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Contaminación  'MadAire', el proyecto que acerca la ciencia a los vecinos para luchar contra la contaminación desde sus barrios

Asociaciones vecinales y escolares de un barrio de Madrid se unen en proyecto innovador en el que se pretende hacer partícipes a los ciudadanos de las decisiones sobre la mala calidad del aire. 

Vista general de Plaza Elíptica, ubicada entre los distritos madrileños de Usera y Carabanchel.
Vista general de Plaza Elíptica, ubicada entre los distritos madrileños de Usera y Carabanchel. Mariscal / EFE

Guerra ciudadana contra el humo y la contaminación. La mala calidad del aire se ha convertido en uno de los grandes problemas de las ciudades. Las emisiones de partículas contaminantes, asociadas en mayor medida al tráfico rodado, tiene grandes implicaciones para la salud pública. Mientras la administración actúa a pasos lentos, los movimientos vecinales se empiezan a movilizar para ganar espacio al coche y buscar soluciones comunes. Esta es la idea del proyecto MadAire, afincado de manera inicial en el distrito madrileño de Usera, que tiene como objetivo democratizar el conocimiento científico ambiental y sensibilizar a la población sobre las consecuencias que tiene vivir bajo el sonido perpetuo de tubos de escape y nubes de material particulado.

"El proyecto nace de la idea de que la ciudadanía pueda investigar y formarse sobre la contaminación y la calidad del aire, que es una de las grandes preocupaciones de los vecinos del barrio", explica Guillermo Amo de Paz, miembro de la cooperativa Biodiversia que ha coordinado este programa. No es casualidad que arranque en Usera, pues la estación de medición del Ayuntamiento localizada en Plaza Elíptica es uno de los puntos negros de la capital; una de las arterias de la ciudad que comunica las denominadas ciudades dormitorio del sur con las oficinas y centros de trabajo ubicados en la otra punta del municipio.

Durante varios meses, vecinos de diferentes partes del barrio y alumnos de centros escolares e institutos han realizado mediciones sobre la presencia de material contaminante en el aire. Concretamente, la investigación se ha centrado sobre el material particulado PM 10 y PM 2,5, debido a su vínculo con la quema de combustibles fósiles y al impacto en la salud que tienen estas sustancias. "Las mediciones del proyecto se realizan directamente en zonas donde la gente hace su vida y después se contrasta con los resultados que maneja el Ayuntamiento de Madrid", expone Amo de Paz. Pero la democratización de la ciencia no tiene sólo que ver con ese trabajo de campo, sino con los talleres y los debates generados en torno a los resultados que los vecinos y estudiantes van obteniendo.

Tras conseguir resultados de medición, los participantes trabajan en grupos donde, a través de preguntas, tratan de alcanzar conclusiones sobre las implicaciones que tiene la polución en sus vidas. "Nosotros trabajamos con ellos como facilitadores y les ayudamos a proponer una metodología para responder a esas preguntas que se planteen. En el fondo es aplicar el método científico", comenta Alba Gutiérrez, una de las responsables de la iniciativa MadAire. "En los talleres se a ven resultados de investigaciones, se discuten y se hacen evidentes los problemas de la contaminación. Pero además, tenemos sesiones donde se plantean posibles soluciones que mejoren la calidad del aire", agrega.

Así, los participantes han descubierto que la dispersión de las partículas afecta de manera prácticamente similar a todos los vecinos, independientemente de que unos estén asentados en una zona más residencial y ajardinada que otros. En otras palabras la contaminación es transversal en los barrios.  "Todo ello nos ha llevado a hablar del problema de la movilidad", arguye Gutiérrez. Se refiere la experta a cómo Usera ejemplifica la falta de posibilidades que tiene el transporte activo a pie o en bicicleta en la periferia de la capital. 

 "Uno de los aspectos que hemos analizado tiene que ver con la presencia que tiene el coche en las calles. No nos damos cuenta de que estamos tragando muchísimo aire contaminado. Esto nos llevó a pensar que en el barrio estamos fatal y que necesitamos algunas medidas como la creación de carriles bicis que nos permitan ir seguros, desde el punto de vista de disminuir la contaminación, pero también de la seguridad vial", expone Beatriz, una de las vecinas que ha participado en los talleres.  La mayoría de las conclusiones sacadas por los ciudadanos hacen referencia al olvido que sufren los barrios de la periferia de la capital en materia de contaminación y movilidad sostenible. No sólo por la carencia de carriles bici o por la estrechez del 60% de las aceras, sino por la falta de políticas dirigidas a reducir la contaminación.

 "Algunas asociaciones vecinales se han hecho eco de los resultados de los talleres como la petición de que las zonas de bajas emisiones no se queden solo en el centro de la ciudad", expone Amo de Paz en referencia a Madrid Central. La próxima Ley de Cambio Climático obligará a que todos los municipios de España que tengan más de 50.000 habitantes implementen áreas sin contaminación y, en esa línea, los participantes del taller consideran que se deberían incluir medidas similares para garantizar que los grandes núcleos poblacionales de las periferias puedan restringir el tráfico rodado.

"Se han planteado soluciones muy variadas, como fomentar la peatonalización de espacios bajo esa idea de entender los barrios como pueblos. También se ha hablado de acondicionar los barrios a otras formas de transporte activo o en repensar la forma en la que se organizan las ciudades, que concentran los espacios de trabajo en la otra punta de la ciudad y fomentan el desplazamiento  coche diario", desarrolla Gutiérrez. Algunas de estas propuestas, explican desde Biodiversia, se han intentado elevar a la Administración, pero por el momento no hay ninguna conversación entre colectivos vecinales y los poderes políticos.

Luchar contra la contaminación desde lo común

Pero más allá de esa democratización de la ciencia, el proyecto de MadAire tiene como eje transversal esa idea de abordar el problema de la calidad del aire desde lo común. "La idea es generar espacios propios donde se pueda alimentar ese sentido de comunidad que tan maltratado está", informa Gutiérrez. "Creemos que es muy potente que los vecinos y que los jóvenes puedan pensar y entender los problemas de su barrio. Eso da un percepción crítica, sobre por qué existe un problema así, si es igual en todos los lugares, lo cual es crucial para poder pensar en común en las posibles alternativas".

"Hemos trabajado de manera independiente, por un lado institutos y alumnado, y por otro los vecinos. Aún así, te das cuenta de que en cada equipo había generaciones muy variadas, con inquietudes y circunstancias diferentes. Hemos trabajado personas con y sin hijos, otros más implicados en el barrio y otros menos. Se ha notado mucho la diversidad y eso ha ayudado a entender las particularidades de cada persona", expone Beatriz. La idea de comunidad se ha ido canalizando en cada una de las propuestas y debates, que han sido recogidos en pequeñas píldoras informativas; programas donde cada uno ha podido plasmar sus inquietudes en torno a la polución y sus problemas en la salud pública.

El desarrollo de MadAire en Usera tiene sus inicios en un proyecto piloto desarrollado por algunos vecinos del distrito madrileño de Arganzuela. Desde Biodiversia no cierran la puerta a que otros barrios de la capital o de otras ciudades de España se aventuren a democratizar la ciencia para abordar el problema de la contaminación. En cualquier caso, esta iniciativa se enmarca dentro de una creciente preocupación ciudadana y vecinal por el medioambiente y la salud urbana. Buen ejemplo de ello es el programa Revuelta Escolar que ya se ha extendido por 75 colegios de España y que consiste en cortes de tráfico en las calles aledañas a escuelas, al menos dos veces al mes, para reclamar entornos educativos libres de contaminación.

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