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El fiscal Arias, ante la tarea de resolver el puzzle de los abusos sexuales de la Iglesia chilena

El entramado de casos comienza a cobrar "un aspecto más propio de lo que podría ser el crimen organizado, por así decirlo, o del delito cometido al interior de una organización", dice el responsable de la investigación

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El fiscal regional de O'Higgins, Emiliano Arias, durante un entrevista con Efe en la ciudad de Rancagua (Chile). EFE/Jose Caviedes

Un entramado de casos sobre la presunta comisión de delitos de encubrimiento, abuso sexual, pederastia y estupro en el seno de la Iglesia católica de Chile durante décadas es el puzzle que el fiscal regional de O'Higgins, Emiliano Arias, trata de resolver desde hace meses.

Un puzzle que comienza a cobrar "un aspecto más propio de lo que podría ser el crimen organizado, por así decirlo, o del delito cometido al interior de una organización", dijo Arias en una entrevista a Efe.

El fiscal explicó que eso se debe a que no sólo participan los autores de los delitos, sino también otras personas son partícipes, "los cómplices y los encubridores".

"Es un fenómeno bastante parecido a la corrupción. La característica fundamental de la corrupción y por qué es tan peligrosa es porque es muy viral, en el sentido de que se comete y se involucra en el acto de corrupción no solo el delincuente (...) sino también todos aquellos que participaron en ese hecho y no denunciaron, o que participaron y recibieron", agregó.

El fiscal trabaja en 70 investigaciones por abusos a 155 víctimas, con más de 60 sacerdotes imputados,

Arias recalcó que la Iglesia no es una organización mafiosa o criminal, ya que ese calificativo jurídico está condicionado a que la organización "tendría que haberse formado para cometer esos ilícitos".

Sin embargo, lo que sucede en este caso es que se cometen los delitos dentro de una organización, la Iglesia, sin esa finalidad criminal.

Arias trabaja en estos momentos con 70 investigaciones por abusos sexuales en relación a 155 víctimas y con más de 60 sacerdotes imputados, numerosas piezas de un rompecabezas que se amplía con el paso de las semanas con nuevas declaraciones o registros.

Unas cifras que se suman a las indagaciones que se llevan a cabo en otras regiones de Chile y que, según la Fiscalía Nacional, abarcan 119 investigaciones abiertas a nivel nacional, con 167 personas imputadas y 178 víctimas cuantificadas hasta finales del pasado agosto, 79 de las cuales eran menores en el momento de los hechos.

La gran mayoría de estas piezas del gran puzzle sobre abusos sexuales en el seno clerical la conforman sacerdotes y religiosos, pero también laicos, e incluso siete obispos.

El fiscal regional de O'Higgins, Emiliano Arias, durante un entrevista con Efe en la ciudad de Rancagua (Chile). EFE/Jose Caviedes

Precisamente la del obispo (en Chile hay 34) "es un figura central" en toda la problemática en torno a los escándalos que siguen aflorando en el país, aunque Arias puntualizó que no es exclusivo de Chile y mantiene "patrones similares" con otros casos en Irlanda, Estados Unidos y Australia.

"El obispo es una figura central en las investigaciones canónicas. Es quien inicia la investigación, determina quién hace la investigación, examina el informe del investigador para saber si son verosímiles o no los hechos que se le imputan a una determinada persona", dijo.

"Es, en cierta manera, quien decide no informar de estos hechos a la Justicia civil", puntualizó el fiscal.

Por esos motivos, Arias está pendiente de la declaración del arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati, imputado por la presunta comisión del delito de encubrimiento.

"La conducta del encubridor [de los obispos] fue la que posibilitó la comisión de estos delitos de manera reiterada"

"(Los obispos) pudieron haber evitado que se siguieran cometiendo ciertos delitos, por ejemplo, haber denunciado ante la Justicia civil oportunamente hechos graves", afirmó Arias.

Agregó que "la conducta del encubridor, si es que acredita, sin duda fue la que posibilitó la comisión de estos delitos de manera reiterada".

El tiempo que ha pasado, décadas, sin que estos casos saliesen a la luz es el principal factor que el fiscal de O'Higgins tiene en contra para resolver el entramado, que ahora lidera a nivel nacional tras ser nombrado persecutor referente de estas causas.

La prescripción de la mayoría de los casos (la Fiscalía Nacional informó a finales de julio de que algunos datan de 1960) es lo que retrasa el avance de las investigaciones.

Arias señaló que, aunque recopile denuncias y obtenga documentación en registros a edificios religiosos (ha realizado seis en menos de tres meses, entre ellos dos veces el arzobispado de Santiago), muchas quedan archivadas.

El fiscal regional de O'Higgins, Emiliano Arias, durante un entrevista con Efe en la ciudad de Rancagua (Chile). EFE/Jose Caviedes

Aunque matizó que utiliza una herramienta jurídica, "interrupción de la prescripción se llama", dijo, le está permitiendo actuar con retroactividad.

"Si el delincuente comete un delito en 2002, prescribe en 2007. Siempre y cuando no cometa otro delito en el plazo intermedio. Si comete otro delito, por ejemplo, en 2004, se interrumpe y empezamos (a contar para la prescripción) de nuevo. Eso es lo que estamos haciendo en todos los casos", aclaró.

Con este proceso, consiguió la imputación del ex alto cargo del arzobispado capitalino Óscar Muñoz, por la presunta comisión de abusos sexuales y estupro contra cinco menores en casos que datan de 2002, acusación por la que fue decretada su prisión preventiva hace más de un mes.

Romper el silencio que durante años guardaron las víctimas ante la impunidad reinante en el seno de la Iglesia es lo que Arias pretende para seguir agregando piezas a su puzzle.

"Nuestra máxima ambición es contar con el máximo número de víctimas que confíen en nosotros, para que nos expliquen, porque ellos son los únicos que nos lo pueden explicar, por qué pasa esto y por qué no se denunció", dijo Arias.