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Lenguaje inclusivo Guía para utilizar un lenguaje verdaderamente inclusivo

‘Ni por favor ni por favora’ (Ed. Catarata) es un manual que aboga por el uso del lenguaje inclusivo. Su autora, María Martín, muestra, con humor y herramientas, que un habla libre de sexismo es posible.

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Coral Herrera (izq) y María Martín (der) en la presentación del libro 'Ni por favor ni por favora' en la librería Traficantes de sueños.

El libro de María Martín comienza con una advertencia: las siguientes 100 páginas están escritas íntegramente en lenguaje inclusivo. “Las autoridades lingüísticas advierten de que esto puede afectar gravemente a su comprensión”.

Sin embargo, a lo largo de la lectura de Ni por favor ni por favora (Ed. Catarata), por extraño que pueda resultar para algunos académicos, la comprensión del libro es completa. Para entender un poco más este fenómeno del lenguaje inclusivo hemos decidido hablar con su autora María Martín, que nos apunta algunas claves sobre el uso de esta habla.

Además, siguiendo su ejemplo, alertamos de que este reportaje también estará escrito en lenguaje 100% inclusivo.

De qué hablamos cuando hablamos de lenguaje inclusivo

“El lenguaje inclusivo es la decisión voluntaria de nombrar la realidad tal y como es y no tal y como se nos dice que se tiene que nombrar. Cada persona que habla tiene la capacidad de crear lenguaje, eso es lo más bonito de un idioma”, explica la autora de Ni por favor ni por favora.

"Yo necesito nombrar la realidad como quiero que sea y no como piensan que deber ser unos cuantos señoros de la RAE"

Para María Martín María Martínel lenguaje inclusivo es también una forma de activismo y una toma de partido política. “Cuando vienen a decirme “Ocúpate de cosas más importantes” yo digo que de todas las cosas importantes de las que me ocupo, me ocupo con palabras. No tengo porqué elegir entre un activismo o el activismo por el lenguaje. Creo que el lenguaje es muy político, la decisión sobre las palabras que utilizamos y cómo las utilizamos son políticas porque cuando se quiere imponer una visión del mundo se hace a través del lenguaje. Mediante el lenguaje podemos incidir en la sociedad de una forma sutil, pero a la vez muy certera. Yo necesito nombrar la realidad como yo quiero que sea, no solamente como era en el siglo XVIII o XIX o como piensan que debe ser unos cuantos señoros de la RAE”, afirma contundente.

Una guía práctica para hablar lenguaje inclusivo

Cambiar la forma en la que hablamos supone cambiar el marco y la manera en la que pensamos y vemos el mundo, lo que significa que es una tarea complicada que requiere tiempo. “Al final el lenguaje es lo que somos: la manera en la que pensamos, la manera en la que nos imaginamos en el futuro, la manera en la que deseamos… Todo eso lo hacemos con palabras, aunque no las escribamos. Y cambiar la forma en la que hablamos al final acaba modificando lo que somos. Y necesitas una visión radicalmente distinta del mundo para empezar a nombrarlo de una manera radicalmente diferente. Yo creo que por eso se produce tanta resistencia, porque el lenguaje es una de las cosas más íntimas que tenemos. Nuestra forma de hablar y nuestro lenguaje es como una huella dactilar; está reflejando todo el tiempo lo que somos”, explica María Martín.

No obstante, querer es poder y en este caso, solo hace falta voluntad para ponernos manos a la obra. ¿Por dónde empezar? El libro Ni por favor ni por favora apunta una serie de claves que pueden resultar muy útiles una vez que se decide emprender esta carrera de fondo por el lenguaje inclusivo. Por mencionar solo algunos, Martín propone el uso de genéricos universales (vejez, vecindario), nombres abstractos (jefatura, legislación, redacción), duplicar los artículos (Las y los presentes), uso del se impersonal, gerundios… Alternativas hay, así que no tenemos excusa.

¿Y qué truco es el que mejor funciona? La autora señala al final del libro que lo mejor es ir por partes y que cada persona descubra su herramienta preferida. “Intenta encontrar las que te resulten más cómodas. O usa la recopilación de las formas recomendadas y aplícalas hasta que acudan “solas” a la boca. Con el uso, encontrarás la forma de expresarte de la manera inclusiva que mejor se adapte a ti. Si lo haces de forma natural, no provocará rechazo en quienes te escuchan y, a la vez, facilitarás un referente en quienes están a tu alrededor”.

"Nuestra forma de hablar y nuestro lenguaje es como una huella dactilar; está reflejando todo el tiempo lo que somos"

El lenguaje se hace hablando y por eso María Martín opta por el humor y el desenfado al tratar el tema en el libro. También intenta quitar presión a todas aquellas mujeres que teniendo conciencia feminista siguen (y seguimos) cayendo en el masculino genérico. Para todo ellas, para todas nosotras, la autora lanza un consejo: “Tenemos que ser tan generosas con nosotras como somos con los machirulos de nuestras vidas, no tenemos la costumbre de ser generosas con nuestros errores. En el momento en el que tomamos consciencia de las discriminaciones que produce el lenguaje nosotras solas empezamos a buscar herramientas o leer a las mujeres expertas”, señala.

La propia autora explica que ella misma rechazaba de pleno el lenguaje inclusivo al principio. “Era una feminista concienciada y aun así notaba resistencias. Pero el feminismo te sirve para identificar tus resistencias y trabajarlas y poco a poco me fui interesando por el tema, buscando herramientas, viendo qué decía la norma…”
A raíz de ese interés nació el proyecto de Golondrinas a la RAE (@GolondrinasRAE en Twitter), una iniciativa creada para señalar el sexismo en la RAE y en el Diccionario de la Lengua Española. Además, desde esta plataforma se proponen cada año a mujeres para que sean miembros de la RAE. “Nosotras proponemos todos los años unas cuantas mujeres porque como parece que a ellos no se les ocurre ninguna, pues bueno, cada año indicamos cinco, diez, 15 mujeres que nos parecen apropiadas y que, obviamente, nunca tienen en cuenta, faltaría más”, explica con ironía María Martín.

Sobre la RAE y sus secuaces, unos apuntes

Además de algunas estrategias para hablar lenguaje inclusivo, el libro también lanza propuestas a las instituciones que fijan la norma y que “cuidan” la lengua. “Si la academia quiere reflejar un mundo moderno, sus normas de funcionamiento tienen que ser modernas, transparentes… Debería haber paridad, participación de la sociedad civil, que supiéramos cómo van sus discusiones, cuáles son los criterios para proponer o rechazar a alguien…Tendría que haber una academia que no se resistiera con uñas y dientes a cualquier cambio que se propone”, critica María Martín en conversación con Público.

No obstante, le guste o no a la Academia lo cierto es que en los últimos años se han eliminado muchos sesgos machistas en palabras o definiciones, gracias a la presión y el trabajo de personas como María Martín. “No quieren ceder en su parcela de poder ni pedir consejo, lo que es una actitud muy patriarcal por parte de la Academia. Los cambios que ha hecho la RAE no los ha reconocido y los ha venido haciendo a la chita callando, pero lo importante es que los hagan, aunque no reconozcan que necesitan la ayuda y el consejo de las malditas feministas”, concluye María.

“¿Cómo es posible que desde que han empezado a entrar mujeres sigan entrando más hombres que mujeres?”

No obstante, el machismo no solo impregna el diccionario y las definiciones, sino que la propia estructura de las instituciones es patriarcal. “La Academia tiene cuidado de incluir otros parámetros, como por ejemplo, territoriales a la hora de elegir académicos o académicas. ¿Por qué no pueden tener en cuenta un criterio de género? ¿Cómo es posible que desde que han empezado a entrar mujeres sigan entrando más hombres que mujeres? Pero claro, si solo puedes entrar por cooptación (te tienen que proponer) y ya sabemos quiénes hay en la RAE, ¿a quién van a proponer esos hombres?”, se pregunta la autora.
Para combatir este machismo endémico, el libro propone a las instituciones vías más transparentes y menos sexistas. Por ejemplo, incorporación de miembros con perspectiva de género, entrada de nuevos miembros por propuesta externa y no solo por cooptación, limitar la ocupación del “sillón” un número determinado de años… En definitiva, opciones hay, solo hace falta ponerse en marcha.

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