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Un equipo de fútbol sala de Lugo se convierte en el primero de España en tener un convenio laboral para sus jugadoras

El Pescados Rubén de Burela pretende promover la igualdad en el fútbol “desde la base hasta los equipos profesionales”, por eso se ha convertido en el primero que ha igualado las condiciones laborales de ellas con las de sus compañeros.

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Algunas jugadoras del Burela celebran un gol durante un partido | Cedidas a Público

El Pescados Rubén de Burela, un club de fútbol sala de la localidad lucense de Burela, va camino de convertirse en el primer club deportivo español de la especialidad con convenio colectivo para las jugadoras de sus equipos femeninos, similar al que ya disfrutan sus compañeros varones. El club lo ha anunciado al tiempo que la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) hacía público que negocia con los clubes y con la Real Federación Española de Fútbol un convenio sectorial para los equipos de fútbol “grande” femenino.

Burela es un municipio pesquero de 10.000 habitantes ubicado en pleno litoral cantábrico. El Pescados Rubén –lo patrocina una compañía pesquera de una localidad cercana- se fundó en el año 2001 en torno a un veterano equipo de fútbol sala masculino, y desde el 2008 cuenta también con una división femenina.
El equipo de los hombres juega en Segunda División, pero el de chicas les supera en categoría: están en Primera desde hace años, y de hecho ganaron la Liga española en dos ocasiones: en la temporada 2012-2013 y en la 2015-2016.

También se hicieron con la Copa del 2013 y con la Supercopa del 2015. Este año terminaron cuartas en una competición con dieciséis formaciones de toda España. El pasado 9 de agosto, la directiva del Pescados Rubén de Burela anunció que negociaría un convenio colectivo con sus jugadoras, partiendo del acuerdo ya existente para su división masculina “pero adecuado a la realidad y a las necesidades del deporte femenino”. Y espera que esté listo en septiembre para que entre en vigor en la temporada 2018-2019.

El club asegura que el convenio forma parte de su trabajo por la igualdad en el fútbol sala, desde la base a los equipos profesionales. También en el aspecto salarial. Y recuerda que lleva años “profesionalizando los contratos de sus jugadoras, cuyas cláusulas siempre se contemplaron desde la condición de deportistas y sin diferenciar el sexo”.

Hay cinco chicas que cobran más que seis de sus compañeros

“El año pasado todas las jugadoras, salvo una que estaba todavía en edad juvenil, tenían contrato profesional. Y de hecho hay cinco chicas que cobran más que seis de los jugadores del equipo masculino”, explica José Luis Sáez Castro, vicepresidente segundo. Subraya que el club no sólo reivindica la igualdad de sexos, sino la justicia social y unas condiciones dignas para todos los que trabajan en él, incluidas, evidentemente, las mujeres: “Todas las jugadoras cobran salarios dignos que les permiten vivir de su trabajo. Como no puede ser de otra manera en una empresa”, afirma.

“A todos los jugadores varones, cuando llegan, les damos su convenio, sellado, para que conozcan desde el principio sus derechos y sus obligaciones. Y este año decidimos extenderlo también a las jugadoras. Ojo, somos un club puntero y exigente, no una ONG. Y cuando tenemos que tomar la decisión de no renovar a un jugador o una jugadora, como sucede en cualquier equipo, no lo hacemos. Pero ahí es cuando nos damos cuenta de que nadie se quiere ir”, concluye.

El club que más protege a sus jugadoras

Una de las jugadoras que acaba de renovar es Beatriz Mateos Galache, una salmantina de 31 años que lleva seis temporadas en el Pescados Rubén y una de las dos capitanas del equipo. Suscribe esas palabras: “No conozco otro club que proteja tanto a sus jugadoras. Nos tratan como lo que somos, como trabajadoras, y no como a mercancía. Tener un convenio que nos equipare a los chicos es un primer paso que puede mover a otros clubes a hacer lo mismo”, señala.

Mateos defiende derechos elementales de las jugadoras, como ser madres, algo muy infrecuente en el deporte profesional. Y especialmente en el fútbol, donde no es extraño que las jugadoras se vean obligadas a firmar contratos con cláusulas tan machistas como ilegales, que incluso las comprometen a no quedarse embarazadas y que equiparan las sanciones por maternidad a las que se aplican por dopaje.

Beatriz se posiciona con firmeza frente a ese tipo de prácticas –“Es increíble que en el siglo XXI sigan pasando estas cosas”-. Y también lo hace el vicepresidente del club: “Es indignante. Y no sólo por el club que impone esas cláusulas. También por quienes participan en eso. No sé cómo a los abogados o a los asesores que se atreven a incluirlas en un contrato no se les cae la cara de vergüenza”.

En diecisiete años de historia, el Pescados Rubén de Burela ha pasado de tener un centenar de socios a casi mil esta temporada. Es decir el equivalente al 10% de la población de Burela. Aunque no habla de socios, sino de socios/as, la terminología que emplean en su web y en sus notas de prensa. También es pionero por contar en su ejecutiva con una Vicepresidencia Primera de Igualdad. Este año disponen de un presupuesto de 800.000 euros, es decir, más de cien veces menos que los que manejan de los grandes clubes de fútbol de España. Se admiten opiniones sobre quién de ellos hace más por el deporte y la igualdad en este país.

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