Más de la mitad de los adolescentes ha sufrido violencia sexual en el entorno digital
Un 8,8% afirma haber vivido algún caso de violencia sexual cometido por otro menor en el último año.

Madrid--Actualizado a
La Plataforma de Infancia presenta este miércoles su informe Violencia sexual entre adolescentes: retos y políticas públicas. En el evento, inaugurado por Carles López, presidente de la organización, y Rubén Pérez, secretario de Estado de Juventud e Infancia, comunicaron datos realmente preocupantes sobre la violencia sexual entre adolescentes y debaten sobre la falta de respuestas efectivas para ponerle fin. Los ponentes destacan cómo la ausencia de educación afectivo-sexual, la expansión del uso de inteligencia artificial en la manipulación de imágenes y el entorno digital desregulado han exacerbado este problema, consolidándose como factores clave en la normalización, aumento de la denuncia y percepción de la violencia sexual entre los jóvenes (seis de cada diez declara haber sufrido violencia sexual en el entorno digital). En la jornada participan distintas expertas y será clausurada por la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego.
Los datos recopilados en el informe resultan alarmantes. Según el estudio La victimización sexual en la adolescencia: un estudio nacional desde la perspectiva de la juventud española, realizado por el Grup de Recerca en Victimització Infantil i Adolescent (GREVIA) de la Universitat de Barcelona y referenciado por la Plataforma Infancia, "el 8,8% de los adolescentes encuestados afirma haber vivido algún caso de violencia sexual cometido por otro adolescente" en el último año. Asimismo, se ha constatado que "un 21,4% de los niños y adolescentes víctimas de violencia sexual que contactaron con las líneas de ayuda de la Fundación ANAR relataron que habían sido agredidos por otra persona menor de edad".
Cifras que reflejan que la violencia sexual entre adolescentes no es un fenómeno aislado, sino una tendencia preocupante que se produce en un contexto social donde los estereotipos de género y la exposición a contenidos violentos en el entorno digital sin ningún contrapeso juegan un papel fundamental.
El informe destaca que una de las principales causas de este problema es la "ausencia de educación afectivo-sexual", lo que genera una gran desinformación sobre los límites, el consentimiento y las relaciones igualitarias. A ello se suma la normalización de la violencia sexual a través del consumo de pornografía. Según los datos recogidos, "un 62,5% de los adolescentes de entre 13 y 17 años han visto pornografía alguna vez en su vida, y un 53,8% accedió antes de los 13 años".
Podemos decir que el entorno digital se ha convertido en un espacio de socialización, pero también en un nuevo escenario para la violencia. De hecho, el estudio Generación expuesta: jóvenes frente a la violencia sexual digital, de FAD Juventud, también referenciado por la Plataforma, así lo revela. "Un 59,9% de los adolescentes ha sufrido algún tipo de violencia sexual en el entorno digital", recoge. Entre las agresiones más comunes están el acoso, la difusión de imágenes sin consentimiento y la presión para enviar contenido sexual, prácticas que pueden derivar en delitos graves. Entre tanto, la tecnología también facilita la creación de contenidos manipulados con inteligencia artificial. De acuerdo con el mismo informe, "uno de cada cuatro hombres entre 16 y 19 años declara haber visto a gente de su entorno crear contenido por IA de personas a las que conocen personalmente", lo que sin duda reabre el debate sobre la ética digital y la falta de regulación en este ámbito.
Una etapa vulnerable
Las chicas adolescentes son, con diferencia, las principales víctimas de la violencia sexual. El documento cita que "más de la mitad de las adolescentes reconoce haber sufrido situaciones de violencia en la pareja", mientras que "un 41% de las jóvenes indican que han sido acosadas por compañeros del colegio".
En este sentido, el trabajo Silenciadas: un análisis sobre agresiones sexuales en la adolescencia, de Save the Children, destaca que "en la llegada a la adolescencia, las diferencias y desigualdades de género adquieren una mayor magnitud", lo que puede derivar en relaciones de poder desiguales y, en algunos casos, en situaciones de violencia. Además, "la masculinidad hegemónica entra en juego como la manera de ser hombre, el concepto social de cómo debe ser un hombre, cuyo ideal para la cultura patriarcal sería ser competitivo, fuerte, duro, musculoso, valiente, viril, un hombre de acción, independiente, seguro de sí mismo y un triunfador". Esta construcción social afecta directamente las relaciones entre adolescentes y, en algunos casos, legitima conductas violentas.
La revictimización
Los efectos de esta violencia sexual en la adolescencia pueden ser devastadores. El estudio recoge que "un 7,2% de los adolescentes víctimas de violencia sexual han tenido conductas suicidas, un 5,2% ha desarrollado autolesiones, un 3,5% sufre de baja autoestima y un 2% ha sido diagnosticado con depresión". Además, la violencia sufrida en la infancia y la adolescencia parece constituir en sí un factor de riesgo para futuras agresiones. Es más, según los datos, "haber sufrido violencia en la infancia aumenta hasta un 69% la probabilidad de volver a sufrirla en algún momento en el caso de las chicas, y un 48% más de probabilidades en el caso de los chicos".
Educación, no punitivismo
Para abordar este problema, el informe plantea una serie de propuestas que van desde la implementación de una educación afectivo-sexual obligatoria y con perspectiva de género, hasta la creación de protocolos específicos para la detección y prevención de la violencia sexual en entornos escolares y digitales. También se resalta la necesidad de garantizar atención integral a las víctimas y ofrecer mecanismos de intervención para los adolescentes que ejercen conductas sexuales problemáticas.
Un aspecto importante en este proceso es la recopilación de datos e investigaciones sobre el fenómeno. Pues el informe indica que "la ausencia de suficientes datos, estudios e investigaciones sobre la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes" dificulta el desarrollo de políticas públicas efectivas. En otras palabras, sin cifras claras y actualizadas, la respuesta institucional seguirá siendo insuficiente. Las expertas insisten en que esta violencia, como el resto, consiste en una manifestación de desigualdades estructurales y de la falta de educación en el respeto, el consentimiento y la igualdad. Ignorar este fenómeno, remarcan, supone perpetuar la impunidad y el sufrimiento de muchas víctimas. Por ahora, los números hablan por sí solos.
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