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Maltrato animal La leona que escapó de una vida en el circo para regresar a África

Nala, una leona rescatada por la fundación APP-Primadomus, es uno de los escasos casos de animales decomisados del tráfico ilegal que ha conseguido ser repatriado a su medio natural.

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La leona Nala, en el centro de rescate de APP-Primadomus.

A eso de las 5:45 de la tarde, una furgoneta de la fundación de rescate animal APP-Primadomus llega desde Alicante a la terminal de carga de Barajas. La expectación es máxima —no todos los días se ve una leona en el aeropuerto madrileño—, pero Nala, como se llama esta felina rescatada del tráfico ilegal, está tranquila. Mientras la pesan, le tramitan la documentación correspondiente y pasa por rayos X se mantiene tumbada en el trasportín, como si supiera que son sus últimas horas dentro de una jaula. En un rato despegará el avión que la llevará hasta un enorme santuario de animales en Sudáfrica, y todo habrá terminado. Allí le espera para formar manada Saeed, otro joven león salvado de un zoo arrasado durante la guerra en Siria.

“Llegó asustadiza y no confiaba, pero ha tenido una rehabilitación muy buena, es joven, y era importante darle un ambiente tanto físico como social beneficioso para ella”, dice Pilar Jornet, directora de la fundación que la ha acogido durante el último año y medio y que ha hecho posible que ahora vuelva al lugar ancestral de su especie. Llegó hasta el centro que esta ONG tiene en Villena a finales de 2016, cuando la Policía francesa halló al animal en penosas condiciones en un criadero ilegal de felinos destinados a la exhibición en circos junto a un tigre y cinco leones más. Uno de ellos no sobrevivió.

La de Nala es una historia de éxito, pero es un caso excepcional. En realidad, las repatriaciones de fauna silvestre a su medio natural son muy poco habituales. La mayoría de los animales vivos decomisados del tráfico ilegal —sólo en España se incautaron 7.800 reptiles, 500 monos o 2.500 aves entre 2005 y 2012— están condenados a pasar el resto de su vida en centros de acogida, a menudo ONG o entidades privadas, que están al límite de su capacidad.

Según la organización ecologista WWF, en España existen 35 centros que alojan a cerca de 13.000 ejemplares decomisados de más de 200 especies diferentes, pero sólo cinco cuentan con un convenio de colaboración con las autoridades que cubren “menos del 10% de los gastos reales de manutención de estos ejemplares”.

“La gestión de los especímenes vivos es una asignatura pendiente de nuestras administraciones que tiene numerosas implicaciones negativas, como la muerte de ejemplares, la acumulación de los animales, situaciones de precariedad en determinados centros o la falta de control sobre los mismos”, asegura Luis Suárez, responsable del programa de especies de WWF, que ha pedido al Gobierno crear un centro de referencia para estos animales incautados y poner en marcha planes de repatriación.

El Ministerio para la Transición Ecológica reconoce que aumentar el número de centros de rescate y su capacidad de acogida, aunque es necesario, no solucionaría el problema. “La anterior privación de libertad, el aislamiento y la falta de interacción con otros congéneres provocan que los animales padezcan a menudo estrés, pierdan peso, lleguen a enfermar o incluso a morir”, apunta. El Gobierno aprobó en abril el Plan de Acción español contra el Tráfico Ilegal y el Furtivismo Internacional de Especies Silvestres (plan TIFIES), que incluye entre sus objetivos devolver a los animales decomisados a su hábitat natural.

Jornet admite que en APP-Primadomus, un centro que se financia con las aportaciones de sus socios en Holanda y España y que está especializado sólo en mamíferos exóticos, la lista de espera es de unos mil animales. “Liberar ese espacio que deja hoy Nala es esencial para poder acoger a otros animales que se encuentran en pésimas condiciones”, asegura.

No obstante, Jornet advierte de que el origen del problema está en parte en la falta de una normativa europea que prohíba definitivamente los circos con animales. Según la fundación, el 80% de los felinos que se encuentran a su cuidado provienen de circos.

“En muchos de los casos lo que nos encontramos son animales que han pasado de mano en mano, que se han ido vendiendo y revendiendo y que acaban en jardines de casas o en criadores ilegales”, explica. “En el caso de los animales de circo, es muy complicado trazar quiénes son esos animales y de dónde vienen. Hay muy poco control administrativo en su documentación”, denuncia.

La Federación Europea de Veterinarios se pronunció en 2015 en contra de los animales salvajes en los circos, asegurando que estos no pueden garantizar la seguridad de las personas ni el bienestar de los propios animales. Aunque en España el rechazo a los circos con animales ha ido creciendo, no hay una normativa estatal que los prohíba. Sólo cuatro comunidades autónomas —Catalunya, Galicia, Baleares y Murcia— han aprobado su veto a nivel regional y unos 400 ayuntamientos, según el listado de Infocircos, lo han hecho también en sus municipios.

La repatriación de Nala a África ayuda además a paliar la dramática situación en la que se encuentran las poblaciones de leones en todo el mundo y, en especial, en ese continente. Según estudios recientes de la Royal Society de Londres y la Academia de Ciencias de EEUU, el área de distribución del león se ha reducido un 94% en todo el mundo. En África, la especie ha sufrido un declive del 38% en 20 años.

La leona Nala, en el centro de rescate de APP-Primadomus en Villena, Alicante.