Público
Público

Lobo ibérico Más de 330 lobos murieron en 2017 a manos de furtivos, atropellados o envenenados

Un estudio del Observatorio de la Sostenibilidad realiza la primera cuantificación sobre mortalidad por causas no naturales de esta especie protegida que se realiza en España. 

Publicidad
Media: 4.83
Votos: 12

Un hombre posa con un lobo tras atropellarlo en Palencia, en un acto que fue denunciado por La Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico (ASCEL).

Al menos 333 lobos ibéricos murieron el año pasado atropellados, a manos de cazadores furtivos o envenenados. Son los datos que se desprenden de la primera cuantificación sobre mortalidad por causas no naturales de esta especie protegida que se realiza en España, elaborada por el coordinador del Censo del Lobo Ibérico, Ángel M. Sánchez, y el Observatorio de la Sostenibilidad.

El estudio, que se ha realizado con datos aportados por las administraciones, organizaciones conservacionistas, asociaciones cinegéticas y medios de comunicación, estima que sólo durante 2017 unos 618 ejemplares de lobo ibérico murieron por causas no naturales en España. De ellos, 259 lo hicieron abatidos por cazadores ilegales o por envenenamiento, mientras 74 resultaron arrollados en las carreteras. Además, otros 293 fueron cazados de forma legal durante las batidas que las distintas comunidades autónomas organizan con fines de control poblacional.

Los autores advierten, no obstante, de que las cifras son “provisionales” y “estimativas”, dada la dificultad en la recogida y seguimiento de este tipo de sucesos.

El documento también pretende hacer una primera aproximación nacional al estado de conservación y gestión de la especie.

Aunque en España existe una Estrategia Nacional para la Conservación y Gestión del Lobo —aprobada en 2005— la protección y gestión de esta especie depende en gran medida de las comunidades autónomas. La Directiva Hábitats de la Unión Europea cataloga al lobo como Especie de Interés Comunitario, pero establece diferentes formas de protección usando el Duero como línea de frontera. Al sur del río la especie está protegida, mientras que al norte, donde hay más población de lobos, pueden ser objeto de medidas de control, que dependen de cada comunidad autónoma.

En Castilla y León, Galicia, Cantabria y La Rioja —que según el último censo oficial de lobos elaborado por el Ministerio de Medio Ambiente concentran el 90% de las 297 manadas que se estima que viven en la Península Ibérica— el lobo es una especie cinegética y se permite su caza estableciendo cupos anuales que son llevados a cabo por personal de la administración y cazadores. País Vasco y Asturias sólo permiten la eliminación selectiva en controles de población, aunque el Principado aprobó en septiembre batidas indiscriminadas sin cupo de ejemplares y en cualquier época del año en parte de su territorio, en una medida que ahora investiga la Fiscalía.

Los autores del estudio, en cualquier caso, denuncian que existe una “falta de transparencia acusada”, así como una falta de criterio científico en la gestión de la especie en nuestro país.

“Los controles poblaciones de lobo se realizan de una forma aleatoria e irracional, sin tener en cuenta la jerarquía de los diferentes individuos en la manada ni su sexo o edad. De continuar con esta dinámica de matanza anual, injustificada de todo punto a nivel científico, es muy probable que la especie siga desapareciendo de amplios territorios donde hasta hace muy poco era común, como ha sucedido desde principios de siglo”, señalan.

Mapa de distribución del lobo ibérico en España elaborado por Ángel M. Sánchez (Coord. Gral. Voluntariado Censo lobo ibérico) y Observatorio Sostenibilidad.

El lobo, que campó a sus anchas por casi toda la Península Ibérica hasta el siglo XIX, llegó a rozar la extinción en los años 70, cuando era considerado una alimaña y fue perseguido y abatido de forma masiva por el hombre. Tras la modificación de la Ley de Caza, su captura comenzó a estar regulada, permitiendo en parte su recuperación. Sin embargo, los autores del estudio aseguran que, pese a la mejoría, “su futuro no está garantizado en absoluto”.

El informe calcula que el número de bajas no naturales que la especie sufrió durante el año pasado “es probablemente muy cercano a la tasa de reclutamiento”, es decir, del número de individuos que se incorporarían anualmente a la población. “Por lo que el lobo ibérico no se hallaría en expansión, sino más bien al revés”, señalan.

El estudio alerta también sobre la escasa variabilidad genética del lobo ibérico y pide implementar iniciativas que permitan garantizar el flujo entre especies a través de “corredores biológicos” seguros.

Este domingo, una manifestación en Madrid reclamará "un lobo protegido por ley".

Más noticias en Política y Sociedad