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Las decisiones contradictorias en la UE sobre los viajes de los británicos mantienen en vilo el turismo en España

España espera con los brazos abiertos a los turistas británicos, imprescindibles para salvar la temporada turística. Mientras, Francia y Alemania imponen restricciones a los visitantes de Reino Unido 

Una parejas de turistas, procedentes de un vuelo del Reino Unido, en la terminal del aeropuerto de Malaga-Costa. REUTERS/Jon Nazca
Una parejas de turistas, procedentes de un vuelo del Reino Unido, en la terminal del aeropuerto de Malaga-Costa. Jon Nazca / REUTERS

Con la vacunación encauzada, el debate sobre la reactivación de la economía ha ganado protagonismo en los últimos días. Hablar de recuperación económica en España es hablar de la recuperación del turismo, un sector que en 2019, último año antes de la pandemia, representó el 12,4% del Producto Interior Bruto (PIB), pero que en 2020 apenas aportó el 4,3% de la riqueza del país. Según Exceltur, la patronal turística, España dejó de ingresar 106.000 millones de euros por el turismo el año pasado. Nada mejor que esa cifra para entender el batacazo económico que provocó la irrupción de la covid.

Por eso, cuando el pasado viernes el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que España permitirá a partir del próximo 7 de junio la entrada a los viajeros de todos los países que acrediten haber recibido la pauta completa de una vacuna reconocida, y que desde este mismo lunes se abren las fronteras a turistas extranjeros de diez países considerados "seguros", entre ellos Reino Unido, todo el sector turístico celebró dicha apertura de fronteras con entusiasmo.

El anuncio de Pedro Sánchez coincidió con la celebración de la Feria Internacional de Turismo de Madrid (FITUR). Autoridades y la patronal del sector aprovecharon esta cita anual para lanzar el mensaje de que el turismo está de vuelta tras un 2020 que, según los empresarios y los hosteleros no puede volver a repetirse.

El sector, que en España depende en un 70% de la llegada de visitantes internacionales, confía en que, con la apertura de fronteras y la eliminación de restricciones, pueda venir este año algo más de la mitad de los casi 84 millones de turistas que visitaron el país en 2019. En 2020 sólo llegaron 19 de millones de turistas extranjeros. El Gobierno, un poco más cauto, prevé que este verano vengan a España "un 30% o 40% de los turistas internacionales que llegaban antes, entre 8,5 y 10 millones de visitantes".

La confianza de la industria se deposita sobre en todo en el mercado británico. Son estos turistas los llamados a salvar el negocio, al menos en una primera instancia. El sector hotelero espera alcanzar en 2021 una ocupación del 50% respecto a la que hubo en 2019 y para ello cuenta con los británicos, que en 2019 sumaron más de 18 millones de visitantes. De hecho, uno de cada cuatro viajeros extranjeros que en los últimos años ha visitado España era de esa nacionalidad. El último año ha sido catastrófico en ese sentido: la llegada de visitantes británicos bajó un 95,44% en marzo de 2021 en comparación con el mismo mes del año anterior.

El primer ministro británico, Boris Johnson, en la entrada del número 10 de Downing Street, esperando al presidente de Gabon, Ali Bongo Ondimba. REUTERS/Henry Nicholls
El primer ministro británico, Boris Johnson, en la entrada del número 10 de Downing Street, esperando al presidente de Gabon, Ali Bongo Ondimba. REUTERS/Henry Nicholls. Henry Nicholls / REUTERS

No hay noticias, sin embargo, de los británicos. En este caso no existe reciprocidad: España considera que Reino Unido es seguro, pero no ocurre lo mismo en sentido inverso. El Gobierno británico creó el pasado mes de abril un sistema de semáforo para los viajes al extranjero, por el que cada país está catalogado en rojo, amarillo o verde, en virtud del riesgo de contagios y el estado de las vacunaciones en esos destinos. A día de hoy España está en el ámbar, lo que implica que cualquier británico que viaje a España tendrá que guardar obligatoriamente a su vuelta una cuarentena de diez días, además de costearse al menos tres pruebas PCR.

Es más, el Gobierno de Boris Johnson insta a sus nacionales a no viajar a España. Este mismo lunes, la secretaria de Estado de Empresa del Reino Unido, Anne-Marie Trevelyan, aconsejó no hacerlo salvo en caso de emergencia. En declaraciones a la cadena Sky News, Trevelyan recordó que el primer ministro, , "ha sido claro" en que no se pueden hacer viajes de ocio o vacaciones a destinos incluidos en la lista ámbar del Gobierno británico, entre ellos España, Francia o Italia.

"La realidad es que, en estos momentos, los países en ámbar no cumplen los criterios establecidos por nuestros científicos para pasar a ser verdes. La recomendación sigue siendo: no vayan a no ser que sea imprescindible, y recuerden que, si van, deberán hacer una cuarentena de diez días y eso será supervisado ", afirmó Trevelyan, que mostró su confianza en que esto pueda cambiar "a su debido tiempo".

Esa frase de "a su debido tiempo" es demasiado ambigua y no implica ningún plazo concreto. El Gobierno de Johnson ha anunciado su intención de revisar el listado de países incluidos en cada grupo de su semáforo cada tres semanas. Hasta la primera semana de junio no habrá cambios en la situación. Tampoco han ayudado algunos mensajes contradictorios de algunos de sus ministros, tajantes unos en que no hay que viajar a los destinos en rojo o naranja salvo causa de fuerza mayor y más permisivos otros, apelando a la sensatez de los ciudadanos para evitar esos viajes.

Pese a la incertidumbre y la confusión, tanto el Gobierno español como la propia industria turística confían en que el Ejecutivo de Johnson levante la mano a principios del mes que viene. No hay una previsión clara, pero la esperanza para el turismo español es que la semana pasada 270.000 británicos viajaron a destinos en rojo o naranja pese a las recomendaciones en contra de su Ejecutivo. Ese dato anima mucho al sector, convencido de que los turistas británicos vendrán pese a las cortapisas de su Gobierno.

La actitud de España respecto al Reino Unido contrasta con la de Francia y Alemania, países preocupado por la extensión de la llamada variante india en Reino Unido. Mientras el Gobierno español está dispuesto a recibir a los turistas británico con los brazos abiertos, el ministro francés de Asuntos Exteriores insinuó este pasado domingo que Reino Unido podría recibir "un tratamiento intermedio", lo que implica restricciones en la entrada del país galo. Alemania, por su parte, impuso, también el domingo, una cuarentena de dos semanas para quienes lleguen procedentes de Reino Unido, incluso para aquellas personas que presenten un test de covid negativo. 

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