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Oso pardo muerto en el Pirineo ¿Quién mató al oso Cachou?

La aparición del cadáver del animal, un sospechoso habitual de ataques a caballos en el Pirineo, en un paraje montañoso de difícil acceso y la rapidez con la que el Valle de Arán difundió una versión oficial cuando hay más cabos sueltos que atados incendian de nuevo el debate sobre la reintroducción de los grandes carnívoros en la cordillera.

La mueca sardónica del cadáver de Cachou abona la hipótesis de que pudiera haber muerto envenenado.. AGENTS RURALS
La mueca sardónica del cadáver de Cachou abona la hipótesis de que pudiera haber muerto envenenado.. AGENTS RURALS

¿Quién mató al oso Cachou, el grandullón al que sus propias correrías habían convertido en los últimos años en un sospechoso habitual de los ataques a caballos y ovejas en el Pirineo junto al también polémico Goiat?

El cadáver del oso fue localizado por los Agents de Miei Ambient del Conselh Generau d’Aran la mañana del 9 de abril. El collar con GPS que llevaba desde hacía un par de años había dejado de emitir señales tras no registrar movimientos en dos días. Algo raro pasaba, y las posibilidades de que hubiera podido arrancárselo eran escasas.

Una patrulla de agentes se dirigió hacia la última localización que marcaba el sistema de seguimiento de los osos pirenaicos, una de las patas del polémico programa de reintroducción de grandes carnívoros impulsado por Francia y Catalunya con financiación comunitaria y que ha provocado fricciones con varios territorios pirenaicos.

La señal conducía a la zona conocida como la Soberpera, en el término de Les, un recóndito paraje de las montañas aranesas con escarpadas laderas. Allí, al pie de una de esas cortadas se hallaba el cadáver de Cachou, cuya muerte, o más concretamente, la precipitada versión que de ella dio el Conselh, el órgano que administra esta comarca autónoma de Catalunya ubicada en la cara norte del Pirineo, ha avivado de nuevo el encendido debate que la reintroducción del oso genera desde hace un cuarto de siglo en la cordillera.

Un mordisco sin traumatismos ni arañazos

El cadáver del oso presentaba la marca de un mordisco recibido antes de morir.- AGENTS RURALS

Cachou llevaba unas semanas rondando por esas montañas tras haber salido de su hibernación, algo que coincidía este año con el confinamiento de los humanos de la zona por el coronavirus. Los osos se despiertan con hambre tras unos meses de letargo que el cambio climático está transformando en un duermevela, aunque no constan ataques suyos a ganado en esas jornadas.

Sí los hubo el pasado otoño, antes de recogerse en su osera, algo que llevó a los responsables del programa a darle a comer carne de potro impregnada con una sustancia tóxica para escarmentarlo y hacérsela aborrecer tras la voracidad que había mostrado en los últimos meses.

Tras el hallazgo, los agentes movilizaron a sus compañeros de la Consellería de Territori y a los veterinarios del Conselh, que efectuaron una inspección ocular en busca de indicios que permitieran explicar su muerte.

Se trataba de una zona de difícil acceso, un paraje pedregoso y poblado de arbustos y pinos al pie de una pared vertical de unos 40 metros de altura donde Cachou quedó tendido.

Cerca podían observarse algunas piedras desperdigadas y, junto al cadáver, un trozo de musgo arrastrado y, al parecer, arrancado de la roca antes de quedar parcialmente aplastado por el cuerpo. Algunas ramas de los árboles cercanos estaban rotas.

El cuerpo, explicaron fuentes de los Agents Rurals, no presentaba rastros de disparo, traumatismos ni heridas de factura humana, aunque sí la huella de un mordisco ante mortem, es decir, causado en principio por un animal antes de que Cachou falleciera. Era el único rastro de una eventual agresión que.

Más cabos sueltos que atados

Esos indicios, sin embargo, no resultan suficientes para elaborar un relato. Hay más cabos sueltos que atados. ¿Pudo caer al vacío y morir sin sufrir traumatismos? ¿Qué anterioridad a la muerte tiene el mordisco? ¿Pudo ser atacado por un depredador mientras agonizaba o peleó con ese animal antes de caer (si cayó)? ¿Existen peleas de oso sin heridas? ¿De qué tipo de animal estamos hablando? ¿Detectaron su rastro los veterinarios?

A esas incógnitas por resolver se les añade otra fundamental: ¿A qué se debe la mueca, similar a una risa sardónica como la que causan los dolores del veneno, que presentaba el cadáver?

"¿Llevaba un mordisco que parece de oso? Sí ¿Se cayó? Parece que sí. Pero no podemos asegurar que esas sean las causas de la muerte. Para eso tendremos que esperar a los resultados definitivos de la necropsia, con los análisis toxicológicos", señalan fuentes de los Agents Rurals.

Con esos datos, la investigación se centra en esclarecer el relato de la muerte de Cachou en un expediente administrativo que tramita el Departament de Territori de la Generalitat y en el que apenas hay hipótesis descartadas más allá del abatimiento por disparo. ¿Se despeñó en una pelea? ¿Murió envenenado? ¿Acabó en ese paraje tras deambular herido?

Nadie lo sabe con certeza por ahora, a la espera del estudio que está elaborando el servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje (SEFaS) de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), a donde fue trasladado el cadáver tras su levantamiento. "Si aparecen rastros de veneno o indicios de una muerte causada podríamos ser requeridos para investigarla", anotan las mismas fuentes.

"Hay que mirarlo con lupa"

El Conselh Generau, sin embargo, tenía las cosas mucho más claras a partir de esos mismos datos ya el mismo día 14 de abril. Tanto como para asegurar en un comunicado oficial que "se constata de manera preliminar que podría haber sido atacado por otro oso y que cayó de unos 40 metros". "Se pudo constatar que presentaba heridas perforantes con hemorragias en el lado izquierdo de la cabeza (por debajo de la oreja y cuello proximal)", añadía, por lo que "al tratarse de un macho adulto, se deduce que sólo otro oso puede causarle estas lesiones".

"Numerosos expertos ponen en duda esa versión", afirma WWF

Esas afirmaciones provocaron la reacción de los grupos conservacionistas como la Fundación Oso Pardo (Fapas), SEO-BirdLife, la Federación Ecologistas de Catalunya e Ipcena, que calificaron esa versión de "inverosímil" e "improbable" al no existir apenas en el mundo casos documentados de ataques mortales entre osos adultos.

También WWF reclama una investigación para aclarar las circunstancias en las que murió Cachou ante el "prematuro anuncio" del Conselh. "No hay todavía datos suficientes como para conocer la causa, y menos cuando se trata de un ejemplar polémico como este y cuando numerosos expertos ponen en duda esa versión", señala Gema Rodríguez, responsable de Especies Amenazadas de WWF.

"No estamos diciendo que estén manipulando los datos ni que estén mintiendo u ocultando información, pero sí pedimos más rigor", aclara Rodríguez, que destaca cómo la ausencia de traumatismos y la inexistencia de rasguños y heridas cuestionarían la hipótesis de la muerte natural por despeñamiento, al tiempo que "llama la atención la mueca, que puede estar relacionada, o no, con los dolores que causa el veneno", apostilla.

"Hay que mirar con lupa, lo que levanta las sospechas es la premura en comunicar la supuesta causa", añade.

El cadáver de Cachou cuando fue encontrado por efectivos de Agents Rurals.-

La eventual existencia de una hemorragia interna, por otro lado, puede tener varios orígenes, desde un traumatismo hasta la ingesta de rodendicida, veneno para roedores, susceptible de desatarla con un golpe leve si se ha producido la intoxicación.

Medio centenar de ejemplares

Cachou, de seis años, era un ejemplar clave en el programa de reintroducción del oso, que, pese a la muerte de Cachou, supera ya el medio centenar ( ) de ejemplares (52) tras la confirmación oficial por la Generalitat del nacimiento de diez nuevos oseznos, tal y como adelantó Público hace unos meses.

El fallecido "aportaba una importante variabilidad genética a la población oriental de oso pardo, al no tener su padre parentesco con Pyros, el macho dominante del que descienden casi todos los ejemplares de esta población", explican en WWF, desde donde destacan que "los niveles de variación genética de esta población, que permiten su supervivencia están entre los más bajos de los descritos en la literatura científica para esta especie, lo que sitúa a esta población en una situación crítica".

Esa circunstancia incrementa el valor de la pérdida en términos de biodiversidad. Sin embargo, no solo el oso se encuentra en una situación crítica en el Pirineo. Muchos ganaderos comienzan a estarlo también como consecuencia de su reintroducción, que el verano pasado provocó las protestas del sector, especialmente en Aragón, cuyo Gobierno autonómico llegó a pedir la deportación de Goiat, un macho joven de origen esloveno al que se atribuyen numerosos ataques a rebaños de ovejas y caballos y destrozos en colmenas.

"Da igual, vendrá otro: el oso no vive de la hierba"

Cachou tenía una preferencia clara por los caballos. Lo sabe bien Emili Gerotina, un ganadero de Mont, uno de los núcleos de Viella que el año pasado sufrió de manera especial sus correrías. "A primeros de septiembre nos mató cinco animales: dos yeguas, dos potros y uno de recría. Atacaba cada dos días", explica.

"Lo malo no es lo que mata, es lo que conlleva. Las pérdidas no se pueden soportar", señala. Se refiere a los efectos secundarios de los ataques: doce yeguas que no parieron hace dos años, cuando atacó el rebaño Goiat, y "de 35 que tenían que criar esta primavera solo lo ha hecho una", ilustra.

"Cuando no había osos, pocos caballos se despeñaban", apuntan los ganaderos

A esas alteraciones se les suman los abortos que provoca en las madres el estrés de los ataques. Ocurrieron en las fincas de la montaña en la que se apacentaban los caballos a la espera re repartirse entre Viella y Francia al llegar el frío.

"A unos los atacó y a otros los hizo despeñarse para, después, comerse un poco de su carne. El resto quedaba para los buitres y otros carroñeros", narra. "Cuando no había osos, pocos caballos se despeñaban", anota.

Los animales completan su transhumancia normalmente a mediados de noviembre, aunque el año pasado tuvo que adelantarla a mediados de septiembre, con el aumento de gastos que eso conlleva por la estabulación. Fue en esa época cuando los forestales le dieron al oso la carne de potro con tóxicos para disuadirle de ir a por ella. Lo cierto es que no hubo más ataques, aunque Gerotina discrepa de las conclusiones de la Generalitat: "No fue por el veneno, fue porque le quitamos los animales". Para Emilio, "el oso no es compatible con la ganadería. Este se ha muerto o lo han matado, pero da igual, vendrá otro. Estos animales con la hierba no viven", concluye.

Imagen de Cacho en los parajes del Pirineo.- ARCHIVO

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