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Coronavirus y biodiversidad El confinamiento abre la puerta a la naturaleza en ciudades deshabitadas

Jabalíes en Barcelona, pavos reales en Madrid y un oso en una comarca de Asturias. La falta de actividad humana lleva a los animales a acercarse a los espacios urbanos.

Un pavo real en las calles de Madrid
Un pavo real en las calles de Madrid

alejandro tena

El confinamiento ha vaciado las calles de las grandes ciudades. Ya no hay turistas que colapsen las vías principales, ni coches que esperan al semáforo en verde. La pandemia ha cambiado el ruido por el silencio, lo cual ha propiciado que ciertas especies de animales, curiosas, se hayan acercado a determinados espacios urbanos. Desde jabalíes en la Diagonal de Barcelona, hasta los pavos reales en las inmediaciones del parque de El Retiro en Madrid, pasando por un oso en un pueblo de Asturias.

Las redes sociales y la vida desde las ventanas han permitido que algunos ciudadanos puedan captar y difundir imágenes curiosas de especies salvajes en plenos entornos urbanos: husmeando entre las basuras o simplemente descubriendo un ecosistema artificial y extraño. No obstante, más allá de las publicaciones anecdóticas que se han podido ver estos últimos días en las redes sociales, desde el Fondo Mundial para la Naturaleza señala a Público que todavía "es muy pronto para observar cambios de hábitos en las especies" que nos hagan preocuparnos.

"Hay un poquito de exageración", opina Theo Oberhuber, cofundador de Ecologistas en Acción, que señala que la aparición de especies en núcleos poblacionales no es algo que esté fuera de lo común, incluso antes del confinamiento. "Que un oso se acerque a una de las aldea de Asturias no es algo que no haya pasado nunca… Está claro que no es habitual, pero puede ocurrir", argumenta el medioambientalista. En cierta medida, la proliferación de estos vídeos refleja lo despegada que vive la humanidad de la naturaleza. Quizá la vida en las ventanas haya facilitado que estos fenómenos se capten con mayor facilidad.

En cualquier caso, la aparición de animales vertebrados en las vías públicas durante estos días de confinamiento parece haber aumentado más de lo normal. Esto se debe a la forma en la que las ciudades han crecido y se han expandido sobre el territorio. Las construcciones artificiales, las autopistas de asfalto y las infraestructuras de transporte han troceado el territorio, y han propiciado que el manto de población se extienda por zonas que antes eran plenamente silvestres. "Hemos ido ocupado todo el entorno y dejamos a los animales refugiados en pequeñas masas boscosas y ahora que no hay nadie necesitan salir y encontrar esos cubos de basura que les deben parecer muy sabrosos", expone el ecologista.

"En los lugares donde la biodiversidad convive en ecosistemas muy humanizados es donde más se está notando la aparición de animales. El bosque litoral de la Devesa es un buen ejemplo, porque en estos momentos estaría lleno de turistas y ahora las especies de la zona, al ver que hay menos uso público y menos amenazas –que es lo que somos para los animales–, conquistan espacios y horas del día", explica el biólogo de La Albufera Javier Jiménez Romo, quien señala el factor horario como elemento importante.

"Hemos creado un espejismo para los animales y habrá que ver que ocurre cuando la presencia humana vuelva a la normalidad"

La desaparición de turistas durante este periodo de sol también se presta como una oportunidad para que las aves reconquisten las playas, que son buenos lugares para la nidificación de determinadas especies. Esto, sin embargo, podría traducirse en que numerosos huevos sean abandonados si termina el confinamiento pronto y el litoral vuelve a convertirse en un ecosistema de hamacas y sombrillas de playa.

"Hemos creado un espejismo para los animales y habrá que ver qué ocurre cuando la presencia humana vuelva a la normalidad", apunta el biólogo. "Lo que sí que está claro es que esto supone un cambio en la sensación que tenemos en cuanto a la vulnerabilidad de nuestra especie. Ya no somos el todopoderososo hombre, el virus nos hace reflexionar sobre ello y sobre lo que suponen nuestras acciones para el planeta", opina, en referencia a cómo durante los últimos días ha mejorado la calidad del aire y los ecosistemas de algunas zonas parecen haberse regenerado.

Una excusa para la caza

Ahora, con el descenso de actividad humana, mamíferos como el jabalí toman el espacio en busca de alimentos, lo cual no supone un riesgo, ya que la fauna silvestre tiende a evitar el contacto con los seres humanos. Sin embargo, algunas comunidades autónomas han alegado peligro para la población y han levantado la veda a la caza durante el confinamiento, en contra de los planteamientos del estado de alarma decretado por el Gobierno estatal.

Es el caso de Castilla y León, donde la Junta ha tenido que dar marcha atrás y revocar un permiso especial para grupos pequeños de cazadores durante el estado de alarma relativo a la emergencia sanitaria del coronavirus. Galicia es otra de las comunidades que ha decidido utilizar la aparición de este tipo de mamíferos en vías públicas y en zonas agrícolas como excusa para levantar la veda a la caza durante el confinamiento. Tanto es así, que la Xunta ha publicado una resolución del 21 de marzo en el que se permiten las actividades cinegéticas con permisos especiales para evitar "daños generalizados en la agricultura o ganadería y "accidentes graves de tráfico".

Sin embargo, desde Ecologistas en Acción señalan que la caza nunca será un elemento que garantice el control poblacional ya que carece de criterios técnicos que permitan preveer que una población animal, en este caso, vaya a ocupar una carretera pública o un entorno agrario. "Dime tú cómo puede un cazador identificar que un jabalí va a pasar por una autopista. Se está utilizando esto para permitir las actividades cinegéticas durante el periodo de confinamiento. Quien controla a las especies es el lobo, pero también lo están matando", denuncia Oberhuber.