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Cien años de Marcos Ana Los 10 momentos que marcaron la vida de Marcos Ana

Marcos Ana pasó a la historia por ser uno de los presos que más tiempo estuvo encarcelado debido a sus ideas políticas durante la dictadura franquista. Cien años después de su nacimiento y con sus memorias como guía, un repaso a los momentos más cruciales de su vida acercan una realidad que nunca debería ser olvidada.

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Marcos Ana.

Un 20 de enero de 1920 nacía en Alconada, una pequeña aldea de Salamanca, Fernando Macarro Castillo, la persona que unos años después llegaría a internacionalizar la lucha de los presos políticos de la dictadura franquista bajo el nombre de Marcos Ana. El primer centenario de su nacimiento ocurre tres años después de su muerte, cuando este comunista que estuvo encarcelado a lo largo de casi 23 años por sus ideas políticas fue recordado en multitud de rincones de España, donde tronaron sus poemas que cantaban a la libertad y que empezó a escribir durante su presidio. 

Marcos Ana entró en prisión con 19 años y salió de ella con 41, a finales de 1961. Fue uno de los primeros presos políticos españoles defendidos por Amnistía Internacional. Tras su excarcelación, el poeta y militante comunista recorrió Europa y gran parte de América acercando a otros territorios la cruenta realidad que se vivía en España bajo el yugo de Franco. Gran precursor de la solidaridad internacional para con las familias de los encarcelados antifascistas, fundó y dirigió en París el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE), presidido por Picasso. Dos libros imperecederos honran su vida y obra: Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida (2007) y Poemas de la prisión y la vida (2011).

1- Primer contacto con la Segunda República

Lo que caracterizó a Marcos Ana a lo largo de toda su vida fue la lucha incasable por la emancipación de la clase obrera, un deseo que mucha gente percibió cercano al proclamarse la Segunda República Española y que el poeta, afincado en Alcalá de Henares por aquél entonces, recuerda así en sus memorias: 

"Conservo un recuerdo festivo de la proclamación de la República en abril de 1931. Mi hermana Margarita me fue a recoger a casa, me regaló un gorro frigio, me lo puse sin saber bien lo que representaba y nos fuimos al centro de la ciudad, a la Plaza de Cervantes y a la calle Mayor donde había música y muchísima gente festejando la victoria. En unas mesas mi hermana me compró una bandera tricolor y una tarjeta con los rostros fosforescentes de Galán y García Hernández y me contó que eran dos héroes republicanos. Me explicó que primero debía mirar fijamente la tarjeta y después elevar mi vista al cielo. Cosa de magia y para mí casi religiosa, allí, en la atmósfera celeste, aparecían los rostros de los héroes, hasta que se iban desvaneciendo poco a poco. Cuando mi hermana me devolvió a casa, mis padres, asustados, me quitaron y ocultaron la bandera y el gorro frigio. No mucho más recuerdo de aquella alegría popular. Tenía 11 años y no podía imaginarme cuánto me iba a tocar luchar y sufrir en un futuro no muy lejano por aquella República que el pueblo recibió con tanto júbilo". 

2- Fernando Macarro en la Guerra Civil

"La contienda me sorprendió en Alcalá de Henares, donde los militares también se sublevaron. La resistencia del pueblo, ayudada por una columna de milicianos que llegó de Madrid, nos permitió recuperar la ciudad en veinticuatro horas". Así es como describe el joven comunista el inicio de una guerra que duraría tres años durante los cuales llegaría a ir al frente, pese a que tuvo que retirarse de las trincheras debido a su minoría de edad. En este tiempo, Fernando Macarro se dedicó a trabajar para las Juventudes Socialistas Unificadas, de las que sobresalía por ser uno de sus dirigentes.

3- Detención y condena a pena de muerte

A pesar de los diferentes intentos tanto de sus familiares como del Partico Comunista de España (PCE) de hacer desaparecer por un tiempo a Marcos Ana después del fin de la contienda, la policía le acaba apresando en Madrid en 1939. Ello le llevó a ser objeto de insufribles torturas, tal y como las describe en sus memorias: "En este lugar yo fui también bárbaramente torturado con los procedimientos más vejatorios y despiadados. Uno consistía en meterte un gran embudo en la boca y echar agua hasta que te sentías morir con una sensación de ahogo. Otro, colocarte una máscara de gas, con los conductos de oxigenación cerrados, hasta que era imposible soportar la angustia de la asfixia y caías al suelo sin conocimiento".

"Se mataba, fría, sistemáticamente. No era el acaloramiento de las pasiones desatadas"

Ingresó a primeros de mayo de 1939 en la prisión de Porlier. Fue el principio de su larga reclusión: "Miles de hombres y mujeres eran conducidos como rebaños a las cárceles, a los centros de tortura o sacrificados masivamente en improvisados mataderos. Se mataba, fría, sistemáticamente. No era el acaloramiento de las pasiones desatadas. Era un genocidio frío y calculado", explicita en el texto que publicó en 2007. 

Fue condenado a muerte en 1941, tras un juicio sumarísimo en el que el régimen franquista le atribuyó el asesinato de tres personas: un sacerdote, un cartero militante de Acción Popular y un campesino católico. Asó lo relata él: "En mi caso personal quedé impresionado y perplejo por las acusaciones del fiscal. Me hacían responsable de hechos sucedidos en Alcalá de Henares por los que ya habían sido juzgados muchos compañeros y algunos de ellos fusilados. Era la práctica habitual en aquella época confusa, especialmente en los pueblos: imputar a los dirigentes más conocidos la responsabilidad de todo lo ocurrido en el lugar".

4- La vida dentro de la prisión

Por aquél entonces, las cárceles estaban repletas de antifascistas, muchos de ellos viejos conocidos entre sí, otras veces extraños, pero que siempre se encontraban unidos por la misma circunstancia: "Uno de los recuerdos más emotivos de esa época tan dura fue la solidaridad entre los presos que nos llevó a agruparnos por comunas, un movimiento que se fue perfeccionando con el tiempo, para compartir el hambre o el pan entre nosotros", rememora el propio Marcos Ana.

5- Pena de muerte por 60 años de prisión

Un 6 de abril de 1944, en el penal de Ocaña, le llegaría el indulto: "Casi todos los días, al atardecer, leían los telegramas llegados de Madrid con los indultos y conmutaciones",  recuerda el poeta en sus memorias. Un hecho indescriptible fue el que le sucedió antes de conocer la conmutación de su pena. Su compañero de expediente había conseguido librarse de la muerte la noche anterior, lo que hizo que Marcos Ana pensara que a él no le habían perdonado la vida, y es que la comunicación en la que se recogía que no debía enfrentarse al pelotón de fusilamiento fue leído mucho después de lo debido: "El telegrama había sido secuestrado, un crimen inexpiable, para hacerme vivir y sufrir la última noche de un condenado a morir".

6- Los inicios poéticos

"Fue en una celda de castigo donde inicié una creación adolescente y temblorosa. Los amigos me pasaron lecturas, introduciendo en mi petate unas hojas sueltas con poemas de Alberti, Neruda, Machado… Los leía y releía mil veces. Me los aprendí de memoria y me los recitaba en voz alta, llenando de ritmo y de imágenes la soledad y el silencio de mi celda. Y, en aquel clima, comencé a escribir, o a construir memorizando, sin apenas conocer la carpintería del poema, dejándome llevar por una cadencia musical que subía de mí mismo". Con estas palabras el propio Marcos Ana relata su génesis en la creación literaria, un acontecimiento que le engrandecería tanto dentro de la prisión como de barrotes para fuera y que terminaría condensándose en la antología publicada décadas después Poemas de la prisión y de la vida.

7- Liberación y giras mundiales

El tiempo pasaba y ya en la década de los 60, gracias a la gran presión internacional sobre la situación de los presos antifranquistas, pequeñas victorias como el dormir en literas y no acurrucados unos a otros en el suelo se hacían hueco en una España aún por despertar. Dentro de estos nuevos acontecimientos, a Marcos Ana le llega la noticia de que Fidel Castro había propuesto al Gobierno español un canje por su libertad. Fue ahí, en la prisión de Burgos, donde el militante comunista internacionalizado, aunque él no lo supiera, consiguió la libertad en noviembre de 1961 tras casi 23 años de presidio. 

Tras la capital francesa le seguirían innumerables lugares en los que fue aclamado por miles de personas

París fue la primera ciudad fuera de España que visitó tras conseguir escapar clandestinamente de la dictadura franquista. Tras la capital francesa le seguirían innumerables lugares en los que Marcos Ana fue aclamado por miles de personas. Después de un homenaje de bienvenida en la UNESCO en el que asistieron algunos firmantes del Llamamiento a favor de la Amnistía en Españade la talla de Louis Aragón, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir o Althuser, llegarían viajes por toda Europa un año después de su liberación, desde Inglaterra hasta Rusia, pasando por Suiza, Italia, Holanda, Bélgica o Rumanía. 

Para ir a América y entrar en contacto con notables camaradas que le esperaban, como fue el caso de Nicolás Guillén, Rafael Alberti, Pablo Neruda, María Teresa de León o el Che, el poeta tendría que esperar hasta el otoño de 1963, ocasión en la que visitaría enclaves como Cuba y otros de América Latina: Brasil, Uruguay, Chile y Argentina, a los que llevar el testimonio de las calamidades que el régimen fascista de Franco aún seguía infringiendo a aquellos que un día lucharon por la libertad en España.

8- Vida Sender y su hijo

"Vida, de ahí su hermoso nombre, era hija de unos viejos anarquistas aragoneses, gente muy entrañable y con ellos y con su hermana más pequeña, siendo una niña, cruzó la frontera francesa al terminar la guerra de España. Era una mujer muy atractiva y una gran persona, a mí me sedujo desde el primer momento. Y sin saber cómo, quizás porque yo salía dispuesto a 'conquistar la vida' y como Vida era su nombre, nos enamoramos y terminamos viviendo juntos. Disfrutamos años inolvidables de intenso amor y felicidad". Así describe el incipiente poeta la forma en la que encontró el amor, en Francia.

A pesar de los años que llevaba en libertad no estaba preparado para asumir la estabilidad de una pareja

El enamoramiento fue tan fructífero que tuvieron un hijo, Marquitos, y como Vida Sender estaba divorciada y tenía dos hijos, Marcos Ana se vio en una situación que jamás hubiera imaginado: "A los dos años de salir de libertad, me encontré de pronto, casi sin enterarme, al frente de una familia numerosa. Claro que quien cargaba con el peso de esa responsabilidad —acepta Marcos Ana— era Vida, pues yo me pasaba el tiempo cruzando el cielo sin cesar, de un país a otro". 

A pesar de todo, la abultada mochila del pasado que le habían impuesto hacía más de 20 años y de la que no se podía deshacer Marcos Ana acabó por quebrar la relación. Así es como lo cuenta él mismo en sus memorias: "Hubo un tiempo en el que Vida y yo nos separamos. Había amor entre nosotros, pero la convivencia se fue haciendo difícil por problemas de carácter y por las circunstancias tan especiales de mi vida. A pesar de los años que llevaba en libertad no estaba preparado para asumir la estabilidad de una pareja. Afortunadamente fue una separación civilizada, salvamos del naufragio el respeto y el cariño que había entre nosotros y una amistad que sigue viva y se hace más serena y más profunda cada día".

9- Trabajo por la solidaridad internacional

Asimismo, la vida de Marcos Ana fuera de prisión fue un continuo ir y venir de distintos países en los que acercaba, con su testimonio en primera persona, la realidad sufrida en España. Gracias al Socorro Popular Francés, el militante comunista pudo coordinar la defensa de los procesados por el Tribunal de Orden Público del régimen franquista. Poco a poco, los diferentes comités de solidaridad internacional concienciados con la causa española adquirieron fuerza, consolidándose la creación del Centro de Información y Solidaridad con España (CISE), que presidió Marcos Ana y dirigió Pablo Picasso. Desde este nuevo organismo se promulgarían diferentes comunicados que firmaban personalidades de la cultura a nivel internacional o se coordinaban los actos de protesta alrededor del mundo para reclamar el fin del autoritarismo en España, como ocurrió con el caso de Julián Grimau, Salvador Puig Antich, el de los acusados del proceso 1001 – el juicio contra los dirigentes de las entonces clandestinas Comisiones Obreras– o el proceso de Burgos contra los jóvenes vascos.

10- "El principio del fin"

Este es el título, nada inocente, con el que Marcos Ana termina sus memorias. La muerte de Franco no apaciguó lo más mínimo la fuerza que el escritor aún tenía de seguir luchando. Su autobiografía señala que la represión no terminó en septiembre de 1975 con los últimos ejecutados de ETA y el FRAP, sino que fue más allá, esta vez persiguiendo a todos aquellos que comenzaban a salir a la calle por hacer que la luz entrara dentro de un túnel que duraba ya casi 40 años: "Fue una represión contra la clase obrera y los estudiantes, contra las huelgas y manifestaciones que agitaban el país. La Guardia Civil, la Policía Armada y grupos de pistoleros provocaron en esas fechas más de cuarenta muertos y centenares de heridos", escribe el propio Marcos Ana al final de sus memorias. 

Más tarde, en julio de 1976, llegaría el momento de convocar la primera reunión pública del PCE, que tuvo lugar en Roma debido a la imposibilidad de hacerlo legalmente en Madrid, ya que aún no se había legalizado el partido. El sábado santo rojo, o el 9 de abril de 1977 según el calendario, se legalizaba al Partido Comunista de España. Este hecho, que Marcos Ana recordaba a los 87 años de edad, momento en que rubrica sus memorias, cierra un libro plagado de enseñanzas y solidaridad: "Quedaba mucho trabajo por hacer, porque la libertad es algo más que una hermosa palabra".