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Recuperados del Covid-19 Del coronavirus también se sale: hablan los que ya han vencido a la enfermedad

Algunos pacientes de covid-19 que se han recuperado cuentan su experiencia, sus miedos e impotencias. Todos ellos, en cualquier caso, coinciden al resaltar el valor de la sanidad pública y sus profesionales durante esta emergencia.

Una pareja se besa en el balcón junto a una pancarta de un vecino que reza "gracias" y "ánimo". Sergio Pérez/Reuters
Una pareja se besa en el balcón junto a una pancarta de un vecino que reza "gracias" y "ánimo". Sergio Pérez/Reuters

alejandro tena

Parece que el coronavirus ha venido para comerse la primavera –a marzo ya lo ha engullido– y, cuando todo pase, el sol del verano será frío; demasiadas defunciones, demasiadas incertidumbres para las mentes confinadas. Sin embargo, y pese a las malas sensaciones, de la covid-19 se puede salir. Tanto, que ya hay quienes han conseguido vencer su curva personal, sea por esa sanidad pública que se sacrifica a diario sin recursos, o por la suerte de un sistema inmunológico fuerte y férreo. En España, son ya más de 20.000 personas las que han conseguido abandonar el hospital y respirar tranquilos. Los curados, según indican las autoridades, irán en aumento. Hay esperanza.

"Soy muy blanda, la verdad, y me ha costado mucho a nivel emocional", explica Sonia, una de esas personas que ha podido volver a casa con su familia tras semanas ingresada por coronavirus. "El viernes 13 empecé a encontrarme mal, con algo de fiebre, pero no fue hasta el siguiente domingo cuando fui a la clínica privada Quirón de Madrid. Como era joven, me dijeron que no me podían ingresar, así que me recetaron medicación y para casa. Al final seguí empeorando y me ingresaron en el hospital público Clínico San Carlos. Allí estuve cuatro días en un sillón, eso sí con asistencia sanitaria. Al cuarto día me mandaron para Ifema, donde por fin tuve una cama".

Ahora, ya en el hogar, argumenta que sigue teniendo algo de "miedo a recaer" y volver a sentir esa incapacidad para respirar que tantos enfermos sufren a diario. En cualquier caso, para Sonia, lo positivo empieza a llegar, no solo porque ya puede ver a sus hijas, sino porque algunos de los síntomas más desagradables van desapareciendo. El sentido del gusto, que estaba ausente, empieza a funcionar y, aunque ayer no pudo tomarse el café, ya ha recuperado el apetito. "Vamos poco a poco", agrega detrás de una carcajada.

También hay quien ha pasado la cuarentena en casa y, ahora, está ansiosa por la vuelta al trabajo. Es el caso de Ana, una enfermera madrileña que empezó "con fiebre moderada y muchísimo cansancio, además de un fuerte dolor de espalda y cabeza". A la espera de que le confirmen que por fin ha dado negativo, manifiesta su "impotencia" por no haber podido estar cerca de sus pacientes durante estas semanas de confinamiento obligado. "Me necesitan en mi centro de salud y me da rabia saber cómo lo están pasando en mi equipo y cómo están mis pacientes, es lo que peor llevo. ¿Miedo? Ninguno. Sí que tengo compañeras que están pasando miedo, pero yo siento impotencia", expresa, la enfermera que ha tenido suerte de no experimentar los síntomas más graves y peligrosos del coronavirus.

"La sanidad privada no está teniendo un papel muy honesto en esta crisis"

A Bea el coronavirus le pilló con fuerza, pero tras unas semanas ingresada ya ha vuelto a casa. "Ahora estoy un poco perdida… No tengo una guía clara de lo que tengo que hacer, más allá de estar confinada", explica emocionada. "Lo que sí tengo claro es que después de esto me voy a cambiar de la sanidad privada a la Seguridad Social", añade. Al ser funcionaria tenía cobertura médica por Muface, sin embargo, en cuanto vieron que tenía covid-19 la dejaron "tirada" y le mandaron al hospital de Getafe. "La privada no está teniendo un papel muy honesto en esta crisis. Me gustaría reclamar, porque he estado ocupando una cama en la pública que podría haber ocupado otra persona", denuncia.

Su periplo, como el de Sonia, estuvo marcado por largas esperas en salas abarrotadas y con el corazón en un puño. Tanto, que para ella el momento más emocionante no ha sido la vuelta a casa, sino el día que "a las seis de la mañana" le anunciaron que subía a planta. "Era como llegar al cielo", bromea. Allí pasó varios días junto a una compañera de habitación que ya había perdido a su marido por coronavirus, lo que le abrió ciertos temores. "Mi padre, que es una persona mayor, estaba ingresado en el Severo Ochoa al mismo tiempo que yo, y sólo pensaba en él".

"No es una gripe. Nunca había experimentado ese cansancio y esos dolores por todo el cuerpo"

En estos tiempos de globalización, hay españoles que, fruto de la migración, han pasado esta enfermedad fuera de España. Sergio es una de esas miles de personas que han tosido y sudado lejos de los suyos, concretamente en Areuse, un pueblo de la Suiza francófona. "Esto ha creado bastante ansiedad en la familia y en algunos amigos que se han preocupado muchísimo por mí. Mi tía se pensaba que iba a morir y me escribía todos los días, porque no se fiaba de lo que le contaba".

"No es una gripe", apunta. "He tenido gripe y nunca había experimentado ese cansancio y esos dolores por todo el cuerpo; la nuca parecía que iba a estallar", expone el español, que teme no poder regresar a España en unos meses debido a la pandemia. No en vano, señala que, a pesar de que ya se han registrado más de 16.000 casos de covid-19 en el país alpino, todavía no hay una gran conciencia social sobre el problema, ya que la gente sigue saliendo a la calle y no se han decretado medidas de confinamiento como en la mayor parte del mundo. "Hay bastante tensión entre los que se piensan que hay que quedarse en casa y los que siguen haciendo vida normal", agrega.

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"La sanidad pública tiene que volver a ser lo que fue"

Las jornadas de aislamiento, la incertidumbre de un nuevo fármaco entrando por la vía y el "no saber si se saldrá de esta" potencian las malas sensaciones de una experiencia traumática a todos los niveles. Sin embargo, la recuperación se empapa de cierta gratitud hacia sistema sanitario español. "Creo que se ha reaccionado tarde, pero tampoco creo que se estén haciendo mal las cosas. Hay que tener en cuenta que la gestión de privatizar los servicios públicos ha sido un error que ha ido en detrimento del paciente. Yo he estado cuatro días en un sofá sin conseguir cama y cuando la tuve, fue porque se tuvo que montar un hospital de campaña en Ifema", opina Sonia.

"Tenemos que luchar para recuperar el sistema que teníamos y no perdernos en lo bonito que es salir de esto"

"La comunidad de Madrid está siendo un auténtico desastre", argumenta Ana, quien está viviendo esta emergencia desde las dos perspectivas, paciente y profesional sanitario que lucha contra la falta de recursos. "Está claro que, a posteriori, criticar es muy fácil, pero hay cosas que se están haciendo muy regular y, aquí, prima lo mediático sobre lo práctico", expone, en relación al hospital de Ifema, que "está siendo un auténtico caos".

"Fernando Simón tiene un marronazo increíble", ironiza Bea. Más allá de la forma en la que se está gestionando la pandemia en España, la paciente señala la importancia de aprender de los errores del pasado en la privatización de los servicios esenciales. "La sanidad pública tiene que volver a ser lo que fue. Ahora todos estamos aplaudiendo, pero cuando pase la crisis habrá que ver cómo vamos a hacer para cambiar esta situación", opina. "Tenemos que luchar para recuperar el sistema que teníamos y no perdernos en lo bonito que es salir de esta enfermedad".

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