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Los disparatados costes que deja el alza del precio de la luz: el metro de Madrid gasta un 500% más al día

El alza en los precios energéticos afecta a todos los sectores. Desde las piscinas deportivas, que no pueden asumir el coste para la climatización de sus aguas, hasta los agricultores.

Viajeros en la estación de metro de Sol, en Madrid. E.P./Eduardo Parra
Viajeros en la estación de metro de Sol, en Madrid. Eduardo Parra / EUROPA PRESS

No se salva ningún sector. La coyuntura de alza de precios de la energía, agravada por la guerra de Ucrania, y los parones de la patronal de transportes han generado una situación de inestabilidad en prácticamente todo el tejido productivo español. Los costes están llevando a algunas empresas a tomar medidas radicales y, aunque los suministros parecen estar asegurados, los bolsillos de los hogares y las empresas comienzan a notar esta nueva crisis que empalma con la del coronavirus.

El alza del gas, todavía sin una solución para desacoplar su escalada de la factura de la luz, y la subida desmesurada del petróleo, con su huella más visible en los contadores de las gasolineras a cerca de 2 euros el litro. Todo ello hace difícil mantener calientes edificios industriales, iluminar oficinas o transportar suministros riesgos de pérdidas. La crisis se entrelaza y se extiende por prácticamente todos los sectores, cada uno con sus propias particularidades.

Del regadío a los plásticos de invernadero

"Nosotros gastamos poca energía en calefacción. Lo que sí es un problema relacionado con los precios de la luz es el tema del agua para riego", indica Andrés Góngora, portavoz de la Comisión Ejecutiva de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG). Los costes energéticos están teniendo su incidencia en los sistemas de riego, pues requieren de motores para impulsar y movilizar el agua. Además, en las zonas costeras, las comunidades de regantes que funcionan con aguas de desaladoras están sufriendo también un incremento en sus costes de producción. Según la organización agraria el precio del agua para riego ha subido cerca de un 50% en las últimas semanas. "Se ha pasado de pagar unos 20 céntimos por metro cúbico de riego a más de 30 céntimos", indica Góngora.

"El abono convencional se ha disparado también"

Los fertilizantes también se han encarecido tras el estallido de la guerra. Por un lado, su fabricación es más costosa debido a que es un proceso con una alta dependencia del gas. Por otro lado, las restricciones al comercio con Rusia eliminan del mercado a uno de los grandes fabricantes del planeta. "Cada vez utilizamos menos fertilizantes en España, pero el abono convencional se ha disparado también. Tenemos mezclas determinadas, como el Triple 15 y la Urea, que han subido cerca de un 100%", indica Góngora, que alerta también de la subida de precios del plástico agrario para invernaderos. El portavoz agrario recuerda que también hay sectores como la ganadería láctea que están sufriendo pérdidas debido a los costes del pienso y la difícil tarea de mantener operativas las máquinas de ordeño.

Metro de Madrid y su factura

El funcionamiento de la red de transporte urbano de metro es, quizá, uno de los más afectados por la crisis de la energía. Mover vagones, subir y bajar escaleras mecánicas, iluminar andenes o mantener activas las máquinas que expenden billetes requiere de una inversión elevada que empieza a tener ciertos problemas en algunas ciudades del Estado. Según informan a Público desde la Consejería de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid, la factura de la luz en estos momentos del año es de 830.000 euros diarios, mientras que en 2021 se ubicaba en los 120.000 euros por jornada. Esto supone un incremento del 591%. En 2020 el coste energético de la empresa de transporte suburbano se situaba en los 49 millones de euros. En 2021, con unos precios también al alza, la factura ascendió hasta los 88 millones. Con las cifras actuales, según las proyecciones del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, 2022 podría cerrar el curso con más de 260 millones de euros de gasto en energía.

El coste energético del metro de Madrid ha subido más de un 500% respecto a 2021

Otras fuentes de la Comunidad de Madrid informan a Público que se están estudiando medidas para frenar el paliar el excelso gasto energético. Si bien no hay nada concretado, hay opciones sobre la mesa como recortar los horarios del metro, paralizar escaleras mecánicas o, en un caso extremo, subir tarifas.

Desde el Ejecutivo autonómico entienden que es una situación difícil de asumir y reclaman medidas al Gobierno central para poder amortiguar el efecto de la crisis en las arcas de la empresa de transportes. "Estamos ante un grave problema de servicio público, que requiere una actuación del Gobierno de la nación, que no puede desentenderse del transporte público de todo el territorio nacional. Reclamamos una solución al Gobierno, y no lo hacemos desde la lucha política sino desde la responsabilidad pública y la profunda preocupación ante una situación que no ha sido provocada por las Comunidades Autónomas y que corresponde a la Administración General del Estado mitigar", ha reclamado David Pérez, consejero de Transportes e Infraestructuras.

Falta de suministros en las fábricas de coches

La planta de Mercedes Benz en Vitoria tuvo que parar su cadena de montaje varios días de la semana anterior debido a los problemas en el suministro derivados, en buena medida, del parón de la patronal de transportes que todavía perdura. 

La fábrica de Volkswagen en Navarra también ha tenido problemas. Los piquetes han impedido que las piezas de montaje pudieran llegar a la planta, de modo que la dirección anunció un cierre temporal para el lunes. Según El Mundo, los problemas tenían que ver con las provisiones para la fabricación del modelo T-Cross y los revestimientos de los maleteros del Taigo.

Por último, la planta de Stellantis, en Figueruelas, canceló la semana pasada los turnos para la producción y el ensamblaje de varios modelos, como el Citroën C3, el Opel Crossland o el Opel Corsa.

El paro patronal agrava la crisis

La huelga de transportes ha sido realmente un paro patronal. No en vano, el sector arrastra grandes problemas relacionados directamente con la escalada de precios de los combustibles. La protesta –que prosigue después de que el Ministerio de Transportes diera luz verde a una bonificación de 500 millones para compensar el impacto de la crisis al sector– está detrás de los problemas en las fábricas de automoción, pero también en la llegada de suministros a supermercados.

¿Sin aceite de girasol?

Cerca del 60% de las importaciones españolas de aceite de girasol son ucranianas. La guerra ha eliminado de golpe más de la mitad del suministro de un producto que, sin embargo, no es habitual en el consumo doméstico. No obstante, algunas cadenas de supermercados han racionado las compras de este producto, lo que ha generado un efecto boomerang similar al que se vivió en 2020 con el papel higiénico y el estallido de la pandemia. 

Si bien Luis Planas ha llamado a la calma y ha asegurado que España tiene suficientes grasas vegetales para sustituir este tipo de aceite, hay algunos sectores de la industria de la alimentación que si notan la carencia de este recurso. Algunas marcas como NestleLindt, Gullón o Bimbo han alertado de las consecuencias que tiene la carencia y la carestía de este producto –con un precio similar al del aceite de oliva– para la fabricación de sus conservas, bollerías o salsas.

El butano sube pese a no estar liberalizado

La bombona de butano no queda exenta de esta crisis de precios. Tanto es así que desde el martes 15 de marzo el coste máximo de este recurso subió  un 4,96%, situándose así el recipiente de 12,5 kg en los 18,63 euros, según una resolución publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE).

El butano no está liberalizado por lo que el Estado actualiza sus precios de manera bimensual. Este incremento, en la segunda revisión de 2022, coincide con un alza del 14,32% en las cotizaciones de esta materia prima en los mercado. Además, los fletes –los costes asociados al transporte– han experimentado un descenso de casi el 10% que, junto a la depreciación del euro frente al dólar, han imposibilitado contener los precios.

Los pescadores amarran sus barcos por el precio del gasoil

El alza del gasóleo ha golpeado a un sector pesquero lastrado por las dificultades derivadas de la pandemia. La Federación Nacional de Cofradías de Pescadores anunció el 18 de marzo que sus barcos quedarían amarrados ante la poca rentabilidad del sector y reclamaron medidas para amortiguar los efectos de la inflación de precios. A este paro se han sumado, según esta organización, 200 Cofradías y 40.000 afiliados. "O tenemos propuestas firmes, contundentes e inmediatas o el sector pesquero se va a pique", ha dicho Basilio Otero, presidente de la federación pesquera, que espera que el Ministerio de Pesca impulse medidas esta semana.

La patronal pesquera, CEPESCA, también exige acciones a corto plazo al Gobierno para contener los costes de producción elevados vinculados al precio del gasoil. Entre los reclamos destaca la rebaja de las tarifas portuarias o el uso de ayudas de minimis, es decir, aquellas que son de pequeña cuantía –un máximo de 200.000 euros– y no necesitan ser notificadas a la Comisión Europea.

Los taxistas se plantan

Tras el inicio del conflicto, los precios de los carburantes alcanzaron cifras de récord en las gasolineras del Estado, se superaron los 2 euros por litro en el depósito y se duplicaba el costes. Aunque el valor de los combustibles han descendido en las últimas semanas, las cifras permanecen elevadas con 1,8 euros por litro de diésel y de gasolina.

Este encarecimiento afecta a los usuarios medios, pero también a profesionales del transporte como los taxistas. Este sector se ha levantado este martes en Barcelona para denunciar la reducción de sus beneficios por el despegue del diésel y la gasolina. En este caso, los conductores reclaman al Instituto Metropolitano del Taxi (IMET) una revisión de las tarifas para poder subir los precios y sortear el impacto de la crisis. 

La natación peligra

O se nada en agua fría o se cierran las piscinas. Es el dilema al que se enfrentan algunos centros deportivos que empiezan a notar los precios altos del gas y del petróleo en sus sistemas de climatización. En el País Valencià, el Grupo Supera ha anunciado el cierre de varias piscinas por los "inasumibles" costes energéticos. La empresa también ha cerrado instalaciones en gimnasios con concesiones municipales de la Costa del Sol y, tal y como adelantaba El Confidencial, la lista de gimnasios que se plantean cerrar o bajar la temperatura del agua es cada vez más grande. 


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