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Cohousing La alternativa a las residencias de ancianos que gustará a nuestros abuelos

A través de cooperativas, la tercera edad se organiza para construir casas con servicios sanitarios y actividades con la intención de envejecer en común y evitar ser una carga para los seres queridos. 

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Una residencia de ancianos. EFE/Archivo.

Todo el mundo se pregunta cómo pasará sus últimos días; si serán felices, aburridos o solitarios. Hay quienes, tras cuestionárselo, actuaron para evitar pretéritos oscuros. Llegar a la tercera edad en una gran ciudad puede ser complicado, mientras que en un pueblo las necesidades básicas se vuelven tediosas una vez que el cuerpo empieza a fallar y se depende de terceras personas.

El norte de Europa generó alternativas ya en los años ochenta que poco a poco han ido bajando hasta España. El anglicismo de moda para este movimiento es el de cohousing y se basa en la compra de terrenos en los que construir casas y zonas comunes, así como servicios médicos y cocina para que la gente se mueva a este tipo de comunidades pequeñas, autogestionadas, donde poder ser atendidos y envejecer en común. 

El modelo cooperativista, cada vez más común en negocios nacionales, puede ayudar a vivir una apacible tercera edad, alejada del silencio y el olvido. Paco Romero, de Lógica Eco, ayuda a organizar este tipo de iniciativas desde un punto de vista ecologista y cree que lo que lleva a la gente a lanzarse a estos proyectos es el temor a la soledad: "Estas personas tienen miedo a la enfermedad y a la dependencia, no quieren ser una carga para sus hijos", declara. 

No es fácil entrar en el sexenio y empezar a organizar un proyecto de este calibre. "Es complicado para los mayores verse de golpe convertidos en promotores. La cooperativa es la dueña de las instalaciones y los cede en usufructo indefinido. Cuando el inquilino fallece, el dinero que puso para la construcción lo recuperan sus herederos, pero no la casa, que se la queda la cooperativa. El que quiera entrar a vivir tendrá que aportar de nuevo esa cantidad de dinero", explica Romero. 

Trabensol, ejemplo de cooperativismo

Trabensol es una suerte de pequeña aldea para gente adulta. Jaime Moreno, socio fundador de esta cooperativa, vio un cambio en la sociedad y quiso actuar en consecuencia: "La estructura de las familias ha cambiado, los hijos no están en disposición de atender a los mayores, entonces hay que buscar nuevas respuestas", define.

Así, 54 socios, con una inversión de 145.000 por cabeza, participa en esta iniciativa que desde 2013 ha construido 54 casas en Torremocha de Jarama, donde ahora residen unas 80 personas. "El socio –cada socio puede ser de hasta dos personas– aporta una cuota de mantenimiento de unos 1.300 euros, donde se incluyen las comidas, lavandería y gastos de ese tipo", narra Moreno, que es uno de los inquilinos de este pequeño oasis de solidaridad. 

A las ocho arranca el día con marcha nórdica, y hay muchas actividades para rellenar la jornada: baños terapéuticos, gimnasio..., incluso hay comisiones de los propios socios encargadas de solventar problemas que surjan a raíz de la convivencia. "Hemos creado la Comisión de dependencia, que traer a profesionales para ayudar y atender a los socios que van necesitando cuidados más específicos", cuenta Moreno. 

Desde Jubilares, organización que pretende englobar todas las cooperativas cohousing hacen hincapié en el problema que supone envejecer en un entorno complicado: "La definición de envejecimiento es 'la progresiva inadecuación al entorno', así que si cambiamos el entorno, el proceso de envejecer será más llevadero", aseguran. 

Moreno identifica varias cuestiones que hacen clave el traslado de personas ancianas a este tipo de recintos: "El 'abuelo maleta' tiene que desaparecer. Tampoco es que esto sea un paraíso, porque la convivencia siempre es compleja, pero aun así es un estilo positivo. Hay personas con dificultad para moverse que vive en pisos sin ascensor y no salen a la calle en meses, eso no puede ser", comenta.

Desde la cooperativa tienen claro que no son una residencia de ancianos al uso. La autonomía sigue siendo determinante: "Por la noche vuelves a la hora que quieras, y por supuesto que podemos recibir visitas. Incluso hay nietos pequeños que se quedan unos días", cuenta Moreno. 

40.000 metros cuadrados en Cuenca

En Cuenca también viven su propio proceso de cohousing. Más concretamente, en Horcajo, a 100 kilómetros de la capital madrileña. "Inicialmente queríamos instalarnos en Madrid, pero nuestra gestión arrancó durante el auge de la burbuja inmobiliaria y eran precios prohibitivos. Tenemos un solar de 40.000 metros cuadrados que es impensable allí. Tenemos 68 apartamentos y una capacidad máxima de unas 120 personas", cuenta Ernesto Cabello, presidente de la Asociación Convivir

"Nuestro modelo es similar al de Trabensol, pero ellos construyeron todos los apartamentos iguales y nosotros tenemos más variedad. Hay apartamentos de dos habitaciones, estudios o dos habitaciones independientes, así que el precio de inversión va desde 90.000 a 145.000 euros. Entre los servicios hay salón de actos, enfermería, sala de terapia, sala de reuniones... Esto no es como una residencia convencional; como muchos de nosotros estamos bastante bien físicamente, no estamos siempre aquí. Yo a veces me voy a pasar una semana con mis hijos o a la playa con mis amigos", cuenta Cabello.

Miedo a la estafa del ladrillo

Jubilares ha ayudado a sacar adelante un proyecto cooperativista llamado Jubilar Villarosita, que ahora mismo está en fase de diseño de viviendas. Se trata de 29 casas y si todo va bien, podrán iniciarse las obras el año que viene. 

"Las personas que acuden a estos proyectos tienen entre 60 y 75 años y hablan de dos cosas: miedo a la soledad y el no ser una carga para sus seres queridos. Ellos mismos han sufrido esas situaciones con sus padres, por lo que huyen de esa experiencia", cuenta Miguel Ángel Mira, presidente de la asociación. 

La aprobación de los vástagos a la hora de dar este salto es fundamental: "Los mayores que no tienen el apoyo de sus hijos no suelen terminar la operación. Existe el miedo del mito de la estafa del ladrillo y hay gente que no quiere invertir en este tipo de proyectos", cuenta Mira. 

Pescueza, un pueblo-residencia

Sin el modelo cooperativista, pero con los ancianos en el eje de sus preocupaciones, también trabajan en Pescueza, un pueblo de Cáceres de 160 habitantes que se ha reconvertido para poder atender a sus mayores. 

"Empezamos en 2011. Entendimos que la despoblación era una realidad y que las personas mayores eran las que se quedaban. Sin nacimientos, sin empleo..., había que cuidar a nuestros mayores", cuenta Constancio, presidente de la Asociación Amigos de Pescueza. 

De esta manera, y con el apoyo del Ayuntamiento del pueblo y de la Unión Democrática de Pensionistas, han conseguido llevar a cabo este proyecto en el que los ancianos del pueblo acuden a diario al Centro de Día para diferentes labores: "Los mayores siguen viviendo en sus casas salvo tres de ellos, que tienen un nivel de dependencia alto y se han trasladado al centro, así que viven cada uno en una habitación. Abrimos a las nueve de la mañana y, además de para comer y para asearles, vienen para cualquier cosa que necesiten. Sobre todo, para no estar todo el día solos", cuenta el presidente. 

La tarifa es más que asequible, viendo las necesidades que se quedan cubiertas: "Son unos 250 euros al mes, con desayuno, comida, cena, dos o tres días de aseo, lavandería, peluquería, podólogo, psicólogo...", enumera Constancio. "Han venido desde Castilla y León y de Madrid para ver cómo funcionamos, alcaldes que quieren replicar el proyecto. Vienen en busca de ideas para generar modelos alternativos a las residencias tal y como las conocemos ahora", concluye el activista. 

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