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La Guardia Civil tarda 8 años en equipar a su único agente femenino de montaña

Interior suministraba equipaciones “unisex” a las unidades que trabajan en ambientes extremos como la alta montaña, las cuevas y los barrancos

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La distinta complexión física hace que un traje de neopreno de hombre no resulte aislante del agua para una mujer.

La Guardia Civil no ofrece facilidades a las mujeres de su plantilla: ha tardado casi ocho años en dotar con equipos adaptados a su fisionomía a la única agente femenina de sus unidades de montaña. Y lo ha hecho solo después de que, durante un mes, la AUGC (Asociación Unificada de Guardias Civiles, mayoritaria en la plantilla) haya impulsado una campaña de denuncia y recogida de apoyos.

Hace unos días, la agente, destinada en el equipo de Benasque (Huesca), recibió un traje de neopreno, botas de esquí de montaña, arnés de pecho y de cintura, guantes y una prenda de abrigo para el torso, una equipación que, aunque sigue estando incompleta, resulta clave para operar de manera segura en los grupos de Montaña de la Guardia Civil de Huesca, unidad que realiza prácticamente la mitad del millar de rescates que el instituto armado realiza en todo el país al cabo del año. Un centenar de esas intervenciones se producen en invierno.

Para minimizar los riesgos que conlleva trabajar en esta unidad, que tiene 250 miembros en todo el Estado, resultan claves dos aspectos, señalan fuentes de AUGC: ”el grado de preparación personal, y el equipamiento y material con que realizan sus servicios”. Sobre la segunda, anotan, “la Jefatura de Montaña no ha tenido en cuenta la incorporación de la mujer en el cuerpo, puesto que el equipamiento y material que actualmente es utilizado es único y exclusivo para el sexo masculino”.

Las diferencias en la horma hacen que una bota de montaña masculina pueda resultar incompatible con un pie de mujer.

“Se agradece”, señala la agente, Mariona Aubert, que muestra su “ilusión porque me hayan dado equipo” tras más de siete años en la unidad en los que ha tenido que utilizar en algunos casos su propia equipación. “Lo primero que me compré fue el neopreno”, recuerda, para poder intervenir en los rescates en barrancos.

Un informe de la asociación reseña cómo la menor anchura de la horma y del talón, junto con la mayor altura del arco planchar, hacen que, normalmente, el pie de una mujer baile en una bota de hombre de su mismo número; cómo la mayor anchura de la cadera y del contorno de la pierna, junto con una menor distancia entre los hombros y un brazo de menor grosor, hacen que una mujer se vea obligada a elegir cuál de las dos partes de un traje de neopreno masculino le ajusta, lo que hace que entre agua por la otra; cómo las diferencias en la espalda condicionan el diseño de las mochilas de unas y otros, y, también, cómo las diferencias en la pelvis hace que el diseño de los arneses de cintura varíen en función del sexo del usuario.

La unidad más masculinizada

Aubert, la única componente femenina actual de las unidades de Montaña, fue en realidad la segunda mujer que entró en ellos. Le precedió Silvia Gil, designada jefe del destacamento de Cangas Onis (Asturias) en 2006, aunque cambió de destino solo unos meses después al ascender a capitán. “En general no he tenido problemas para integrarme y para trabajar”, explica, aunque echa de menos una mayor presencia femenina en la unidad. De hecho, se trata de la especialidad más masculinizada de la Guardia Civil

Solo una teniente y una agente femeninas han pasado por los Grupos de Rescate e Intervención en Montaña (Greim) de la Guardia Civil.

No obstante, explica que los problemas de equipación en la unidad no son exclusivos de la mujer. Trabajar en ambientes extremos, como la alta montaña o las zonas con aludes de nieve en pleno invierno o ríos y barrancos en crecida (en ocasiones por tormentas) entre la primavera y el otoño, requiere material de alta calidad y buena adaptación, por lo que “puede haber agentes masculinos que, por su complexión, necesiten un equipo específicamente adecuado a su fisionomía”.

La agente, que está terminando su formación como guía de alta montaña y que había competido en esquí de fondo (ganó varias pruebas del campeonato de España) antes de entrar en la Guardia Civil, fue madre tras incorporarse. “La vuelta fue difícil”, recuerda. Falta de preparación física por su maternidad, el cuerpo le denegó la posibilidad de dedicar unas semanas a entrenar y acabó siendo destinada a servicios de seguridad ciudadana. “Me sentí bastante mal”. Sin embargo, unos meses después se reincorporó a la unidad.

“Siempre me había tirado el monte y el medio natural”, señala. Ese fue uno de los principales motivos que le llevaron a preparar el ingreso en los Greim, donde “la mayor satisfacción que puedes tener es rescatar a alguien que no puede salir de donde está”.“Falta mucho para la inclusión real”.

"Falta mucho para la inclusión real"

La pasividad de la Guardia Civil en dotar de un equipación adecuada a Aubert es uno más de los episodios de escasa implicación en materia de igualdad registrados en Aragón, cuya comandancia de Zaragoza habilitó hace unos meses un servicio de peluquería solo para hombres  y donde el trato a una agente de Huesca en plena lactancia de su bebé  ha acabado en el Constitucional.

La AUGC considera el suministro de la equipación a la agente como “un nuevo hito en la normalización de la difícil situación de la mujer en la Guardia Civil”, aunque “somos conscientes de que aún falta mucho trabajo para conseguir una inclusión real y efectiva”, añaden.

En este sentido, reclaman que “se tenga en cuenta la fisonomía de la mujer” cuando el instituto armado realice estudios para la adjudicación de armas, vehículos como las motos y equipos de protección como los chalecos antibala.

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