que sus amistades, aun siendo contrarias al referéndum, vayan a su escuela para ayudar en el recuento. Incluso su hermano, de visita en Barcelona, asiste a la apertura de urnas. Fonsi Loaiza, lúcido tertuliano de programas como FAQS, en TV3, lo recuerda actualmente desde fuera de Catalunya, ya que ha sacado plaza en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

También es la hora en que las redacciones hierven. Como por ejemplo la del diario Ara, donde dos periodistas, Laia Vicens Xavi Tudó, han sido "liberados" de toda tarea para centrarse en una sola: "El referéndum que se gestó en Elna". Se trata de un reportaje sobre las interioridades vividas en el proceso de distribución de las urnas. Y que será el embrión del best seller Operació Urnes. "Ahora, quien tenía urnas ya lo ha dicho. Pero en ese momento era súper secreto. Estábamos concentradísimos con el tema, aunque yo también quería levantar la cabeza y mirar que decía La Moncloa por televisión", rememora Vicens.

20 horas, Terrassa

Coches de miembros de ERC y PDecAT hacen vueltas de colegio en colegio. Miembros de la CUP también están de ronda. Belen Garcia conduce en aquellos momentos el coche de seguridad, cuando en la radio suena la voz del futbolista Gerard Piqué anunciando que se suspende el partido del Barça - Las Palmas (que finalmente sí se jugaría, aunque a puerta cerrada). Llegan al colegio Monserrat Roig y la hilera de votantes les impide continuar en marcha. García se emociona y le caen lágrimas por los ojos. Llora. Detiene el coche, en parte porque no puede seguir conduciendo con los ojos tan empañados. Se abraza al copiloto.

Faltan escasos minutos para las 20 horas y que se cierren las urnas. La policía no ha puesto el pie en Terrassa, en una maniobra que las malas lenguas atribuirán después el hecho de que el Delegado de Gobierno, Enric Millo, es nacido en la ciudad y todavía tiene a familiares que viven en ella. Tanto es así que los miembros de su familia política son militantes de ERC que han defendido -hoy mismo- las escuelas.

Los 45 responsables de centro llevan las actas de voto en la sede de la colla castellera Minyons de Terrassa, desde donde se centralizan los resultados. El sociólogo Salvador Cardús comienza a cantar "¡hemos votado, hemos ganado!".

21 horas, Plaza Catalunya (Barcelona)

Marcel Mauri y Jordi Cuixart están en el acto de celebración de resultados en plaza Catalunya. Un acto sobrio y austero. Desde el gobierno de la Generalitat los han llamado para pedir su opinión. ¿Qué hacemos? Òmnium contesta que el día ha sobrepasado a los políticos y que ahora es la hora de la ciudadanía. Además, ya están en marcha conversaciones con la Mesa para la Democracia. El embrión de la parada de país, que se hará realidad el día 3, se pone en aquel momento sobre la mesa.

Cargas policiales durante el 1-O. /EFE

22 horas, La Floresta (Sant Cugat del Vallès)

Terminado el recuento, todo el mundo estalla en alegría. El responsable del colegio electoral ya ha trasladado las actas de votos en Sant Cugat y sólo queda hacer fiesta en el Casino de la Floresta, hoy improvisado colegio. Jordi Panyella, de la editorial Pol·len y vecino de La Floresta, suspira aliviado. No sólo no ha pasado la Guardia Civil, sino que la pareja de Mossos que tenían asignada ha sido del todo cordial. A primera hora, un vehículo de Mossos los ha transportado hasta allí y les ha dado una bolsa con una botella de agua, un bocadillo y unos 'filipinos'. Y tranquilidad hasta la noche.

Ramon Piqué, afectado por las torturas de 1992 en el marco de una operación contra el independentismo previa a las olimpiadas de Barcelona, pronuncia unas palabras breves y emocionados. Otro vecino saca la guitarra. Cantan Lluís Llach. Pero inmediatamente se arrancan con el "volando voy, volando vengo". La nueva canción y el flamenco bailan por el referéndum.

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