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Huertos urbanos Plantar verduras en la ciudad: la revolución de los barrios se hace en un bancal

Los huertos urbanos son algo más que surcos de tierra donde crecen hortalizas. La proliferación de bancales colectivos en las grandes ciudades son el síntoma de un modelo de organización popular ligado a la tierra y la agricultura.

Un hombre trabaja en uno bancal colectivo de un huerto urbano de Madrid. (Dani Pozo/AFP)
Un hombre trabaja en un bancal colectivo de un huerto urbano de Madrid. (Dani Pozo/AFP)

alejandro tena

"Casa-curro-casa". Esta pintada que apareció hace semanas en un banco del metro de Madrid sintetiza la cotidianidad del siglo XXI, cuya máxima parece reducir la vida a la rapidez, el vértigo y la ausencia de tiempo libre. Entre el hogar y el trabajo, apenas queda espacio para la vida en común; para no caer en el individualismo vertiginoso que libera las calles de vida y las llena de coches, humos y masas ausentes. Ante esta tesitura, colectivos vecinales se articulan en los barrios de las grandes ciudades con el objetivo de regenerar los lazos sociales, dinamizar los entornos urbanos y romper con la rutina denunciada ese escueto grafiti. ¿El arma? Los huertos urbanos.

La horticultura es más que un trozo de tierra en mitad de un parque metropolitano. Patatas, tomates o lechuguinos son, en este caso, un símbolo de comunidad en los barrios. El poder de los huertos a la hora de resucitar el espíritu social de los barrios resida, precisamente, en la forma en la que se disponen en el espacio urbano. "Mientras las realidades asociativas tienden a articularse en torno a un local, los huertos lo hacen en entornos abiertos, al aire libre, lo cual se traduce en una mayor accesibilidad para la ciudadanía", argumenta José Luis Fernández Casadevante Kois, sociólogo miembro de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) y uno de los autores de Raíces en el Asfalto.

"La agricultura urbana introducen temas críticos como la inviabilidad de los modelos metropolitanos"

En cierta medida, que asociaciones ciudadanas se reúnan para cultivar alimentos es una forma de protestar contra la forma en la que han articulado las ciudades y los barrios. "Se introducen temas críticos como la inviabilidad de los modelos metropolitanos y se articulan herramientas para tratar cuestiones relacionadas con la soberanía alimentaria", explica Casadevante, poniendo sobre la mesa el poder que tienen las iniciativas agrícolas a la hora concienciar a la ciudadanía sobre la producción intensiva de alimentos y los problemas sociales y ambientales que esconde.

"Son laboratorios", opina Abel Esteban, responsable de Agroecología de Ecologistas en Acción. El medioambientalista apunta a la capacidad que estos lugares comunitarios tienen a la hora de permitir que la ciudadanía "vuelva la espalda" al modelo productivo capitalista y comprenda la realidad económica sobre la que se apoyan los tentáculos poderosos de las ciudades.

Pero, los huertos, además de generar conciencia social y reforzar los vínculos vecinales, son una fuerza empoderadora. Así lo entienden desde la Red de Solidaridad Popular de Madrid (RSP), donde las actividades agrarias son una herramienta más para dar apoyo a las personas en riesgo de exclusión social. Tanto es así, que la RSP ha creado un nuevo espacio de siembra en el parque de la Cuña Verde de Latina y Carabanchel donde las familias desfavorecidas puedan cultivar alimentos para el autoconsumo. "Trabajamos desde el apoyo mutuo", agregan.

De Madrid a Vitoria

Madrid es un ejemplo claro del crecimiento de este modelo de agricultura urbana colectiva. Desde el Departamento de Educación Ambiental del Ayuntamiento explican a este medio que el número de huertos ha crecido de manera exponencial y que en la actualidad supera la cincuentena. Cada vez son más los colectivos sociales que solicitan al Consistorio tener un espacio propio para poder cultivar alimentos y llegar al autoconsumo. Una vez que el poder municipal cede un lugar para el cultivo, cualquier vecino del entorno puede acercarse y plantar sus semillas, siguiendo, eso sí, los requisitos que se planteen desde la asociación que gestione el huerto.

"Los huertos urbanos favorecen la creación de un tejido de nuevas relaciones y mejoran su calidad de vida"

Pero Madrid no es el único lugar donde la horticultura se ha extendido. Barcelona posee su propia Red de Huertos, orientada hacia un colectivo muy concreto como es la tercera edad. Así, la capital catalana lleva desde 1997 proporcionando suelo fértil a las personas mayores de 65 años que tengan un interés por las hortalizas y el medio ambiente. "Los huertos urbanos tienen un importante valor social entre sus participantes, ya que les permite ocupar su tiempo, favorecen la creación de un tejido de nuevas relaciones y mejoran su calidad de vida mediante una actividad física muy positiva para su salud", informa el Ayuntamiento en su web.

Vitoria- Gasteiz, caracterizada por su espíritu verde, es otra de las ciudades españolas que ha apostado por los huertos urbanos como herramienta de cohesión y soberanía alimentaria. Si por algo se caracteriza la ciudad vasca es por la variedad tipológica de actividades agrícolas. Tanto es así, que el Consistorio ofrece a la ciudadanía posibilidades diferentes en la materia: desde huertos escolares que permiten mejorar la calidad alimentaria de los colegios, hasta los huertos autónomos gestionados por colectivos sociales y asociaciones vecinales, pasando por los espacios de cultivo familiares ubicados en el anillo verde de la ciudad.

La emancipación agraria está cada vez más regulada por los poderes municipales de ciudades como Madrid, Barcelona, Vitoria, Sevilla o Cádiz. El mapa de la horticultura urbana es cada vez más amplio y en cada municipio se aprecia un apoyo mayor o menor de la administración pública. En cualquier caso, las restricciones legislativas no son una barrera, en tanto que el movimiento okupa se ha caracterizado por impulsar iniciativas de este tipo. Buen ejemplo de ello es el solar Maravillas de Madrid, donde vecinos del barrio de Malasaña alternaban las proyecciones cinéfilas de verano con el cultivo de verduras, hasta que el alcalde Martínez-Almeida dio luz verde a su clausura. 

El reto de universalizar los huertos

Este poder de atracción vecinal que da el asociacionismo "al aire libre" permite que las actividades agrícolas sirvan de alternativa a la vida turbocapitalista, sin embargo, la siembra de rábanos y remolachas se zafa en una batalla cultural difícil; contra el ocio cotidiano vertiginoso. "Al final compites con un modelo de ocio y tiempo libre que tiene unas inercias muy potentes", agrega Casadevante. Esas inercias y esa velocidad vital que impera en las grandes urbes son los contrincantes que impiden una universalización de la agricultura en comunidad.

"En las ciudades, la mayoría de la gente no tiene la capacidad de sacrificio que requiere un huerto"

Así lo entiende también Quena, una de las portavoces de la Red de Solidaridad Popular de los distritos madrileños de Latina y Carabanchel: "Está muy bien ir a por tu lechuga y comer algo natural, pero al final a la gente no le apetece cuidar todos los días el huerto. En las ciudades, la mayoría de la gente no tiene la capacidad de sacrificio que se requiere".

No en vano, existe un "mirada prepotente" que emana del discurso emancipador de la agricultura urbana, tal y como opina el sociólogo de la FRAVM. Se trata de un discurso tecno-optimista que "despolitiza" estas prácticas y presenta la realidad de los huertos colectivos desde una perspectiva únicamente alimentaria, eliminando esas cualidades cohesionadoras que tienen los surcos de tierra y los maceteros comunales.

"La agricultura urbana nunca va a ser universalista, porque no aspira llegar a toda la ciudadanía, pero sí que es verdad que aún no ha tocado techo, ni mucho menos", zanja.

Guía de huertos urbanos

  • ¿Cómo me uno a un huerto urbano? Cada municipio tiene sus propias características por lo que los pasos a seguir dependen de tu Ayuntamiento. Normalmente son las asociaciones vecinales y las organizaciones populares las que, a través de formularios burocráticos, solicitan un espacio para articular un huerto urbano. 

    En el caso de los huertos orientados colectivos específicos deberás atender a los requisitos que cada organización que gestiona el huerto establezca.

    También existen programas que, como en el caso de Barcelona, van destinados a colectivos sociales concretos como la tercera edad. Para participar en este tipo de proyectos el interesado debe solicitar el sorteo del huerto de manera directa con el Ayuntamiento.

    ¿Qué costes tiene? Los huertos urbanos no tienen ánimo de lucro, por lo que el coste que reclamen los colectivos que gestioenen los huertos estarán siempre ligados al mantenimiento del lugar, riego y materiales de cultivo.

    ¿Quién me asesora? En casos como Madrid , el propio Ayuntamiento ofrece asesoramiento agrícola. No obstante, la idea es que los grupos vecinales que trabajan en el huerto puedan ayudarte ante cualquier duda, potenciando los vínculos sociales.