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Entrevista a Blanca Fernández Ochoa "Las mujeres siguen siendo discriminadas en el deporte"

Hace 25 años consiguió la proeza de ser la primera española en colgarse una medalla olímpica. Hoy, Blanca Fernández Ochoa, reconoce que ese trofeo le supuso grandes sacrificios por los que no tuvo que pasar su hermano Francisco.

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Blanca Fernández Ochoa

Fue una pionera. Veinticinco años atrás consiguió la primera medalla olímpica femenina para España en los juegos de invierno de Albertville. Un bronce en eslalon, tras el cual abandonó la práctica del deporte.

Afirma que a las mujeres les cuesta mucho más alcanzar los sueños y el éxito y reconoce que su medalla olímpica le supuso sacrificios que su hermano Paco no tuvo asumir. “Él tenía a su mujer que cuidaba a sus hijos. Yo sin embargo, no podía plantearme ser madre”. “A las mujeres se nos sigue menospreciando”. Hoy tiene 53 años y nos recibe en su casa de Las Rozas, muy alejada de las montañas de Cercedilla que marcaron para siempre su personalidad y la llevaron a lo más alto.

¿Se considera usted un mito?

No. Algunas veces me lo dicen: ‘Blanca, tú eres un mito viviente'. Pero yo no lo creo. Mito fue mi hermano Paco. No creo que esa sea la palabra que me defina. No la quiero.

¿Entonces cuál la define?

Quizás he sido la liebre, la mujer que abrió la parrilla de salida de las medallas olímpicas femeninas en nuestro país. Pero sólo eso. Luego el tiempo pasa y te das cuenta de que todo vuelve a ser como antes.

¿Y eso es duro?

No, porque te adaptas y entiendes que lo pasado, pasado está y que está bien así. Si quieres seguir siendo tú misma, debes demostrarlo cada día.

¿No regresa con frecuencia a aquel año 92?

No, yo no. Son ustedes, los periodistas, los que cada vez que llega el invierno me llaman y me lo recuerdan. Sobre todo ahora que se acaban de cumplir 25 años desde que conseguí la medalla. Pero yo ya dejé de hacerlo, ya pasó ese momento.

¿Cuánto ha cambiado desde aquel año?

No mucho. Sigo teniendo la perseverancia de entonces y sigo siendo tan trabajadora como antes. Yo no tenía el talento de mi hermano, pero llegué hasta donde me lo propuse. ¿Por qué? Porque me machacaba mucho e insistía hasta donde hiciese falta. Tuvo que ser eso.

¿Entonces es usted un ejemplo de sacrificio?

Ejemplo, ejemplo...., no sabría decir...

¿El hecho de ser mujer supone sacrificios extra?

No me gusta generalizar. Sobre todo porque yo he visto a hombres como el atleta Fermín Cacho machacarse hasta el infinito entrenando. No sabía que se podía llegar a tanto. Coincidimos en concentraciones y vi a ese hombre con mis ojos. Pero sí es verdad que las mujeres tenemos algunos puntos en contra porque si quieres llegar lejos en el deporte, tienes que aplazar muchas cosas, incluido tu instinto maternal. Y eso puede ser muy duro. A mí me hizo ver que o ponía la quinta marcha o iba a ser una mediocre.

¿Cree que eso cambiará algún día?

No sé qué pasará mañana, pero hoy por hoy no. Me parece que a las mujeres se nos sigue menospreciando, pero siempre salimos adelante. Llevamos toda la vida demostrando que valemos tanto para un roto que para un descosido y no se nos caen los anillos por reconocerlo y por demostrar que, en algunos casos, tenemos valores superiores a los de los hombres.

P. ¿Se considera usted feminista?

No, hasta ahí no creo que llegue, porque eso a veces significa no aceptar que nosotras tenemos limitaciones. Y las tenemos. Y no pasa nada por reconocerlo. Nuestro rendimiento en el deporte nunca se aproximará al de los hombres porque no puede ser. Somos animales diferentes. Pero en muchos otros ámbitos podemos ser tan buenas o mejores que ellos. Hay mujeres que lo demuestran cada día.

¿A qué se dedica usted ahora?

He tenido que reinventarme. Nuestra familia ha tenido que hacerlo porque la crisis nos obligó a cerrar nuestras tiendas de ski. Hoy he encontrado un trabajo que me satisface. Hago sesiones a domicilio como entrenadora personal. Los objetivos de la gente que me pide ayuda son mis objetivos. No imaginaba que pudiese llenarme tanto.

¿Qué fue de la vanidad de la medallista olímpica?

Siempre va a estar ahí. Pero con el tiempo se ha suavizado. Tenía que ser así. Una no ha dejado de ser humilde pero también me gusta que me reconozcan o que tengan detalles conmigo. El ego de las personas es algo que existirá siempre.

¿Cree que el ego pude ser peligroso?

Para mí no lo fue. Yo no tenía tanto ego. Al contrario. Ni siquiera cuando fui medallísta olímpica. Eran mis hermanos los que me recordaban: 'Blanca, date cuenta de que has sido la mejor'. Alguna vez me dieron hasta un cachete para recordármelo porque daba la impresión de que a mí se me olvidaba.

Ahora, que no hay ninguna esquiadora española, se lo recuerdo yo.

Pero es que eso no es tan raro, porque no somos un país alpino. Lo raro fue lo nuestro, que entrásemos en el equipo nacional como promesas y saliese yo y saliesen mis hermanos Luis y Lola...

¿No fue un milagro?

A veces, yo también lo pienso. A los 11 años, yo apenas sabía esquiar. Pero entonces, después de la medalla de mi hermano Paco, me hicieron unas pruebas físicas para ver si tenía su genética y resultó que sí. Me seleccionaron y me fui al valle d'Aran donde me quedé interna. Estudiaba y esquiaba al mismo tiempo... Pero lo que no olvidaré nunca son los comentarios que tuve que escuchar, 'esta es la enchufada', 'la hermana de Paquito'...., mil cosas que me espolearon para siempre y que me obligaron a ir a por todas. Luego, demostré que yo no era la enchufada de nadie.

Heroína, la vamos a llamar.

No por broma, pero así es como me llaman muchos amigos míos.

Será porque es verdad.

Yo peleé con las mejores del mundo en mi época. Tengo cada anécdota... Llegué a los Juegos Olímpicos de Calgari, donde ya debía haber sido medallista, y dos días antes veo llegar un trailer del equipo canadiense del que empiezan a salir redes, balones medicinales, pesas, esquis por un tubo, hasta 60 pares diferentes según me dijeron. Y frente a todo eso estaba yo, que llevaba un ski de entreno y otro de carrera. Entonces me di cuenta de que la heroicidad era estar allí sin apenas medios....

Ser la mejor no siempre es una cuestión de dinero.

Pero hacen falta medios. Mire, yo lo veo ahora con mi hija que acaba de entrar en la selección nacional de rugby. Ahí tienen fisioterapeuta, preparador físico, nutricionista.... Y vuelves a darte cuenta de que debe ser así. Porque si tú no lo tienes es una ventaja que le das a los demás. Y, si quieres ganar, no se puede dar ventaja a nadie.

¿Qué cenó la noche antes de la medalla olímpica?

Carne seguro que no.

Los deportistas y la carne nunca hicieron matrimonio.

El último año de mi carrera tuve un nutricionista que nos hizo ver que la carne no era lo más oportuno para competir. Tiene toxinas y ralentiza el músculo. Y aquello, que me pareció un detalle de lo más tonto, hoy mi hija lo aplica a rajatabla en su dieta: nada de lácteos, mucha verdura, todo integral... ¿Quién me lo iba a decir a mí? Ahora, parece que voy a la compra con un manual de instrucciones para que ella siga cada paso....

¿No va su marido?

¡No, por favor! Es que ni me lo imagino.

¿Cosas como esa marcaron la diferencia entre su medalla y la de su hermano Paco?

Sí, así es. Él pudo centrarse totalmente en el deporte porque ya estaba su mujer para ocuparse de sus hijos. Si lo comparas conmigo, ¿cómo lo haces? ¿Qué comparación tiene? Yo tuve que esperar a dejar el deporte para ser madre. El no y no le cambió la vida.

¿Las mujeres juegan con desventaja?

Efectivamente. Son el tipo de preguntas que usted nunca le haría a un hombre porque esto es así. La vida es así. Es como si me hubiese preguntado quién se ha ocupado en casa más de sus hijos, usted o su marido. Tendría que contestarle, 'yo, 200 o 300 veces más'.

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