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Migración en Canarias El protocolo que angustia en la frontera sur: la Fiscalía separa a madres de sus hijos

Una trabajadora de las entidades sociales que acoge a migrantes en Fuerteventura explica que " los niños no se los devuelven hasta que no salga la prueba de ADN, que suele tardar entre tres y cuatro meses". 

Mariame Diomandé (c), Marisa Camara (i) y Bintou Camara (d), tres mujeres inmigrantes que llegaron en patera a Canarias, cuentan el sufrimiento que supone para ellas que les hayan separado de sus hijos nada más tocar tierra. EFE/Carlos de Saá
Mariame Diomandé (c), Marisa Camara (i) y Bintou Camara (d), tres mujeres inmigrantes que llegaron en patera a Canarias, cuentan el sufrimiento que supone para ellas que les hayan separado de sus hijos nada más tocar tierra. EFE/Carlos de Saá

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Marissa escapó de Guinea Conakry junto a su hija de cinco años para evitar que le hicieran la ablación, pero jamás pensó que al llegar a Fuerteventura la apartarían de la pequeña, a la que enviaron a un centro de menores hasta que unas pruebas de ADN demostraran que ella era su madre. Desde entonces, han pasado casi dos meses.

El suyo no es un caso aislado. Se está repitiendo en las últimas semanas y es la aplicación directa de las directrices de la Fiscalía de Menores para prevenir el tráfico de niños, cuyos efectos critica abiertamente la Consejería de Derechos Sociales del Gobierno canario, a quien compete la tutela de los niños en desamparo.

Desde el mes de agosto en Gran Canaria y Fuerteventura el protocolo de la Fiscalía ha separado a 12 niños de sus madres nada más llegar en pateras.

El caso más fuerte ha sido el de seis niños que fueron separados de sus padres el 29 de agosto y hasta el 16 de octubre no han sido entregadas sus pruebas de ADN para poder volver con su familia. A pesar de confirmar que son sus padres, cuatro de los niños siguen separados de sus progenitores, por decisión de la Fiscalía. 

Yaiza Martín es trabajadora de Misión Cristiana Moderna, una de las entidades sociales que acoge a migrantes en Fuerteventura. Lleva más de dos meses escuchando llantos y súplicas de madres que han visto cómo son separadas de sus hijos, algunos de dos y tres años, y enviados a centros de menores.

Explica que "cuando llegan al puerto, a los niños los envían a centros de menores y a los adultos a una nave en el muelle (donde les hacen la PCR y filiación); luego a otra nave a pasar la cuarentena de la covid y después al albergue, pero a los niños no se los devuelven hasta que no salga la prueba de ADN, que suele tardar entre tres y cuatro meses". Las madres "viven esto de forma muy dramática, porque no saben dónde acudir", dice Martín.

Ver al niño a escondidas

"He cruzado fronteras para llegar aquí con mi hija, para que pueda tener una educación y, al final, ha sido peor porque estoy separada de ella", se lamenta Marissa, una joven de 25 años que dejó en Guinea Conakry a su marido y los estudios de Relaciones Internacionales.

La mujer llegó el 27 de agosto en patera a Fuerteventura. Asegura que después de permanecer 72 horas en una nave del muelle de Puerto del Rosario, le retiraron a su hija, le dijeron que la separación era por causa de la covid y que, en unas semanas, se la devolverían, pero no ha sido así. Desde entonces, solo ha podido verla por videollamada y un día de lejos en la playa.

Tras finalizar la cuarentena, la joven fue alojada en el albergue de Misión Cristiana Moderna. Un día se enteró de que su hija estaba con los cuidadores del centro de menores en la playa de Puerto del Rosario y corrió allí con la ilusión de poder verla, pero no le permitieron tocarla. "Vi que había adelgazado mucho y las dos empezamos a llorar", recuerda.

"He cruzado la frontera para que mi hija estuviera mejor y pensando que España era diferente, que aquí se preocuparían de los niños y de nosotras, pero veo que es todo lo contrario", lamenta.

La historia de Marissa es similar a la de Mariame Diomandé y Bintou Camara. Las tres se han juntado para contar a Efe su vida con el único anhelo de que alguien las escuche.

Aissa Didla, que llegó en patera a Fuerteventura, cuenta el sufrimiento que supone para ella que le hayan separado de su hijo mayor (le han permitido continuar con el bebé) nada más tocar tierra. EFE/Carlos de Saá
Aissa Didla, que llegó en patera a Fuerteventura, cuenta el sufrimiento que supone para ella que le hayan separado de su hijo mayor (le han permitido continuar con el bebé) nada más tocar tierra. EFE/Carlos de Saá

No comen ni duermen

Después de un viaje que duró un año y siete meses de Costa de Marfil a Marruecos, Mariame cuenta con tristeza cómo vio que su hija la llevaban a un centro. Desde entonces, solo ha podido verla un día en la playa y a través de videoconferencia.

Desde que llegó a Fuerteventura, dice que no puede dormir pensando en su hija y su estómago se ha convertido en una trinchera que no deja pasar los alimentos.

Bintou Camara explica que nunca se había separado de su hija, de tres años, hasta que en agosto llegó a Fuerteventura y la enviaron a un centro; lo segundo que comenta es que su hija no come ni duerme y, cuando habla con ella por teléfono, lo único que le dice es que quiere estar con ella.

Yaiza Martín explica que las madres solo tienen contacto una vez lo permite el centro de menores, "normalmente a las dos semanas empiezan a tener videoconferencia con sus hijos una o dos veces a la semana, depende del centro; en unos se les permite más que en otros".

La trabajadora de Misión Cristiana señala que las visitas están prohibidas hasta que lleguen los resultados del ADN, "pero esto no deja ser un pueblo y ellas los buscan por Puerto del Rosario para poder verlos".

El pequeño que echa de menos a su hermano

Aissa Didla acaba de terminar la cuarentena que exige Sanidad a quienes llegan en patera a España, también quiere contar su sufrimiento. Sentada en una silla empieza a contar su historia, mientras intenta tranquilizar a su hijo Ibrahima, de ocho meses. Su hijo mayor, de nueve, está en un centro desde que el 26 de septiembre llegaron a la isla.

Asegura que a su hijo se lo retiraron en el muelle y le dijeron: "Aquí en Europa acogemos los niños en un lado y a ustedes en otro".

Ha estado encerrada en una nave industrial sin poder hablar con él hasta el pasado 14 de octubre. Ese día el niño lloraba delante de la pantalla porque quería estar con su hermano Ibrahima.

Aissa asegura que ha llorado mucho, "aquí el tiempo es muy largo y difícil sin mi niño, si hubiera llegado a saber que me iba a pasar esto no hubiera salido de Marruecos".

El miedo al tráfico de menores

Fuentes de la Dirección General de Protección a la Infancia y la Familia del Gobierno de Canarias, responsable de la tutela de los menores desamparados o no acompañados, ha confirmado a Efe esta práctica entre algunos de los niños que llegan en patera a las islas y han asegurado que se trata de una decisión de la Fiscalía Provincial de Las Palmas que se ha estado llevando a cabo con algunos menores en esta provincia.

Desde la Dirección General de Protección a la Infancia y la Familia han mostrado su "disconformidad" con esta medida a la Fiscalía, una práctica que, según el Gobierno canario no se lleva a cabo en la provincia de Santa Cruz de Tenerife.

El Gobierno de Canarias tiene constancia de al menos seis menores en Fuerteventura que se encuentran en esta situación, cuatro llegaron con sus madres y dos manifestaron haber viajado acompañados de otros familiares. En Gran Canaria hay también seis en las mismas circunstancias, cinco de una embarcación que llegó el viernes y un menor de dos años que arribó anoche a la isla.

Las pruebas de ADN confirmaron el pasado viernes que los cuatro menores de Fuerteventura son hijos biológicos de las mujeres de la patera del 27 de agosto, aunque los niños aún no han sido entregados a sus madres.

La fiscal jefe de Las Palmas, Beatriz Sánchez, ha confirmado a Efe que se trata de una medida aplicada "en coordinación con el fiscal de sala de Menores, donde la Fiscalía Provincial de Las Palmas no está actuando motu proprio" y que persigue "proteger a los menores, para lo cual se hace esta separación hasta acreditar que existe esta relación materno filial o que viene con algún familiar".

Ha explicado que esta decisión se toma porque en el pasado se dieron situaciones en las que "los menores venían con personas que decían ser sus familiares y luego resultaba que no lo eran, por lo que para evitar tráfico de menores se establece esta separación y el menor queda bajo la protección de la Dirección General del Menor y, a continuación, se abre un expediente de riesgo en Fiscalía hasta determinar si son sus padres".

La Delegación busca alternativas para la acogida

La Delegación del Gobierno en Canarias propuso este martes alternativas para la acogida "en mejores condiciones" para las personas que llegan en patera y a las que el pasado domingo se sumaron unas 800 personas en el muelle de Arguineguín.

La llegada de más personas el domingo provocó que 200 personas tuvieran que pasar la noche al raso por la imposibilidad de Cruz Roja de acoger a todos y seguir manteniendo las medidas necesarias por el coronavirus.

La Delegación ha ofrecido el muelle sureño y espera que en 15 días se pueda contar con una nueva infraestructura en esta zona que pueda albergar a más de 300 personas.

El presidente del Gobierno canario, Ángel Víctor Torres, ha informado de esta medida tras la reunión que ha celebrado este martes con la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, con la que ha abordado el tema de la migración en las islas.

El presidente del Gobierno ha informado además de los asuntos que planteará en la Conferencia de Presidentes que se celebrará el próximo lunes, la defensa de los fondos europeos y el repunte de la llegada de migrantes a Canarias, cuestión esta última sobre la que hará hincapié en que "la solidaridad europea no puede quedar en palabras" y las comunidades autónomas deben ser solidarias para que se den derivaciones.

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