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Se reactiva el debate sobre la mítica basílica cristiana debajo de la Mezquita de Córdoba

El arqueólogo que excavó bajo el templo responde al investigador del CSIC y defiende la teoría de la iglesia cristiana, en un nuevo episodio de la ya legendaria polémica sobre el solar del monumento omeya.

Vista de la Mezquita de Córdoba desde el aire. WIKIPEDIA

Pedro Marfil, el arqueólogo que excavó durante años debajo de la Mezquita de Córdoba, asegura que los restos hallados en el subsuelo del monumento están vinculados a edificios de carácter cristiano, previsiblemente correspondientes a una iglesia del siglo VI. Así lo ha indicado en su página de Facebook, donde ha colgado abundante material gráfico, en respuesta al artículo escrito por el arqueólogo del CSIC, Fernando Arce Sainz, y recogido el pasado martes por Público.

Para armar su hipótesis de trabajo, Marfil se basa en dos elementos que juzga determinantes. Por un lado, la aparición de un crismón en un ladrillo con la inscripción del fabricante Ex Off Leonti; y, por otro, un ave y una corona sobre crátera floreada en el mosaico, que remiten, en su opinión, a un espacio religioso.

“No conozco ningún crismón que no sea cristiano”, señaló en su red social, junto a la fotografía de un ladrillo incrustado en el muro del yacimiento arqueológico. Un crismón es un monograma compuesto por las letras griegas entrelazadas X y P en referencia al nombre de Cristo.

Ladrillo con crismón en los restos bajo la Mezquita de Córdoba

“Es evidente que son construcciones promovidas por el obispo. Ahí están las pruebas. He estado trabajando 18 años en la Mezquita. Es un edificio religioso. Está claro. El crismón de los ladrillos y los mosaicos son motivos cristianos. Y lo más lógico es que sea una iglesia”, aseguró a Público en conversación telefónica.

Fernando Arce, en cambio, discrepa de ese argumento. En su opinión, la presencia del cristograma no confirma que se trate de edificios de carácter religioso. “El crismón se populariza a partir del siglo IV en multitud de objetos cotidianos: cerámica, vídrio o bronces. Es un signo salutífero, protector, vinculado a esa nueva religión que está empezando a difundirse entre la sociedad mayoritariamente pagana del momento. No señala espacios religiosos en sí mismo”, argumenta.

Sobre el crismón del ladrillo mostrado por Pedro Marfil en su Facebook, afirma: “El crismón lo pone el fabricante. Un tal Leonti. ¿Por qué? ¿Es cristiano? A lo mejor. Pero esos ladrillos no se venden para hacer iglesias, sino para la construcción en general. Conocemos en la provincia de Córdoba otros ladrillos con el sello de Leonti. En Montemayor, por ejemplo”. En cuanto a los mosaicos del subsuelo de la Mezquita, considera que los motivos que indica Marfil (crátera, pájaros) “no son en sí mismos religiosos sino que forman parte de los repertorios decorativos tardorromanos”.

Detalle de corona sobre crátera floreada del mosaico del subsuelo de la Mezquita

La opinión de Marfil es bien distinta. “Un crismón es el nombre de Jesucristo. ¿Quién va a poner en un edificio ladrillos con crismón?”, se pregunta. El arqueólogo y profesor de la Universidad de Córdoba data la construcción en el siglo VI y no en el IV como defiende Arce Sainz. Esa es la fecha que ofreció el prestigioso experto Armin Stylow, director del Corpus de Inscripciones Latinas. “¿Cómo un edificio del IV puede tener ladrillos del VI?”, inquiere Pedro Marfil.

Arce sostiene que las dataciones están forzadas. “Stylow fecha la inscripción entre el año 500 y el 700 y, en este caso, se deja llevar por la opinión previa de Marfil, quien es el que fuerza a considerar que aquello es parte de la iglesia visigoda de San Vicente”, indica el arqueólogo del CSIC. Sobre los mosaicos, asegura que, en modo alguno, pueden ser del siglo VI, ya que dejaron de fabricarse en la península en el IV.

Detalle de ave sobre crátera floreada del mosaico

Fernando Arce sigue sosteniendo que tanto los mosaicos como los restos asociados pertenecen a un “edificio de carácter doméstico de cierta calidad monumental”. Y en todo caso, según su perspectiva, forman parte de un nivel constructivo situado a casi tres metros de profundidad. Es decir, “cuando en la segunda mitad del siglo VIII se hace la Mezquita de Córdoba, los niveles profundos estaban arrasados y ocultos desde hacía siglos”. Lo que indicaría, bajo su óptica, que los musulmanes no tuvieron que destruir ninguna iglesia porque ya se encontraría enterrada.

Pedro Marfil articuló la teoría del complejo episcopal debajo de la Mezquita hace más de veinte años y ahora vuelve a cobrar cierto vuelo entre algunos arqueólogos. En los trabajos de restauración del mosaico a finales de los noventa, el entonces arqueólogo del Cabildo encontró una tumba, prueba sólida, a su parecer, de la presencia de un edificio cristiano. Marfil no es el único que defiende la naturaleza religiosa de los restos. “Otros asesores arqueológicos del Cabildo”, agrega Arce, “son también firmes partidarios de la presencia cristiana anterior a la Mezquita. El problema es que ante la incapacidad manifiesta de poder presentar de forma fehaciente los restos de una iglesia, en vez de plegar velas y dar por zanjado el asunto, se han embarcado en una desesperada huida hacia adelante con el supuesto complejo episcopal”.

El de la mítica basílica de San Vicente es un viejo debate suscitado desde el siglo XIX a partir de textos árabes tardíos descubiertos por el arabista holandés Dozy. El arquitecto Félix Hernández excavó en 1930 en busca del legendario templo pero encontró un conjunto de “muros pobres” que lo sumieron en la perplejidad. Noventa años después, el enigma sigue llenando páginas de arqueología.

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