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El Garraf Catalunya El Garraf: el gran vertedero de Barcelona que se cerrará, pero seguirá contaminando durante décadas

La previsión es que las obras de restauración del entorno finalicen este verano. Los ecologistas advierten de la contaminación de las simas y se muestran preocupados por los temblores detectados durante las últimas semanas.

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El vertedero del Garraf durante las obras de restauración. — Raúl Cano / ACN

BARCELONA,

El vertedero del Garraf es parte de la herencia ambiental que el franquismo dejó en el mapa catalán, después de que el 1974 se inaugurara desoyendo las críticas de espeleólogos, ecologistas y el mundo académico. Allí se han abocado durante tres décadas residuos que han contaminado y contaminan las aguas subterráneas, el terreno y las simas, y han perturbado el paisaje del Massís del Garraf, con especial afectación para los vecinos de Begues y Gavà. Este verano está previsto que finalicen las obras de restauración del entorno, a pesar de que se prevé que las consecuencias en del desastre se alarguen entre 40 y 50 años más.

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Ubicación sin miramientos ecológicos

Durante los años 70 del siglo pasado, la ciudad de Barcelona y su área metropolitana no hacía más que aumentar la generación de residuos. Gran parte de estos se vertían en Montjuic, hasta que en 1971 la lluvia provocó una avalancha de aguas sucias hacia el barrio de Can Clos. "Entonces urgió encontrar otra ubicación. Un lugar que estuviera cerca de Barcelona con montañas más o menos grandes y con un valle profundo", explica Jaume Grau, de Ecologistes en Acció.

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La oposición ciudadana no evitó que el vertedero tirara adelante. "Se formó la Coordinadora Salvem el Garraf, pionera en el movimiento ecologista catalán", explica Grau. También estaban en contra los espeleólogos, que como narra el presidente de la Federación Catalana de Espeleología (FCE), Lluís Domingo, conocían al detalle el terreno calcáreo del macizo, lleno de cavidades y de erosión fácil por donde se podían colar los desechos: "El Garraf es la cuna de la espeleología catalana".

Obras de restitución

Grau: "Se han recibido alrededor de 28 millones de toneladas de residuos"

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La falta de controles permitió que se depositaran desechos sin ningún filtro, según asegura Grau. "Se han recibido alrededor de 28 millones de toneladas de residuos. Oficialmente, todos son sólidos urbanos, pero nunca hubo ningún control". El ecologista asegura que los mismos conductores de camiones narran haber llevado residuos industriales, hospitalarios y electrodomésticos con líquidos contaminantes. No fue hasta los años 90 que se aprobaron las primeras leyes de gestión de los residuos en la primera consellería de Medio Ambiente de todo el Estado español, dirigida por Albert Vilalta, que surgió ante la presión de los ambientalistas contra el Govern de Jordi Pujol. Finalmente, en 2006 se cerró el vertedero para proyectar unas obras de restitución del medio.

Las obras tenían que devolver la Vall d'en Joan, donde está ubicado el vertedero, a un estado ecológico y paisajístico óptimo. También debían sellar la superficie del terreno para evitar que se colara el agua de la lluvia, la extracción y tratamiento de los lixiviados –el líquido que se produce por la descomposición de desechos–, y el biogás que generan los residuos. Después de un parón por la crisis económica en 2010, en 2018 se volvieron a reiniciar los trabajos coincidiendo con las fuertes lluvias que llevaron los lixiviados hasta el río subterráneo. Un fuerte hedor llegó entonces a los vecinos de la zona, que urgieron que se pusiera una solución. "El agua se contaminó fácilmente corriendo por las cavidades hasta llegar al río de la Falconera, uno de muy caudaloso por un lugar tan seco", recuerda Jaume Grau.

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Impacto ecológico

"El vertedero se situó en el corazón del Garraf, en la Vall d'en Joan, una de las más importantes del parque", explica el activista ecologista. A poca distancia se encuentra el punto más alto, La Morella, desde donde muchos días los excursionistas huelen el tufo que desprenden los residuos. El vertedero no solo molesta a vecinos, también a la biodiversidad. El tráfico de los camiones que iban y venían también asustó al águila perdicera y a otras especies del entorno. Ahora, Lluís Domingo asegura que el entorno más superficial ha mejorado con las obras: "Los trabajos se han ocupado de mejorar el hábitat de especies".

Domingo: "Los trabajos se han ocupado de mejorar el hábitat de especies"

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A todo ello se suma la enorme contaminación atmosférica que genera el vertedero. Según un estudio de la FCE, la Universitat de Barcelona y la Universidad de Almería, genera un 10% de las emisiones de toda el área metropolitana de Barcelona: "La fermentación de la materia orgánica genera metano y CO2, el llamado biogás". Durante los años de obras al vertedero, se ha recogido este biogás para aprovecharlo generando energía, pero ahora con las nuevas obras de sellado se está dejando de hacer: "La administración tiene que explotar el biogás, aunque no sea rentable, para minimizar el impacto ecológico", opina Domingo.

Además, la FCE también apunta a la contaminación de simas del Garraf, que cada vez se llenan más de metano y CO2, lo que las hace inhabitables. "En las simas que tienen más de 50 metros ya no se puede entrar". Domingo habla de simas emblemáticas como la de la Sivinota o la Emili Sabaté, donde solo hay un 9% de oxígeno: "El metano se libera y genera el efecto invernadero. El CO2, que es más pesado, se queda en el fondo de las cavidades". El mundo de la espeleología lamentó una muerte en 1979, cuando un hombre encendió el carbonero en una cueva que resultó estar contaminada por biogás.

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Temblores

El último quebradero de cabeza en el Garraf empezó hace pocas semanas, cuando se detectaron temblores en el entorno. Municipios como Olivella, Begues, Gavà o Sitges pidieron información ante la posibilidad de que estos estuvieran generados por el vertedero. Grau comparte sus temores: "Vemos dos explicaciones, que sean producidos por explosiones de gases o que se esté utilizando gas nitrógeno líquido a alta presión para empujar hacia fuera los otros gases". Según el ecologista, esta técnica podría provocar corrimientos de tierra al transformarse el nitrógeno en gas y expandirse, como pasó con el caso Castor pero "a pequeña escala".

De momento, el Institut Cartogràfic de Catalunya y el AMB no atribuyen los temblores al vertedero

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De momento, el Institut Cartogràfic de Catalunya y el AMB han concluido que las temblores no se pueden atribuir al vertedero, puesto que el epicentro se encuentra a cinco kilómetros de distancia de la Vall d'en Joan y la intensidad, de unos 2,1 grados en la escala de Richter, es inferior a lo esperable si se tratara de una explosión subterránea. La sismóloga Eulàlia Masana da algunas claves: "El seísmo se registró solo en una estación, y esto sumado a que fue un temblor muy pequeño hace que se pueda atribuir a otras causas".

Masana explica que en toda la costa catalana también hay fallas tectónicas que "se mueven muy lentamente", y que se podría haber producido una falla pequeña más superficial que haya "liberado tensiones". También señala que el hecho que el terreno del Garraf sea calcáreo puede haber provocado "algún colapso de simas o cavidades, provocando el temblor". Preguntada por las hipótesis de Ecologistes, Masana apunta que en caso de que se haya utilizado nitrógeno líquido se podría haber dado esta situación: "Se tiene que analizar bien".

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El rastro de Jordi Pujol Ferrusola en Vacamorta

Las problemáticas que giran en torno a la gestión de residuos de Catalunya van mucho más allá del Garraf. El vertedero de Vacamorta, situada en Cruïlles (Baix Empordà), se tendrá que restituir por orden del Tribunal Supremo. Son 2,9 millones toneladas de desechos contaminadas ubicados en un vertedero declarado ilegal, algo que no impidió que su antiguo propietario, Jordi Pujol Ferrusola, lo tirara adelante para obtener con su venta 5,5 millones. Pujol Ferrusola hizo lo mismo con el vertedero de Tivissa, aún en activo, el cual se ha convertido en una macro infraestructura donde caen los residuos de toda Catalunya.

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