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Madrid Las obras del Metro de Gran Vía se eternizan

El hallazgo de los restos del histórico ascensor construido hace cien años por el arquitecto Antonio Palacios complica la apertura de la estación.

Ciudadanos a la salida del metro de Gran Vía, Madrid - REUTERS

La estación de Metro de Gran Vía, cerrada por obras de reforma en agosto de 2018, se ha convertido para muchos madrileños en el punto negro de una de las más emblemáticas avenidas de la capital, que fue mejorada hace aproximadamente un año para reducir los carriles de tráfico y ganar espacio para los peatones.

El aspecto moderno y mejorado de la Gran Vía contrasta con los alrededores de la estación de Metro, donde las vallas y la actividad de las máquinas y de los obreros son una molestia para los paseantes, que todavía ven lejano el día en que las obras terminen.

Esas obras, consistentes en la modernización y ampliación de la estación y su conexión con Cercanías de Sol, formaban parte de la apuesta de la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes para el centro de Madrid, pero tuvieron que ser paralizadas dos días después de su inicio por el hallazgo de los restos del histórico ascensor construido por el arquitecto Antonio Palacios hace cien años.

En un principio, la reapertura de las instalaciones de fijó para abril de este año, pero el ritmo de los trabajos está siendo más lento de lo esperado y continúan apareciendo vestigios arqueológicos, lo que ha producido un retraso respecto a las previsiones iniciales, según informó a este diario un portavoz de la compañía metropolitana.

En las actuaciones colaboran la Dirección General de Infraestructuras (obra civil), Metro de Madrid (arquitectura interior, escaleras mecánicas y ascensores e instalaciones) y Adif (arquitectura e instalaciones de la galería de conexión Cercanías-Metro).

El presupuesto del contrato principal de obras, adjudicadas a Sando Construcciones, ascendía a cerca de 4 millones de euros, pero la Consejería de Transportes realizó un contrato de emergencia con el fin de abordar un proyecto distinto al proyectado, con el fin de garantizar la protección del patrimonio y la realización de las obras con seguridad. Ese segundo presupuesto tiene una cuantía de casi 3,5 millones de euros.

De acuerdo con las mencionadas fuentes, la marcha de las obras, y en última instancia la reapertura de la estación, vienen determinadas por las directrices de Patrimonio, que marcan el ritmo al que se va avanzando en los trabajos, conforme aparecen restos que puedan resultar o no valiosos.

Infraestructuras antiguas

"Seguimos primando la seguridad y la protección del posible patrimonio que pueda aparecer, siguiendo las indicaciones de la Dirección General de Patrimonio. Además, los trabajos en ejecución presentan una importante complicación técnica debido a que se actúa sobre infraestructuras antiguas y un entorno complejo con protección de patrimonio cultural", recalcan esas fuentes.

La asociación Madrid, Ciudadanía y Patrimonio (MCyP) advirtió en su día de que las obras en el Metro de Gran Vía se iban a encontrar con los restos del histórico ascensor y lamentó que la Comunidad de Madrid no hubiera tenido en cuenta este hecho al elaborar el proyecto de reforma.

La organización de defensa del patrimonio madrileño criticó con dureza los planes del metropolitano y reclamó que los restos originales del ascensor se integraran en el proyecto de reforma. También exigió que en proyectos de esta envergadura se acometan trabajos de "arqueología preventiva" para evitar que los hallazgos posteriores obliguen a modificarlos.

La estación se inauguró en octubre de 1919

La estación de Gran Vía, según McyP, fue una de las ocho que se inauguraron en octubre de 1919, y su acceso con ascensor fue uno de los iconos de la compañía diseñado por Antonio Palacios.

A pesar de ser uno de los arquitectos más reconocidos de la arquitectura española del siglo XX -y muy especialmente en Madrid, donde se aglutina el grueso de su obra- pasa por ser también uno de los más maltratados y ultrajados. Varios de sus edificios han sido ya destruidos, incluyendo el que fue su propio estudio, el Hotel Florida o el palacete de los Condes de Maza, mientras que otros han sido gravemente alterados.

Catenaria rígida

Por otra parte, el año próximo comenzará también con el cierre de la línea 4 de Metro en enero, para llevar a cabo la instalación de una catenaria rígida, un sistema de transmisión de la electricidad a los trenes que se caracteriza por su mayor fiabilidad y disponibilidad, así como por una menor necesidad de mantenimiento, según ha informado la compañía.

Además, el nuevo sistema está preparado para funcionar tanto a 1.500 voltios de corriente continua de potencia como a los 600 actuales. Esto supone que, en un futuro, se podrá aumentar la capacidad de trenes en la línea y reducir pérdidas de energía.

Obras de la estación de metro Gran Vía en la Red de San Luis. EP

Por otro lado, va a haber una renovación de la señalización ferroviaria, que tiene como objetivo reducir los tiempos de recorrido de los trenes, homogeneizando los diferentes sistemas existentes en la línea. De esta manera, se podrá mejorar la capacidad de transporte, la seguridad y la eficiencia en el mantenimiento. Igualmente, se van modernizar las estaciones de Esperanza, Prosperidad, Arturo Soria y Alfonso XIII.

La obra principal de instalación de la catenaria tiene un presupuesto de 7,9 millones de euros. La modernización de la estación de Esperanza tiene una inversión de 2,4 millones de euros, Prosperidad (3,2), Arturo Soria (4) y Alfonso XIII (3,9).

Durante las ocho semanas en las que está prevista la suspensión del servicio,
Metro pondrá a disposición de los usuarios un servicio sustitutivo de autobuses sin coste adicional para los usuarios en uno de los tramos afectados (entre Avenida de América y Pinar de Chamartín). El resto se cubrirá con el propio servicio del resto de líneas de Metro y con los autobuses de las líneas habituales de la EMT.

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