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Despido en colegio ultracatólico Una profesora denuncia ser despedida por "no cumplir con el perfil moral del centro" al estar divorciada

"Humillada y amedrentada", así resume Bella Méndez Mateo la mala experiencia que ha pasado en el colegio toledano Colegio Karol Wojtyla, un centro subvencionado con fondos públicos.

Bella Méndez Mateo,
Bella Méndez Mateo

"Cual pecadora". Así siente haber sido tratada Bella Méndez Mateo, una profesora de inglés que tras estar un año impartiendo clases de secundaria en el Colegio Karol Wojtyla (institución católica de carácter privado), tener una carta firmada por las 31 familias de su tutoría pidiendo que no la despidiesen y un emotivo vídeo de su alumnado rogando que no se fuera, cree que fue expulsada por su estado civil. Además, denuncia que el centro le hizo un contrato ilegal. El colegio responde diciendo que "la versión de ella no se corresponde con la realidad y que está violentando y faltando a la verdad. El suyo era un contrato por obra y servicio".

Curriculum milagroso

Y es que esta maestra poco se podía imaginar que la oferta de trabajo que le llegó en las Navidades de 2019 a través de Linkedin para ofrecerle un puesto como profesora de Inglés de Secundaria a tiempo completo en dicho centro le iba a cambiar tanto la vida.

Méndez relata cómo tras la oferta tuvo una entrevista con los dos directores titulares, "José Pedro Fuster el director que fue la persona que contactó conmigo y que me conocía pues fue director del colegio al que llevaba a mi hijo y un sacerdote. En aquel entonces yo estaba casada. Intuí por el tono de la entrevista que daba por hecho que yo seguía casada, y no divorciada como ya estaba, pero no hice alusión alguna a ello, ya que forma parte de mi vida personal", recalca.

Además, durante la entrevista le preguntaron si había vivido algún milagro de la Virgen en persona. "Me quedé muy sorprendida ante esta pregunta. Contesté que, si se diese el caso, era un tema privado. Insistieron: Me di cuenta de lo importante que era para ellos demostrar un fervor cristiano para conseguir el puesto, así que les conté algo anecdótico. Cuando parece que quedaron satisfechos me pidieron que trajese el certificado de matrimonio cristiano", rememora.

Tras aquella petición Méndez cuenta que no le volvieron a requerir el documento y que comenzó a trabajar el ocho de enero con seis grupos de Secundaria. "Fue un trabajo bastante duro, pues a la vez era tutora de 31 alumnos y alumnas, desempeñé mi trabajo de una forma profesional y entregada, tanto padres como alumnos estaban encantados".

El recato como vestimenta

Una vez ya en activo Méndez fue reprobada por su forma de vestir. "Hay uno rígido código de vestimenta del que nadie me avisó. En una ocasión la coordinadora me midió el vestido que llevaba diciéndome que tenía que ser dos palmos más largo, por debajo de la rodilla. Otro día me dijo que la camisa era un poco transparente, y otro que la abertura de mi falda para poder subir escaleras era inadecuada. Estaba estupefacta. También me enteré que no podía llevar vaqueros y en verano ni manga corta ni sandalias. Para ellos que una mujer se vista de forma normal o se maquille es pura provocación para el hombre".

La profesora no solo denuncia el machismo hacía ella por romper ese código sino también hacía las niñas. "No pueden llevar pantalón más que para hacer deporte y la falda tenía que cumplir esos dos palmos por debajo de la rodilla o de lo contrario no pasaban al centro. Sólo nos corregían la forma de vestir a las profesoras".

Afirmaciones que el director del centro José Pedro Fuster niega. "Nada de esto es verdad. Que lo demuestre ella. Nosotros solo decimos que al igual que en El Corte Inglés se tiene que mantener una imagen en el centro para que los alumnos no se rían de nadie se vista como se debe", explica a Público por teléfono.

Miedo al despido

Con los ojos puestos en ella, Bella relata que comenzó a notar un cambio de trato por parte de dirección y del resto del claustro. "Era evidente la frialdad y la distancia hacía mí. Mi contrato era por obra y servicio, una modalidad fraude de ley para la escuela concertada, ya que sólo se puede hacer en tres supuestos, y como profesora titular, no formaba parte de ninguno de ellos. Empecé a temer por mi puesto de trabajo, así que lo comenté a una persona de un sindicato que luego resultó ser afín al colegio y al inspector de zona. Estaba interesada en mi renovación, la cual dieron por sentado que se produciría en junio. Para mi éste puesto era crucial pues significaba que podía seguir pagando un préstamo hipotecario".

Con la pandemia esta profesora cuenta que cada vez se le exigía más. "Terminaba de trabajar a las doce de la noche. Tuve problemas con la realización de Informes ajustados al formato que pedían y una tarde me llamó la coordinadora para decirme que era inadmisible que fuese tan lenta y que iban a hacer mi trabajo. Yo les rogué que no lo hicieran, pero a la media hora ya estaba hecho, usurpando mis funciones para dejarme como una incompetente".

En mayo y tras tal episodio llamó y escribió al director para saber de su continuidad o no. No recibió contestación de él, pero sí una llamada de la coordinadora prohibiéndola "que le volviese a llamar y con el encargo de que cerrase mis redes sociales por inapropiadas para que los alumnos no se riesen de mí. En las redes como cualquier persona tengo fotos mías, de mi hijo, de mi actual marido y alguna que otra canción".

Fue a través de las redes sociales que el colegió comprobó su divorcio. "Las cosas se tornaron muy negras. Desde que se enteraron de mi nuevo estado civil en las reuniones por zoom no me dejaban hablar, me interrumpían o me ridiculizaban. Incluso el segundo director del centro Paco Peña, que además es cura, en una ocasión me dijo ¡conviértete y lee el Evangelio!". Las relaciones con el resto del claustro no fueron tampoco mejores. "Hay profesores que son gente normal, pero son los menos, la mayoría son catequistas, pertenecen al Camino Neocatecumenal, imparten catequesis y pertenecen a grupos cristianos fundamentalistas. No pude llegar a tener confianza con nadie y me miraban con recelo".

"Cuando las madres y padres de mi tutoría me preguntaban una y otra vez si seguiría el curso siguiente, les dije que no tenía muy buen pronóstico, por lo que las 31 familias de mi tutoría mandaron una carta a dirección rogando que me quedase, pues tanto ellos como sus hijos e hijas estaban encantados con mi trabajo. Esto no sólo no mejoró las cosas, sino que molestó a dirección. Más tarde todo el alumnado me hizo un vídeo sorpresa diciendo todo lo que les había ayudado tanto en el plano académico como en lo personal, algunos muy emocionados, pidiendo que me quedase".

Frialdad y coacciones

Un día tras trabajar toda la jornada la coordinadora le dijo que el director quería hablar con ella. "Me sorprendió mucho que me acompañase. Con una frialdad extrema me comunicaron el fin de mi contrato. Dijeron que no tenía nada que ver con mi labor académica, sino que era una decisión consensuada con la Fundación eclesiástica La Sagra, pues gente de confianza del centro les había informado de lo inadecuado de mi perfil. Me eché a llorar. No me dieron ni un kleenex, me miraban con total indiferencia, la coordinadora hizo un ademán de que ya podía irme del despacho y me acompañó a la salida. Todos me vieron salir llorando", recuerda.

A raíz del despido Méndez comenzó una petición en Change.org para conseguir la readmisión. "Ante la misma me llamó el sacerdote, amenazándome para que la quitase, y diciéndome que, si seguía así, no me volverían a contratar en ningún otro colegio y que iban a ir a por mí con todo su arsenal y que pelearían con uñas y dientes. También me están llamando otros profesores para que retire y me están coaccionando diciéndome que si sigo así voy a tener que pagarles daños y prejuicios".

El pasado 24 de julio, día de la conciliación por el despido, el Colegio Karol Wojtyla no se presentó. "Nos tuvieron esperando a mi abogado y a mí media hora en el sol y finalmente no vinieron. Mi abogado ha denunciado como el contrato que me hicieron es ilegal ya que es por obra y servicio y un colegio que se financia con fondos públicos no puede hacer este tipo de contrataciones, pues ni sustituía a nadie ni mi asignatura iba a extinguirse".

Ahora la denunciante está a la espera de fecha del juicio que espera sea para otoño. "En mi denuncia costa que el motivo de fondo que subyace en el despido, pese a haber realizado la prestación de sus servicios de manera exquisita, es el hecho de mi estado civil, concretamente, divorciada, lo que choca frontalmente con el ideal religioso y ultraconservador del centro en donde he prestado mis servicios. Esto supone una grave discriminación prohibida en la Constitución y violación de mis derechos fundamentales y libertades públicas". Fuster también niega esta acusación. "¿Cómo va a ser esto verdad si incluso tenemos una profesora que está divorciada?", nos dice.

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