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Los lugares de vacaciones más peligrosos, los más masificados … y los más recomendables

Elegir bien las vacaciones estivales es una cuestión que requiere suerte para volver al reinicio laboral con la retina cargada de buenas vibraciones. Pero el azar también depende de la planificación. Guía para acertar con tu destino vacacional en 2018.

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Vista general de Dubrovnik (Croacia)

Hay determinados países con un riesgo evidente para la propia supervivencia. Las cancillerías occidentales, de donde parte el mayor número de turistas con poder patrimonial y fechas para el ocio y el esparcimiento, ponen a disposición de sus ciudadanos una lista de lugares a los que no recomienda acudir. El Foreign Office británico es uno de los servicios diplomáticos con más trayectoria y bagaje en este tipo de consejos y, quizás, el que más predicamento ha logrado en identificar esos enclaves con elevada peligrosidad. En su última edición, la que se mantiene como oficial para este periodo estival, señala ocho estados con probabilidades más que notables de albergar atentados terroristas. La lista no resulta sorprendente, claro.

Pero no por ello supone una alerta precoz para viajeros con un espíritu más aventurero que recreativo a la hora de elegir sus vacaciones. En ella figura Yemen, territorio cuyo ciudad-santuario de Saná, considerada por la ONU como patrimonio de la humanidad, pero una de las más peligrosas del mundo para viajar. Las líneas aéreas han restringido sus vuelos, poco o nada periódicos, a un ramillete de destinos, debido a su inestabilidad. Foco de ataques terroristas habituales y refugio de la piratería que ha operado, desde años recientes, en el Mar Rojo y el Índico, tiene un frente bélico abierto bajo la financiación de Arabia Saudí y la intervención, más o menos velada, de Irán. La recomendación del Ministerio de Exteriores británico no sólo es de no trasladarse a estas latitudes, sino de que cualquier persona “deje inmediatamente” el país.

Junto a Yemen, menciona a Myanmar, destino de británicos que atraviesan Asia y que se sienten atraídos por la belleza del país. Pese a que la junta militar que gobernó durante décadas el país ya está, oficialmente, fuera de las estructuras gubernamentales, la gestión política del país que, desde marzo de 2018, lideran el presidente Myint Swe y la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, ha incrementado su inestabilidad y, por ende, su nivel de peligrosidad a raíz del conflicto con los 600.000 refugiados rohingyas, de minoría musulmana. El Foreign Office también aconseja salir con rapidez del país por razones de seguridad. Colombia, paraje de paisajes espectaculares, pese a los acuerdos de paz con los grupos guerrilleros que ocuparon amplios territorios del país, tiene una lista de varios centenares de muertes violentas. En especial, en las áreas fronterizas con su vecino, Venezuela, donde los cárteles de la droga y los grupos que trafican con armas ilegales se han asentado. En especial, en torno a los puertos de Buenaventura, departamento de Valle de Cauca, y de Tumaco, en la región de Nariño. Las lluvias torrenciales y el riesgo de contagio del virus del Zika tampoco juegan a favor. Turquía y Egipto se encuentran entre los destinos que no resultan recomendables. El riesgo de atentado se valora como muy alto en dos destinos que, en el pasado reciente, eran dos de los predilectos de los turistas británicos.

La peligrosidad es sinónimo de terrorismo. Quizás, el más claro de los componentes de riesgo a la hora de decidir desplazamientos. Pero hay otros relacionados con la seguridad. International SOS cita otras áreas conflictivas, que coinciden con la visión de la diplomacia británica. Corea del Norte, “en especial, por sus leyes, bastante diferentes a las del mundo occidental”, que llevan aparejadas sanciones si alguien entra en un país con una restricción casi absoluta de permiso de ingreso en sus límites fronterizos.

Siria, con una expansión a toda escala de operaciones militares en su territorio y donde países como Reino Unido han retirado a su personal diplomático. Entre este listado también se encuentran Afganistán, a donde sólo se recomienda ir con personal de seguridad, por la considerable amenaza de coches-bomba. India, por el alto nivel de polución y potenciales problemas de salubridad en no pocas zonas del segundo país con más población del planeta. O la República Dominicana por el riesgo de huracanes entre junio y septiembre y de las mínimas normas de higiene que surgen tras este tipo de inclemencias meteorológicas extremas por la acumulación de lodo y la falta de limpieza de ciertas fuentes de agua. Fuera de los resorts, donde estas cuestiones están solucionadas, la estancia en esta idílica isla caribeña se complica. También por el aumento de grupos delictivos, armados, que roban especialmente a turistas a lo largo de la frontera con Haití.

Pero, ¿y en Europa? Francia, Alemania y Turquía tienen la calificación de lugares muy propensos para sufrir un ataque terrorista. Los ataques “pueden ser indiscriminados” en suelo francés, en donde el propio gobierno advierte de que se extremen las precauciones en lugares públicos, al igual que pide el Gobierno de Berlín a los visitantes que se encuentran en su territorio. Daesh se ha marcado como objetivo actuar en periodos vacacionales. Esta vigilancia también se extiende a Bélgica y a Rusia, donde el riesgo de secuestro y de robo a extranjeros se ha agudizado, pero también en Reino Unido, donde el MI5 mantiene en alerta severa el riesgo de atentado.

Fuera del diagnóstico de la seguridad aparecen otros motivos. Dentro de los que la masificación de personas es uno de los más determinantes. Bajo esta perspectiva, la propia industria turística se hace eco de varios destinos de alta densidad demográfica durante la época estival. En Cinque Terre, donde su ubican las cinco espléndidas villas de la Riviera italiana, sopesa establecer una cuota de turistas de 1,5 millones al año para combatir el exceso poblacional durante los recesos vacacionales. Venecia, Barcelona o el Taj Majal están entre los doce destinos con riesgos de este tipo, lugares donde se llega a duplicar el número de pernoctaciones. Pero hay más.

1.- Isle of Skye (Escocia)

En 2017, el puente de esta isla, la más larga de Escocia y su mayor infraestructura viaria, se llegó a tambalear por la intensidad de tránsito de turistas y vehículos que se apilaban en su estrecha estructura de camino a las alejadas piscinas naturales de Glenbrittle, en las que se observa una de las puestas de sol más espectaculares, la de Elgol. Ejércitos de personas se desplazan hacia este enclave, pese a que tienen alternativas similares como la pequeña isla de Rum, Muck o Eigg.

2.- Barcelona (España)

La capital catalana fue visitada en 2016 por 34 millones de turistas, un 25% más que en 2012, lo que ha provocado manifestaciones de residentes no sólo por el caudal sin límite de visitantes, sino por el comportamiento durante la noche de muchos de ellos. En vías públicas y en locales que ha puesto en un brete el negocio de Airbnb por la limitación, por parte del Ayuntamiento Condal, de la oferta de alojamientos privados.

Atardecer en Barcelona. / Walkerssk

3.- Dubrovnik (Croacia)

Las autoridades de la ciudad planean imponer un visado de entrada a 4.000 visitantes diarios. En agosto de 2016, pasearon por las rampas del siglo XV 10.388 personas en un solo día, muchos atraídos por los exteriores donde se grabaron escenas de Juego de Tronos. Por su ancestral e histórico puerto desembarcaron cerca de 800.000 personas ese año, aunque la mayor parte de ellas apenas permanezcan tres horas en la ciudad.

4.- Venecia (Italia)

Sus residentes han descendido a unos 55.000 en respuesta a la masificación turística. Alrededor de 30 millones de personas acuden a la ciudad italiana anegada por las aguas del Adriático y con canales con alta saturación de góndolas y del transporte público navegable.

5.- Santorini (Grecia)

La isla de las Cícladas es un destino altamente popular. Casi dos millones la visitaron en 2017 y, de ellos, 850.000 alcanzaron su terreno a través de cruceros o ferries que les dejaron en la misma caldera del volcán. La isla ya sólo acoge 8.000 entradas diarias en su isla mayor. Es uno de los sitios donde resulta fácil perder la calma. Incluso en vacaciones.

6.- Bhutan.

Otro lugar con alto impacto turístico. A pesar de que sus visitantes deben pagar entre 200 y 250 dólares, según la estación del año, por su estancia.

7. Taj Majal (India)

Hasta ocho millones de turistas visitan cada año este colosal mausoleo. Una gran parte de ellos se llevan consigo una experiencia caótica. Por las aglomeraciones, la polución del río Yamuna que lleva asociado apreciar su amarillento mármol. Unas 40.000 personas diarias se acercan a este icónico templo del budismo. Tiene tasa turística. Pero ridícula: 40 rupias, unos 50 céntimos de euro.

Taj Majal./Wikipedia

8.- Everest (Nepal)

El reino del montañismo ha visto cómo los retadores de sus ocho ochomiles han proliferado sin remedio. A pesar de que los sherpas locales adviertan del riesgo de sobrepoblación o de que el precio por obtener el permiso de subida al Everest supere los 11.000 dólares. En 2015, tuvieron que limitar la entrada de quienes pretenden desafiar la escalada en la Cordillera del Himalaya.

9.- Machu Pichu (Perú)

Unas 5.000 personas visitan a diario este enclave recomendado por la UNESCO. Sin restricción de entrada, aunque bajo un horario riguroso para visitar este vestigio de la civilización inca.

10.- Islas Galapagos (Ecuador)

El más famoso de los hábitats naturales marítimos del planeta ha empezado a regular la entrada de turistas. Pero, aun así, el Gobierno ecuatoriano tendrá que avanzar en los límites al tránsito especial que exige, dada la elevada demanda turística.

11.- Cinque Terre (Italia)

Lugar con una creciente petición de sus residentes por controlar los flujos de visitantes. Sobre todo, los que acuden a través de las líneas regulares de ferries, principal cauce de entrada para visitar las cinco villas de Cinque Terre.

Cinque Terre (Italia)

12.- Antártida.

Los movimientos ecologistas alertan del impacto de los visitantes a esta reserva del planeta. Un sinfín de botes, algunos con más de 500 pasajeros a bordo, navegan por el sur de este continente helado para eludir el cumplimiento del centenar de estrictas normas que se les requiere a las personas que acuden a este recóndito lugar.

En cambio, si lo que más se evalúa es el gasto asociado al periodo vacacional, hay destinos que son prohibitivos. Un estudio de GOBanking Rates elige los veinte más caros y más baratos según varios indicadores. Entre otros parámetros, evalúa las tarifas medias de hoteles durante etapas estivales o el gasto medio de desplazamiento hasta el destino estacional desde los aeropuertos, estaciones de tren o puertos de entrada a las ciudades. También las tarifas aéreas o los billetes combinados de desplazamientos.

Favela Rocinha en Río de Janeiro. /EFE

Según sus baremos, que oscilan de los 22 a los 316 dólares en alojamientos, por noche, y entre 135 y 2.003 dólares en gastos de avión, por ejemplo, los destinos que harán resentir en mayor proporción los bolsillos de los turistas son Las Bahamas, Hawaii, Seattle, Buenos Aires, Oporto, Amsterdam, Hamburgo, Edimburgo, Dublín, Copenhague, Los Ángeles, San Francisco, Atenas, Roma, Barcelona, Vancouver, Boston, París, Nueva Orleans y Nashville, en Tennessee. Mientras que los veinte más baratos son Las Vegas, Washington, Orlando, Miami, Bangkok, Nueva York, Austin (Texas), Montreal, Puerto Rico, Cabo San Lucas y Cancún (México), Bali, Key West (Cayo Hueso, en Florida), Londres, Portland, Virginia, Singapur, Savannah (Georgia), Río de Janeiro y San Diego en California.

Pero, para los más altruistas, aquellos que viajan sin tener demasiado presente los gastos, con la motivación primordial de visitar lugares especialmente reseñables por su atractivo paisajístico por criterios históricos u otro tipo de razones similares, las sugerencias de fuentes como Lonely Planet, opiniones de bloggers o influencers o comentarios dejados en webs como la de Airbnb, hay una lista de 15 destinos que, según sus experiencias, se deberían descubrir en vacaciones.

Ascenso al Royal Highlander Festival en Laya, enclave de Buthan, a casi 4.000 metros de altura donde se celebra un evento sobre cultura nómada del Himalaya. Acudir a la concentración de coches clásicos en Viñales (Cuba). Acantilados de la costa del Alentejo (Portugal), con excursión a El Algarve. Empaparse de la Capital Europea de la Cultura 2018: La Valeta (Malta). Desarrollar actividades de apoyo a comunidades afectadas por los huracanes de 2017 del Caribe. Descenso de cañones en Antelope (Utah). El remanso de paz, en verano, de Tokio, sede de los Juegos Olímpicos de 2020. Navegar por Nusa Lembongan (Indonesia). Deleitarse con las armoniosas noches estivales con luz de Islandia, Noruega y los fiordos. Explorar alguno de los más remotos enclaves de Tierra de Fuego, en Chile. Hacer kayak en el Lago Bled, de Eslovenia. Aprender todo sobre la historia de la esclavitud en la Plantación Whitney, en Luisiana. Disfrutar del tapeo de Sevilla. Sumergirse en los alrededores de la Isla de San Miguel, en las Azores. O un crucero más senderismo por puntos de Escandinavia próximos a la costa, como el de Trollfjord, en Noruega.

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