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Dr. Martens La bota camaleónica Dr. Martens pisa con fuerza en la Bolsa de Londres como zapato de lujo

El calzado rebelde Dr. Martens capturó a los skinhead, a los punk, a músicos, a motoristas y a estetas góticos y se perpetúa como moda joven. En 2003 trasladó la producción a Asia. Acaba de salir a Bolsa por más de 4.000 millones de euros de capitalización creando un grupo de instantáneos multimillonarios o 'fat cats'.

Imagen de unas botas Dr. Martens.
Imagen de unas botas Dr. Martens.

conxa rodríguez

En España se calzaba la bota tobillera Chiruca -suela de goma compacta, lona dura rojiza y ante tosco- y se cantaba Kumbaya, my lord, Kumbaya mientras en Inglaterra se ponía de moda la bota Dr. Martens con los skinhead, orgullosos de pertenecer a la clase trabajadora, en la década de 1960; después se las pusieron los punk y un variopinto de movimientos contraculturales que se han perpetuado hasta hoy con el calzado convertido en icono inconformista. Una bota camaleónica que se ha fundido con diferentes coyunturas culturales y económicas; desprenden estética contraria a los mocasines y a las manolitas.

La covid-19 que roe a la humanidad está indultando a la marca Dr. Martens, como si estuviese inmunizada; ha cerrado, provisionalmente, sus 130 tiendas, pero sigue vendiendo al alza por las redes. Las botas llevan un lustro subiendo de precio por encima de la inflación de cualquier país y los beneficios aumentaron un 70% en el año 2018-19 (fiscal, del 1 de abril al 31 de marzo).

La bota lleva 60 años de moda en Inglaterra y Europa y se expande rápido por Asia. La compañía de inversión Permira, con sede en Luxemburgo, propietaria mayoritaria, le puso el letrero de "se vende" hace más de un año y hace un par de semanas anunció su cotización en London Stock Exchange (Bolsa de Londres) donde, atendiéndose a cifras de la empresa, indicadores, compradores y potencial, la han valorado en 3.700 millones de libras (4.400 millones de euros), según anunció la Bolsa el viernes al inicio de la comercialización de las acciones.

A día de hoy se venden cerca de 10 millones de pares de calzado

A día de hoy se venden cerca de 10 millones de pares de calzado (botas y zapatos) al año en 60 países a precios por encima de los cien euros acercándose más a un producto de lujo que al de consumos alternativos. En el último ejercicio financiero 2019-20, justo antes de la pandemia y la debacle del comercio de calle Mayor, la marca de calzado facturó por valor de 800 millones de euros que generaron 112 millones en beneficios. Del primer modelo 1460, lanzado el 1 del 4 (abril) de 1960, se ha pasado a un catálogo de 250 tipos distintos de bota o zapato de piel y gaucho con estilo propio.

La larga historia de las botas no siempre ha relucido como el betún que las lustra. En 2002-2003, cerca de la bancarrota, su propietaria de entonces, la familia Griggs, zapateros desde 1901 en Wollaston -centro de Inglaterra- inició el traslado de su producción a Tailandia, China y otros países asiáticos para abaratarla. Dejaron únicamente un 2% de la fabricación Made in England –esas se pagan más, por supuesto-. El portavoz de la firma asegura a Público que "la producción de las botas se hace con la misma calidad en todas partes porque los materiales que se utilizan son los mismos y los diseños también así que el cambio geográfico no repercute en la calidad".

La tercera generación de la familia Griggs adquirió en 1959 la patente creada por el doctor alemán Klaus Maertens y Herbert Funck que idearon un zapato cómodo tras la guerra utilizando goma de neumáticos obsoletos para las suelas –lo que hace en la actualidad la marca vegetariana española Slowers-. Los hermanos Griggs (Bill, Ray y Collin) alteraron la patente con puntadas amarillas, airearon la suela y eliminaron una vocal para que Maertens sonara inglés. Las primeras botas Dr. Martens modelo 1460 son rojizas y generosamente tobilleras. El éxito de los zapateros ingleses con la patente de origen alemán estaba servido gracias a los movimientos contraculturales y la producción en Asia hasta 2014.

La compañía de inversiones Permira adquirió en 2014 por 360 millones de euros a la sexta generación de Griggs la marca convertida casi en patrimonio cultural inglés. Para mantenerse vinculados al negocio y atados a tan beneficioso cordón umbilical, los Griggs se quedaron con el 10% de la propiedad que esta semana, con la revalorización en Bolsa, se ha convertido en 400 millones de euros. La afortunada familia inglesa no son los únicos que se benefician de la repentina revaloración de las botas de origen alemán.

El reparto de acciones privadas, convertidas en públicas, entre los directivos de Dr Martens ha abierto de nuevo el debate sobre multimillonarios instantáneos o los llamados fat cats (gatos gordos) en el reparto de los bienes empresariales. Nils Pratley, analista financiero de The Guardian, calcula que la salida a Bolsa de Dr Martens producirá "unos 50 multimillonarios instantáneos". El director ejecutivo de la marca, Kenny Wilson, no llega a tres años en el cargo, sin embargo, ha visto su parte de la propiedad convertida en 70 millones de euros en Bolsa. Y de éste, hasta el ejecutivo con menor paquete de acciones que quedara igualmente agraciado por la revalorización de las botas contraculturales.

Permira, como la mayor propietaria de Dr. Martens, dio en el clavo con los 360 millones que pagó en 2014 que se le multiplican a día de hoy por diez, siete años más tarde. No obstante, sus inversiones no han corrido la misma suerte en la compañía de asistencia en carretera AA o en el fondo de pensiones privadas Just Retirement donde su inversión va de baja.

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