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 "Para ducharnos hay que ir a una fuente a un kilómetro": la situación extrema de los vecinos de una barriada sevillana

En la barrida de los Pinillos, un goloso conjunto de bloques a tan solo doscientos metros de la estación principal de tren de Santa Justa (Sevilla) vive el peor de las confinamientos familias vulnerables en régimen "ocupado" desde hace años, y que en pleno estado de alarma, se encuentran sin abastecimiento de agua para sus necesidades más básicas.

Imagen de la barrida de los Pinillos.
Imagen de la barrida de los Pinillos.

maría serrano

La radiografía es compleja, aclara Susana (nombre ficticio) a Público. "Somos familias españolas en régimen de alquiler en algunas manzanas, otras familias más vulnerables viven de la chatarra, la venta ambulante o la artesanía, algunas son de etnia gitana, otras de origen rumano, y familias sevillanas con graves dificultades económicas que se encuentran en trámite de desahucio por no poder pagar el alquiler por falta de medios y que nunca han dejado de salir a buscarse la vida" a la calle.

Los Pinillos es un edificio envejecido en medio de una zona en auge. "Sino fuera porque estos edificios los tiene en propiedad un fondo buitre inmobiliario que no ha podido especular con ellos, ya hubieran sido pisos de Airbnb", aclara esta vecina.

Dos veces a la fuente pública para poder, fregar, cocinar, ducharse… Rosi es una de las mujeres que vive con sus hijos en los Pinillos. Sobrevive. Y tiene la necesidad de ir cada día por veinte libros de agua. A pesar de que las autoridades tienen decretado el estado de alarma, sale con ellos. No les queda más remedio para poder cocinar, fregar, hacer sus necesidades y lavarse las manos en la medida que pueden, aunque sabe "que el riesgo de contagio que tienen es elevado".

En los catorce días de confinamiento, Rosi ha salido incluso diluviando a buscar agua a la fuente pública de la plaza Ponce de León, a casi un kilómetro de los Pinillos. "Salimos aún chorreando con mis niños en fila, y llenamos unos 20 litros de agua para cada uno. No nos queda otra. Es la única manera que tenemos de para estar encerrados con dignidad".

Violeta es otra vecina que vive con distintos compañeros en uno de estos pisos. Tampoco tiene agua, pero al ser todos adultos es mucho más fácil de sobrellevar esta situación extrema. "Nos organizamos, racionamos las garrafas y volvemos de nuevo cuando vemos que se ha acabado el suministro". Sin embargo, Violeta no puede evitar emocionarse cuando ve a los niños desde el patio, como los de Rosi, que salen a veces corriendo y desobedecen las normas en su marcha diaria hacia la fuente.

"El día del inicio del estado de alarma estuvieron sin agua más de 24 horas"

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) en Sevilla ha afirmado que las personas que viven los Pinillos, sin relación contractual alguna con la propiedad del inmueble se encuentran en una situación "extrema".

Óscar Mitillo, coordinador del área de marginación y vivienda de APDHA relata que las familias se encuentra "sin agua potable en las viviendas desde noviembre de 2019", cuando fue cortado el suministro. Pero en estos meses nunca habrían imaginado que llegaría un estado de alarma sanitario que cortarían la fuente pública más cercana por una media del Comité municipal de Seguimiento, creado por el ayuntamiento tras conocerse la pandemia del covid-19.

Mitillo, declara que las familias, ante la gravedad de esta situación, "empezaron a llamar el día 17 de marzo sin descanso a servicios sociales de emergencias, a la empresa pública de agua Emasesa, al ayuntamiento para establecer alguna solución". Gracias a la colaboración de concejales como Daniel Rojas, de Adelante Andalucía, después de las 24 horas, familias como la de Violeta o Rosi pudieron de nuevo vivir con una mínima de "dignidad".

Un escrito para reestablecer el agua al Defensor del Pueblo

Mitillo señala que "el miércoles día 18, pese a las demandas presentadas el Ayuntamiento decide no restaurar los suministros cortados en las viviendas", ya que la mayoría de ellos no se encuentra empadronados en el barrio, un requisito esencial para poner de nuevo el enganche y dar suministro. A pesar del miedo, veinte vecinos decidieron trasladar esta situación ante el Defensor del Pueblo Andaluz, Jesús Maeztu, solicitando, según Mitillo, "la pronta restitución del servicio de agua en las viviendas, al menos el tiempo que dure el estado de alarma".

APDHA ha ayudado a denunciar la situación "inhumana" de estas familias. "Entendemos que el estado de alarma busca proteger a las personas, no potenciar su castigo.

Violeta cuenta a Público que el miedo no esta solo está en la piel de los las mayores que también viven solos en los Pinillos. "Hay niños que viven aquí, y familias que no entienden nuestro idioma y creen que este virus va a acabar con ellos por las imágenes que les traslada las televisiones". También hay pánico de que vuelvan a llegar los agentes para echarlos definitivamente de sus casas por la orden de desahucio. "En las paredes del bloque, deterioradas por el paso de los años, se escuchan a los niños lloran. Se traumatizan por no saber que va pasará en los próximos días".

Susana afirma que en cada llamada de teléfono a las emergencias del gobierno local les dicen que están en una cola de espera "que es cuestión de paciencia" pero que desespera de ver así a sus vecinos. "Es una situación demasiado difícil, vivir sin la más mínima higiene para que sus hijos puedan combatir el virus".

Pero entre los vecinos existe un lazo invisible de solidaridad que solo ellos vislumbran en el paso de los días de encierro. Rosi señala que la ayudan con alimentos, que llaman a los comedores sociales para saber cuál de ellos puede acudir con los niños. "Allí nos dan un bocadillo para todos pero menos es nada". La supervivencia persiste, igual que las ganas de luchar en este compleja barriada de los Pinillos.

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