Público
Público

Racismo Escuelas Catalunya La lucha contra el racismo empieza en las escuelas

En Barcelona la migración llega al 28%, pero las escuelas no explican la historia de otros pueblos ni celebran las festividades. Son racismos sutiles que la Estrategia Antirrumores quiere erradicar desde hace diez años.

L’Institut Escola El Til·ler, al Bon Pastor.
L’Institut Escola El Til·ler, al Bon Pastor. Montse Giralt

En Barcelona hay más de 1.000 comunidades y se hablan más de 300 lenguas. El 34% de los niños recién nacidos tienen uno de los dos progenitores con nacionalidad extranjera. La diversidad ha crecido mucho en los últimos años: hace dos décadas la migración representaba el 2% de la población; hoy, llega al 28%. Estos datos demuestran que la diversidad forma parte de la identidad de Barcelona. Pero, aun así, el racismo continúa estando a la orden del día. "Hay jerarquías desde el punto de vista social, pero también jurídico o administrativo. Yo tengo un 10% más de posibilidades que me pare la Guardia Urbana que una persona blanca", apunta Khalid Ghali, comisionado de Diálogo Intercultural del Ayuntamiento de Barcelona.

Según Ghali, reina la discriminación estructural, que se ve en varios ámbitos de la sociedad. También en la educación. "No se trata solo de insultos o agresiones: el racismo se nota en cuestiones más sutiles", asegura el comisionado, que pone de relieve que en las escuelas no se da historia del pueblo romaní ni se pone en valor el calendario de festividades de otras religiones. "¿Cuántas personas negras hay en la Administración? ¿Cuántos maestros racializados, que empoderen las minorías? La cultura es hegemónica y nuestro currículum escolar es blanco", afirma el comisionado.

Ghali: "La cultura es hegemónica y nuestro currículum escolar es blanco"

El racismo en las escuelas, a pesar de que sutil o involuntario, causa efectos sobre los jóvenes. "La educación tendría que ser igualadora, pero vemos que se reproducen estereotipos que causan, por ejemplo, que las familias racializadas no opten para encaminar sus hijos e hijas en la universidad", asume. Son estos prejuicios los que motivaron el Ayuntamiento a crear, ahora hace diez años, el Pla BCN Interculturalidad, del cual nació la Estrategia Antirrumores. "La naturalización de los racismos da lugar a los rumores, a expresiones constantes, tanto si callamos como si las verbalizamos", explica Cristina Monteys, miembro de la Estrategia Antirrumores, que desde el principio puso el foco en trabajar la pedagogía. "La educación es el escenario primordial para luchar contra las discriminaciones, y es donde la Administración tiene que tomar decisiones valientes", apunta Monteys.

Por eso, una de las herramientas de esta iniciativa es la Red Antirrumores, un conjunto de casi 400 entidades y de 600 personas que trabajan para desmontar estereotipos sobre la diversidad. Una de las principales acciones es un catálogo de actividades y formaciones que ofrecen a toda la ciudadanía y principalmente a escuelas. Así, los centros educativos disponen, por ejemplo, de talleres de rap contra el racismo, sesiones de lectura, cocina o de teatro del oprimido. "El objetivo es abordar el racismo desde la prevención, no de manera reactiva. Si solo actuamos cuando hay una discriminación, ya es tarde", afirma Monteys.

Monteys: "Si solo actuamos cuando hay una discriminación, ya es tarde"

Una de las escuelas que ha hecho uso del catálogo es el Instituto Escola El Til·ler, en el Bon Pastor. Este centro está fuertemente segregado: entre el 60% y el 70% del alumnado proviene de familias recién llegadas, la mayoría de Marruecos. Así, a pesar de que los niños son escolarizados desde muy pequeños en catalán y castellano y, por lo tanto, no tienen problemas con el idioma, la comunicación con las familias era un problema frecuente. Por eso, y de la mano del catálogo, accedieron a la asociación Prollema, que capacita chicos y chicas migradas, en riesgo de exclusión social, porque puedan ser formadores en su lengua materna.

Complicidad y pertenencia

Gracias a este vínculo, en el Til·ler se imparten clases de árabe para los niños en horario extraescolar, pero también para los miembros del equipo educativo. "Enseguida vimos la necesidad de acercarnos a las familias, que veían una frontera con la escuela por no dominar la lengua", explica Dome Viñas, directora del centro. Así, desde hace tres años, el equipo docente recibe clases de árabe en la pausa del mediodía. A pesar que todavía no son capaces de mantener una conversación en esta lengua, sí que saben construir algunas frases que acercan familias y centro. "Empezaron a venir a recoger a las criaturas con una sonrisa, e intercambiábamos palabras en la puerta. Esto genera complicidad y, por un lado, hace que las familias confíen más en la escuela y se sientan más parte del barrio, y por la otra favorece la empatía del profesorado", apunta Viñas.

Y es que llegar a un lugar nuevo, donde se habla una lengua extraña, genera frustración y desconexión con el entorno. "Hay el estereotipo que las familias migradas no participan de las actividades del centro. Pero, ¿tú lo harías si no entiendes qué pasa o sientes que no se te respeta?", se pregunta la directora. Según Viñas, esforzarse para aprender la lengua del otro es un pequeño gran gesto: "Demuestras que tanto su idioma como ellos son válidos y que se puede construir comunidad". Todavía no se puede decir que docentes y familias del Til·ler hablen la misma lengua, pero sí el mismo idioma. El esfuerzo para hacerse entender y la paciencia para mantener una conexión, gracias al aprecio compartido por las criaturas, ha construido un puente para superar los estigmas.

Identitats i Miralls, un grito desde la Mina para romper el estigma del barrio

La iniciativa invita a grupos de jóvenes y profesionales que trabajan en el barrio a analizar qué dicen los medios y ver cómo alimentan los estereotipos.

Una plaga de ratas. El desmantelamiento de una "banda de toxicómanos". Un herido por arma de fuego. Estos sucesos son los que aparecen rápidamente en el buscador de noticias Google cuando buscas "la Mina". Sobre el barrio de San Adrià del Besòs pesa un fuerte estigma, alimentado por este tipo de noticias que generan un mensaje que se enquista dentro y fuera de la Mina y que acaba consiguiendo que el mismo vecindario sienta rechazo hacia su propio barrio. "Muchos jóvenes no se sienten a gusto y creen que no llegarán a ninguna parte por haber nacido aquí. Pero es que las discriminaciones no tienen límite: no pueden pedir comer a domicilio porque Glovo no reparte aquí. También nos explican que no pueden comprar ni vender por Wallapop porque la gente se piensa que les robarán", explica David Picó, educador del proyecto Des de la Mina, dinamizado por la Plataforma d'Educació Social (PES) Salesians Sant Jordi.

Este proyecto nace el 2003 con un objetivo claro: transformar la imagen del barrio a través de la dinamización comunitaria. De aquí nacen varias iniciativas, como Fills de la Mina, un videoclip de rap y rumba en catalán, realizado por jóvenes del barrio con la colaboración de la Plataforma per la Llengua, que arrasó en Internet el 2019. Esta experiencia, que fue puntual, levantó mucho ajetreo y sirvió para ayudar a cambiar la mirada del barrio de puertas afuera. Pero Des de la Mina trabaja desde hace años también para incidir sobre los estereotipos y los estigmas que tienen los mismos vecinos y vecinas.

En esta línea, hace ocho años que salió a la luz la propuesta Identitats i Miralls, un taller dinamizado por estudiantes de Educación Social de la Universitat de Barcelona (UB) que acompaña varios colectivos en un análisis crítico de aquello que las noticias explican de la Mina. Así, desde grupos de jóvenes que participan del aula de Estudio, hasta los profesionales del CAP, participan en talleres de 90 minutos en los que se compara "qué dicen los medios sobre el barrio con aquello que piensan, viven o sienten los vecinos, analizando qué influencia tiene en cómo se sienten y como se construyen las identidades colectivas de la Mina", explica Marina Moreno, trabajadora de la PESO, que apunta que Identitats i Miralls supone un (re)descubrimiento del barrio, "dejando atrás las pantallas, pisando terreno y conectando el vecindario".

Las noticias que se comentan son escogidas especialmente por cada grupo. Por ejemplo, una de las actividades que se hicieron con la Unidad de Escolarización Compartida (UEC) trató sobre el consumo de drogas al barrio. "Los jóvenes culpaban las personas migradas del tráfico y el consumo porque para ellos era fácil rendirse al estereotipo", dice Moreno, que añade: "Identitats i Miralls te confronta con tus propios prejuicios y te lleva a la autocrítica". Estas reflexiones también son imprescindibles para los profesionales que trabajan cada día en la Mina, por no reproducir estereotipos y no tratar los usuarios desde el paternalismo ni el estigma.

Berta Ramírez es una de las participantes de estos talleres, en su caso como trabajadora de la PES. "Recordé que la primera vez que vine a la Mina pasé miedo, pero no porque me pasara nada, sino porque tenía asumido que era un barrio peligroso", explica, reflexionando sobre cómo es de importante para el trabajo comunitario no prejuzgar. Por eso, que los adultos y profesionales no estén intoxicados por la prensa sensacionalista y no vean la juventud del barrio como potenciales delincuentes o drogadictos es importantísimo para su autoestima y realización.

Uno de los objetivos, pues, del taller es demostrar que estos jóvenes no tienen el destino grabado a fuego solo por haber nacido en la Mina, por mucho que algunos titulares de noticias les auguren un futuro de miseria. Y, por eso, es muy importante la presencia y la dinamización de las jóvenes estudiantes de la UB. "En muchos casos hay pocos años de diferencia entre las chicas universitarias y los jóvenes que vienen a los talleres, pero sus realidades son tremendamente diferentes. Este encuentro, que de otro modo no se habría dado, los ayuda a ver que otros caminos son posibles", explica David Picó.

Más noticias