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Abusos sexuales en la Iglesia El libro que pretende blanquear la imagen de los curas pederastas: 'Le perdono, padre'

Cuando era niño, Daniel Pittet fue violado cada semana por el padre capuchino Joël Allaz. Los abusos duraron cuatro años.

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Daniel Pittet. / TV5MONDE


El padre capuchino Joël Allaz abusó sexualmente de un niño durante cuatro años. Lo hacía cada semana y ese niño, que entonces tenía ocho años, ha escrito un libro décadas después, a punto de cumplir sesenta. Pero Daniel Pittet no ajusta cuentas con su verdugo, sino todo lo contrario: Le perdono, padre (Ediciones Mensajero) supone, desde el propio título, una absolución del violador o, si lo prefieren, de los pederastas en el seno de la Iglesia católica, que trata de limpiar su imagen con esta obra.

Prologado por el papa Francisco, cede espacio en el epílogo al cura pederasta, quien violó a Pittet unas doscientas veces. El autor del libro calcula que el cura podría haber abusado de más de 150 menores, aunque luego fue transferido a otras diócesis francesas, donde continuaron las agresiones sexuales. La policía difundió en su día que Allaz había abusado de 24 niños en Suiza y en Francia entre 1958 y 1995. “Muchas personas no pueden comprender que no le odie”, escribe Pittet. “Le he perdonado y he construido mi vida sobre este perdón”.

La editorial y la Iglesia han vendido como una “manifestación sincera de sus actos” la entrevista al violador, quien responde: “No puedo pagar la deuda contraída con mis víctimas. Procuro, cuando es posible, encontrar soluciones. Por esta razón acepté testificar en el libro de Daniel”. Allaz también asegura que ya no siente "ese tipo de impulso" que le llevó a destrozar la vida de decenas de personas.

El papa Francisco, que se lamenta de los casos de pederastia, subraya en el prólogo: "En la desgracia, ha podido encontrar otra cara de la Iglesia, y eso le ha permitido no perder la esperanza en los hombres y en Dios. Nos habla también de la fuerza de la oración, que nunca abandonó y que lo confortó en las horas más oscuras”. También hace referencia al encuentro de la víctima con su verdugo cuarenta años después. “El niño herido es hoy un hombre en pie, frágil pero en pie”.

Portada del libro de Daniel Pittet

Daniel Pittet fue bibliotecario en Friburgo, la ciudad suiza donde sufrió los abusos, aunque su salud “frágil” le ha impedido trabajar. Ha sufrido depresiones. La propaganda católica destaca que, a pesar de las violaciones, “mantuvo la fe”. El pontífice le agradece sus palabras, porque “derriban el muro de silencio” y alumbran “una zona terrible en la vida de la Iglesia”. Una voladura controlada: borrón y cuenta nueva. “[Testimonios como el suyo] abren el camino a una reparación justa y a la gracia de la reconciliación, y también ayudan a los pedófilos a tomar conciencia de las terribles consecuencias de sus acciones”.

Por su parte, el autor se centra en el “perdón” y en la “capacidad de resistir y de soportar”. De hecho, la propaganda católica ha vendido su traumática experiencia como una “historia de superación” e incluso como una “historia de sanación”. En el libro afirma que “aquello que te destruye es el primer acto de abuso, uno ya es demasiado”. También recuerda que, cuando tenía doce años, durante la misa de la Anunciación el violador “hacía llorar a los fieles”, al tiempo que lo violaba a él desde hacía cuatro años. “Aquel día decidí perdonarle todo el mal que me había hecho”, escribe.

Pittet, quien recuerda que estuvo a punto de profesar los votos tras su paso por la abadía benedictina de Einsiedeln, asegura que le han escrito “muchísimas víctimas de varios países” y le "confiesan sus sufrimientos”. Por ello, cree que el libro “podrá ser muy útil a muchos y tendrá un fuerte impacto en quienes viven este problema”. Según él, hay que tomarse el título al pie de la letra: Le perdono, padre. “No siento ni respeto ni compasión por mi verdugo. Lo he perdonado. Hoy soy libre”.

Ricardo Blázquez y Rouco Varela. / EFE

El libro, que será presentado hoy en Madrid por el presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, describe como Joël Allaz se valió de su condición de cura para engañar a un niño y violarlo repetidas veces. El siguiente fragmento, al igual que las anteriores citas, es una traducción de la edición italiana: “Todos los sábados por la mañana iba a limpiar la iglesia, cuando un día —tenía ocho años— un sacerdote capuchino se me acercó sonriendo: Escucha, niño, tengo un mirlo que habla y canta. Si quieres verlo, vente a las dos”.

El crío le pidió permiso a su abuela, quien le respondió: “Sí, vete, es una buena oportunidad para ti, un capuchino, maravilloso”. Allí fue. Había un pájaro. Escuchó su canto. “Luego nos metimos en su habitación, me pidió que lo besase y me violó”. Daniel ha perdonado a aquel sacerdote y la Iglesia se hace eco de su compasión, aunque no ha especificado si el perdón también se extiende a la cúpula vaticana, que ha encubierto miles de casos de curas pederastas en todo el mundo.

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