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JJOO 2030 El Pirineo barcelonés reclama una votación sobre su candidatura para los JJOO invernales

Movimientos políticos y medioambientales de las comarcas de montaña, frente a proclives al proyecto como Círculo de Economía o el RACC, denuncian los riesgos ecológicos y la opacidad de la candidatura Pirineos Barcelona para 2030.

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Vall de Bonabé. / Plataforma Salvem Salau

¿Quiere que los Juegos Olímpicos de Invierno del 2022 se celebren en Davos y Saint Moritz? No. ¿Quiere que los Juegos Olímpicos de Verano del 2024 se celebren en Hamburgo? No. ¿Quiere que los Juegos Olímpicos de Invierno del 2026 se celebren en Calgary? No.

Esta es la pregunta tipo que últimamente se ha hecho a los ciudadanos de diversas ciudades aspirantes a sedes olímpicas. Y la respuesta, a menudo, ha sido la misma. En el caso de los Juegos de Invierno de 2022, fueron tres las ciudades que descartaron los proyectos olímpicos tras un referéndum -aparte de Saint Moritz (Suiza), también Múnich y Oslo-. Sin embargo, la lista de calabazas que ha recibido el Comité Olímpico Internacional estos últimos años se amplía, además, con las de Boston, Calgary, Budapest, Cracovia, Hamburgo, Viena, Berna, Estocolmo, Roma y Innsbruck.

A estas, aunque habría que añadir el "no" de Lviv, en Ucrania, por el conflicto geopolítico en la zona. En este contexto, pues, no es extraño que la oposición a la candidatura olímpica de invierno de Pirineos Barcelona 2030 comience a articularse. Por ahora, es en las comarcas de montaña donde justamente se dibuja un movimiento incipiente que, aparte de reclamar un referéndum, teme un demonio de tres cabezas: la opacidad extrema -de la mano con los riesgos económicos-, la amenaza de la especulación urbanística y el peligro medioambiental.

El precio a pagar por 21 días

"Todo lo que conlleva me desconcierta". Gisela Sellés es la alcaldesa de Cava, un municipio del Alt Urgell (Lleida), de los más pequeños de Catalunya. Su postura es crítica con la candidatura olímpica a pesar de la posibilidad de mejoras en inversiones que la cita de Barcelona-Pirineos podría suponer para puntos del territorio que, como es el caso de Cava, tienen pocos recursos. "¿Necesitamos esta excusa para hacer una carretera? ¿Debemos esperar que vengan unos Juegos para conseguir mejoras? Nos lo tendríamos que cuestionar".

"¿Necesitamos esta excusa para hacer una carretera? ¿Debemos esperar que vengan unos Juegos para conseguir mejoras?", Gisela Sellés

El escepticismo de Sellés, alcaldesa por la CUP, va en la línea crítica de la Esquerra Independentista -que incluye a organizaciones como la CUP, Endavant o la juvenil Arran- en las comarcas de montaña. Pau Lozano, militante de la CUP y Endavant en el Alt Urgell, va más lejos: "los Juegos son una herramienta del sistema económico para sacar adelante un modelo que no es el deseado. A nivel laboral generan trabajos precarios, estacionales y mal pagados y, además, están vinculadas a un sector, el de la nieve, que dentro de unos años probablemente no estará. Entendemos que el Pirineo tiene que hacer un cambio de modelo económico y ya que los ayuntamientos no tienen presupuesto, el dinero de los Juegos debería destinarse a otra cosa".

Lozano, que forma parte de la campaña que promueve la Esquerra Independentista en oposición a los Juegos, añade que "lo planteamos como un cambio de modelo: ¿qué queremos que sea el Pirineo dentro de 20 años?". En este sentido, Sellés incide en la visión a largo plazo y lo hace con escepticismo, "mi municipio queda a seis kilómetros de una carretera nacional. ¿Los Juegos harán que nos llegue más turismo? Quizás sí, pero no le encuentro sentido. Del Túnel del Cadí a la Seu d'Urgell (la capital del Alt Urgell), está muerto, nadie lo dinamiza, aquí somos comarcas abandonadas. Si la incidencia de los Juegos tuviera que durar diez o quince años, pues nos ponemos a ello. Pero por 21 días, no. A la larga lo acabaremos pagando".

Un argumentario similar es el que defienden desde SOS Pirineus, una agrupación de varias organizaciones y colectivos ecologistas que luchan contra delitos ambientales en comarcas de montaña. Consideran que los Juegos abrirán la puerta que amenaza todas sus reivindicaciones en defensa del territorio y exigen una consulta vinculante entre la población del Pirineo y que, además, se haga pública toda la información relativa a las inversiones que requiere la candidatura olímpica.

Apuesta por un referéndum

"Nuestro posicionamiento no es radical, pero sí somos críticos", afirma Núria Martí, presidenta de Salvem La Molina. "Tenemos tres miedos. En primer lugar, por la cuestión urbanística, dicen que todo será muy sostenible pero nos tememos que aparezca la especulación. En segundo lugar, la desconfianza que nos genera un proyecto que prevé unos Juegos de Invierno a más de diez años vista en un momento de cambio climático. ¡Puede nevar pero es cada vez más improbable! Entre el 2003 y el 2008 ya vivimos un período de mucha sequía y esto quiere decir que aunque quieras innovar la recogida de agua puede no ser suficiente. Y, en tercer lugar, está la cuestión económica. Dicen que no habrá un gran gasto y que la principal aportación vendrá del COI pero no está nada claro de dónde saldrán los cientos de millones necesarios restantes. Estos millones podrían ir a cosas más necesarias en el territorio", aseguraba la activista. 

La preocupación por el territorio está presente entre aquellos que lo trabajan y lo pisan día a día. Si en Salvem La Molina -buena parte de sus miembros son esquiadores- mantienen una posición comedida porque creen que hay otro modelo de Juegos posible, otros no confían nada en ello. Es el caso de Helena Guillén, pastora de Montmalús, en la Cerdanya y miembro de Ramaderas (ganaderas) de Catalunya. "¿Los Juegos? Un 'no' rotundo. Siempre que hablamos de incentivar el mundo rural se hace desde la terciarización, desde el turismo. Pero si realmente queremos dinamizarlo, debe ser a través del servicio a las personas que viven y no de los turistas. Las carreteras las necesitamos nosotros, no los turistas. ¡Que también, eh! Pero debemos respetar el territorio y unos Juegos eso no lo llevan".

Son diferentes visiones críticas que acaban vertidas en los mismos contra argumentos: la necesidad de un referéndum para que sea la gente del Pirineo quien decida, la alarma ambiental en un momento de emergencia climática, la opacidad en la información y el peligro derivado de la cuestión económica, es decir, el riesgo de la especulación, el peligro de construir infraestructuras absurdas y saber de dónde saldrá el dinero. ¿Quién pagará la fiesta?

La saga Samaranch mueve hilos

Quien se ha avanzado en la carrera para ganar el relato son los defensores de la candidatura olímpica. El pasado jueves 19 de septiembre, diferentes asociaciones de la controvertible "sociedad civil" mostraron públicamente su posicionamiento en un acto celebrado en las instalaciones del F.C. Barcelona. El acto lo organizaba la agrupación Sport Cultura Barcelona y contó con la presencia del presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, el presidente del Círculo de Economía, Javier Faus, el presidente del RACC, Josep Mateu, y, sobre todo , el vicepresidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch Salisachs, hijo del que fuera presidente del COI.

Acto de apoyo a la candidatura de Pirineos-Barcelona para los JJOO de invierno 2030. / Sport Cultura Barcelona

Un acto sin representantes políticos pero, sin embargo, lleno de carga política. De entre sus discursos se desprende un mensaje inquietante. Hablaron de infraestructuras: "es una gran oportunidad para todo el Pirineo", "la R3, la línea (de tren) Vic-Ripoll, se debe mejorar desde hace mucho. En la C-16 habría que desdoblar determinados puntos. Y está el caso de la C-17 o las carreteras que van hacia Viellha. Queremos aprovechar los Juegos para acelerar estas obras".

"Lo tenemos todo, sólo falta la voluntad política", Juan Antonio Samaranch

También afirmaron que "en este proyecto no hay que construir ni un apartamento, ni un hotel. Ya tenemos suficiente con los de ahora, especulación cero". Pero lo cierto es que hay pruebas como los saltos de esquí o las pruebas de skeleton que deberían disputarse en los Alpes por falta de infraestructuras donde, para más inri, se deberían reformar por culpa de su mal estado actual. Samaranch hijo insistió en que "lo tenemos todo, sólo falta la voluntad política". Un dardo directo a los receptores, a alcaldes y gobernantes, porque Samaranch sabe qué a la hora de la verdad, necesitará a un COI convencido. Del referéndum en el territorio pirenaico, ni una palabra. Ahora bien, el máximo organismo olímpico valora mucho el apoyo popular y la experiencia reciente hace que no se arriesgue a sacar adelante proyectos que pueden encontrarse con una oposición fuerte.

De Denver a Barcelona pasando por Madrid

Desde que se celebró la primera edición en 1924 en Chamonix, los Juegos de Invierno se fueron consolidando hasta llegar a su punto álgido en Lillehammer (Noruega), en 1994, probablemente la última edición sostenible, tanto en gasto como en ecologismo. El formato actual de los Juegos, tanto los de invierno como los de verano, no convence. Las inversiones son desmesuradas pese a que el propio COI ha echado el freno. Los vecinos de Hamburgo, por ejemplo, votaron en contra de unos Juegos -los del 2024- presupuestados en más de 11.000 millones de euros que, aun así, quedaban muy lejos de la cita de Sochi 2014, en Rusia, con un sobrecoste final de 40.000 millones. Habrá que ver cuál es el presupuesto real y definitivo de las próximas citas, los del verano de 2020 en Tokio y los de invierno de 2022 en Pekín.

En la lista de los fracasos hay algún 'no' sonado como el de la ciudad olímpica por excelencia, Lausana (Suiza), que votó en contra de la cita de 1994. O el de Oslo, que inicialmente votó que "sí" los Juegos del 2022 pero las singulares peticiones del COI hicieron dar marcha atrás a vecinos y gobierno. Entre las demandas que hacía el máximo organismo olímpico, había vehículos exclusivos, cócteles y fiestas con la familia real pagadas por el gobierno y bares abiertos hasta altas horas de la madrugada.

Los Juegos de Oslo 2022 no tuvieron lugar por peticiones del COI como vehículos exclusivos, cócteles y fiestas con la familia real pagadas por el Gobierno

Pero en la memoria queda, especialmente, el caso de Denver. El COI escogió la ciudad norteamericana como sede de los Juegos de Invierno de 1976 pero después de la elección, cuatro años antes de la celebración de aquellos Juegos, en 1972, la ciudad celebró un referéndum que tumbó la decisión. Argumentaron que ni tenían dinero ni estaban dispuestos a pagar el alto precio medioambiental que suponían algunas infraestructuras. Denver, en el estado de Colorado, es un referente en los deportes de invierno y un nido de deportistas de alto nivel, pero también un polo de pensamiento crítico y ecologista notable.

Ahora habrá que ver cómo avanza el sueño -o delirio- de convertir a Barcelona en sede olímpica de invierno. La idea afloró en enero de 2010 cuando el entonces alcalde de la ciudad, Jordi Hereu, anunció que optarían a los Juegos de Invierno del 2022. El posterior mandato de Xavier Trias enfrió aquella ilusión y con Ada Colau la puerta se cerró del todo hasta que la Generalitat ha reimpulsado la propuesta Pirineos Barcelona. En el fondo del cajón quedará, para siempre, una cuestión capital: ¿por qué las cosas que pasan en los Pirineos se deciden desde un despacho de Barcelona y no lo hace la gente de los Pirineos? Este es una pregunta que sólo se resuelve con otra cuestión: "¿Quiere que los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030 se celebren en Pirineos Barcelona?".

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