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El quebrantahuesos se recupera y marca el camino para la protección de las especies amenazadas en España

Las poblaciones del rapaz se afianzan en los Pirineos y empiezan a consolidarse, por primera vez en décadas, en otros espacios de la península como Andalucía, donde ya hay al menos 4 parejas reproductoras que fueron reintroducidas.

Un ejemplar de quebrantahuesos ('Gypaetus barbatus')
Un ejemplar de quebrantahuesos ('Gypaetus barbatus'). José Luis Ojeda / SEO BirdLife (Foto cedida)

Al quebrantahuesos lo mataban porque sí. Lo envenenaban y lo tiroteaban por miedo, aunque también por desconocimiento. Con hasta tres metros de envergadura –cuando abre sus alas– y una mirada imponente, este rapaz de montaña, amenazada por el ser humano, empieza a recuperar sus poblaciones en España y marca el camino de las actuaciones en conservación de especies.

Este mismo mes, tras terminar el proyecto Monirepro QH de la Fundación Biodiversidad –adscrita al Ministerio de Transición Ecológica– y la Fundación Quebrantahuesos (FQH), ya se cuentan 92 parejas reproductoras en el Pirineo aragonés. Una cifra aparentemente pequeña, pero que dista mucho de las 39 que se documentaron en los años noventa, cuando España empezó a trabajar sobre el terreno para salvar un ave emblemática y esencial para la conservación de los ecosistemas montañosos. Además, los diferentes grupos de trabajo han conseguido introducir ejemplares en otras zonas del mapa donde este ave carroñera estaba completamente extinguida desde la segunda mitad del siglo pasado. Ha habido un crecimiento anual y estable de entorno al 3% y el 4% en estos treinta años de labores de conservación, según los últimos datos.

En la última década, varios proyectos de conservación han conseguido recuperar terreno perdido y, actualmente, hay ya nidos de quebrantahuesos al sur del Pirineo. Por un lado, las aves han expandido su presencia de manera natural y al menos hay una pareja localizada en la Sierra de Moncayo, en Aragón y otra pareja en los montes vascos. Además, los biólogos y expertos de la Junta de Andalucía han reintroducido cinco parejas en la Sierra de Cazorla, Jaén. La Fundación Quebrantahuesos, por su parte, ha llevado otra pareja a los Picos de Europa, donde antes no había ejemplares.

"Este escenario que vislumbramos ahora ni por asomo podríamos pensarlo en la década de los noventa", opina Juan Antonio Gil, vicepresidente de la Fundación Quebrantahuesos. "La consolidación de la población pirenaica ha sido clave para que después se hayan podido expandir algunos ejemplares hacia el sur. Se trata de animales que apenas se mueven unos 30-40 kilómetros del lugar del que nacen, por lo que hemos tenido que acelerar la expansión reintroduciendo nuevos ejemplares en otras zonas. Lo que hemos hecho todos estos años ha sido rescatar aquellos embriones que, por sus características, tenían pocas posibilidades de salir adelante de manera natural, y los hemos criado en cautividad para después libarlos en nuevas zonas. Se ha conseguido así salvar algunos quebrantahuesos que no tenían casi oportunidad de salir adelante, al mismo tiempo que se expandía o se estabilizaban las poblaciones existentes".

La caza indiscriminada de esta especie de buitre fue la causa de su extinción total en prácticamente toda la geografía española. El uso de venenos también fue importante para entender su declive, pues la escasa regulación de materias tóxicas para erradicar plagas terminó afectando a este ave cuando se alimentaba de seres murtos que habían ingerido algún tipo de químico. "La entrada de España en la Unión Europea ayudó a cambiar esto, ya que se ilegalizaron bastantes elementos que contribuían a la merma de población", indica Gil. Ahora, las escopetas han dejado de apuntar al rapaz y la presencia de venenos en el campo ha remitido notablemente, pero hay otras amenazas vinculadas a la acción del hombre que lastran el ritmo de crecimiento de la especie en España.

Se trata de la antropización del campo a través de la instalación de parques eólicos o tendidos eléctricos. Según los datos de la Fundación, cada año mueren en el entorno pirenaico un promedio de dos rapaces de quebrantahuesos tras colisionar contra instalaciones de este tipo. "El aumento de temperaturas generado por el cambio climático es también muy importante", añade Gil. "En el Pirineo la subida es ya de 0,2º C por década, lo que está haciendo que algunas especies que antes no estaban presentes aquí se desarrollen en ciclo completo a estas latitudes y aumenten los riesgos de contagios de nuevas infecciones para las que los quebrantahuesos no están preparados. Tenemos documentado ya algún caso de Malaria".

Un ejemplar de quebrantahuesos sobrevuela los cielos con sus enormes alas abiertas.
Un ejemplar de quebrantahuesos sobrevuela los cielos con sus enormes alas abiertas. Natura HDFilms / SEO Birdlife (Cedida)

Fundamental para los ecosistemas

Cuando un animal muere en la montaña acuden a saciar su hambre algunos mamíferos cánidos como lobos o zorros y buitres, que repelan la carne finada y las vísceras. Son carroñeros que devoran y aprovechan hasta la última proteína. El quebrantahuesos es el último eslabón. Baja del cielo cuando el festín termina y proceden a engullir lo que nadie ha querido: los huesos. Esta cualidad les otorga un papel esencial en la regulación y la limpieza de los ecosistemas de montaña. 

"Esta limpieza es fundamental porque la acumulación excesiva de huesos incrementa las posibilidades de brotes de enfermedades como ántrax. Aunque no es demasiado probable que pueda ocurrir, es cierto que hay numerosas enfermedades que pueden transmitirse así", explica Luis Tirado, portavoz de la Sociedad Española de Ornitología (SEOBirdLife), que sostiene que relanzando a esta especie se ayuda a conservar a otros seres vivos que podrían contraer enfermedades derivadas de un ecosistema incompleto y poco saludable.

El modo de alimentarse, aprovechando la proteína y los tuétanos, es esencial también para la supervivencia de la ganadería extensiva que se ubica en prados y valles de zonas elevadas. El rapaz, inofensivo e incapaz de atacar, elimina del suelo los huesos de animales salvajes que han sido cazadas por depredadores y contribuye a que los rebaños no entren en contacto con la casquería y los despojos que podrían ser vectores de posibles contagios. En otras palabras, es una barrera contra la infección del ganado

La recuperación exponencial y la expansión del quebrantahuesos se ha convertido también en un vector económico para algunas zonas rurales que, en los últimos años, se han beneficiado de programas de ecoturismo destinado a la observación del rapaz. Para Tirado, el modo en el que las Administraciones y las organizaciones sociales han actuado debe marcar el ritmo y el camino para la conservación de otras especies en conflicto como el lobo o el oso. "Hay que seguir estos pasos, y eso pasa por empezar a trabajar con la sociedad sin imponer nada, solo concienciando".

 

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