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Refugiados Guerra Civil La historia de 'The niños vascos', los refugiados de la Guerra Civil en Inglaterra

Tras el bombardeo de Gernika, miles de vascos enviaron a sus 4.000 hijos a Inglaterra para ponerlos a salvo de la Guerra Civil.  "The niños" llegaron como refugiados pero con el tiempo acabaron siendo prófugos, apátridas o exiliados sin permiso para regresar a casa.

Herminio Martínez, refugiado español de la Guerra civil en Londres

Han pasado casi 82 años pero Herminio recuerda como si fuera ayer lo que él y su hermano Victoriano vivieron el 21 de mayo de 1937: "Mi padre nos metió en la furgoneta, nos llevó hasta Santurce y allí nos dejó", relata a Público en su casa de Londres. "Se fue muy rápido; estaba desolado el pobre hombre".

A ellos, como al resto de niños vascos que aquella mañana abarrotaban el puerto de esta localidad vizcaína, pocas explicaciones les habían dado: "Se sabía que el gobierno republicano estaba evacuando a niños, te apuntabas para un barco… y en el que te tocara", recuerda.

Él acababa de cumplir siete años cuando sus padres, una pareja de ‘maketos’ de Soria llegados a Barakaldo –"unos pobres muertos de hambre analfabetos que emigraron al norte", como él dice– decidieron que lo mejor era mandarlos lejos para que estuvieran a salvo de la Guerra Civil.

La mayoría acababan en Rusia pero a él y a Victoriano, de 11 años, les hicieron subir a un barco llamado Habana. Destino: Southampton. Lo que se denominó ‘La expedición a Inglaterra’ fue algo extraordinario porque hasta entonces el gobierno británico, de corte conservador, se había negado a aceptar refugiados españoles apelando al pacto que había suscrito de no intervención en la Guerra Civil española.

En un barco con capacidad para 400 personas metieron a cerca de 4.000 niños

Pero hacía menos de un mes del bombardeo de Gernika, las imágenes habían impactado al mundo entero y eso les obligó a cambiar de opinión, aunque sólo fuera en parte. "El gobierno inglés nos dejó estar con la condición de que no prestaría ayuda alguna; y no lo hizo", recuerda Herminio.

Dejaban atrás la guerra pero no el sufrimiento; empezando por la travesía, que fue de todo menos tranquila. Sólo hay que ver las imágenes para hacerse una idea: en un barco con capacidad para 400 personas metieron a cerca de 4.000 niños además de a los voluntarios, profesores, médicos y religiosos que les acompañaban.

"Fue terrible. Estábamos tumbados por el suelo, durmiendo en los botes… En el golfo de Vizcaya nos sorprendió una tormenta y algunos niños empezaron a vomitar y a gritar que querían volver con sus padres", recuerda. Pero ya no había marcha atrás. Después de dos días casi sin poder moverse y con su número de identificación prendido en la camisa –Herminio nunca olvidará el 3314– llegaron a puerto. "Nos recogieron en autobuses de dos pisos y nos llevaron a todos a un campamento", recuerda. Allí, refugiados en las cerca de 500 tienda de campaña levantadas en el campo que un granjero de la zona había cedió, comprobaron que la hostilidad de las autoridades británicas –"se comportaron de manera mezquina" dice Herminio– no tenía nada que ver con la solidaridad de su pueblo; todos aquellos niños salieron adelante gracias a la ayuda de decenas de voluntarios, desde sindicatos a cooperativas vecinales, grupos scouts, el Ejército de Salvación, parroquias, aristócratas o incluso a cuáqueros.

"Desde el campamento nos fueron repartiendo por distintas colonias de todo Reino Unido". Hasta que sólo unos meses después, tras la caída de Bilbao, comenzó la repatriación. Los mayores de 16 años que quisieron, pudieron quedarse. Y muchos que hubieran preferido volver también tuvieron que permanecer aquí incluso tras el fin de la Guerra Civil. Es lo que les ocurrió a los cerca de 470 niños que nadie reclamó; requisito imprescindible para poder volver a casa.

La mayoría porque sus padres habían muerto, estaban en prisión, no podían hacerse cargo de ellos, o una combinación de varios factores, como en el caso de Herminio y su hermano: "La cruz roja logró contactar con mi madre pero ella les dijo que mi padre estaba en la cárcel y que tenía otros cinco hijos así que no podía hacerse cargo de nosotros". Muchos padres pensaron que lo mejor para sus hijos en Inglaterra, era quedarse allí y decenas de niños que volvieron lo hicieron para acabar a cargo del Auxilio Social

Así que los años de la Segunda Guerra Mundial se convirtieron para esos más de cuatrocientos chavales en un peregrinaje de una residencia a otra. "Había familias que venían a recogernos los domingos y nos llevaban a su casa a tomar el té, otras nos acogieron por temporadas", recuerda Herminio, que llegó a estar en hasta ocho colonias. A veces pasaron frío, otras tenían suerte y había profesores que les enseñaron, por ejemplo, el inglés que aún no habían aprendido. Porque las residencias no tardaron en cerrar y llegó el momento de buscarse la vida por su cuenta.

Y cuando quisieron regresar, no pudieron

Con el tiempo hicieron su vida pero, ‘The Niños vascos’, como se los conoce aquí, se quedaron en tierra de nadie: "En 1958 el gobierno británico me denegó la ciudadanía. Era un apátrida", cuenta Herminio, que recuerda que a su vez para el régimen franquista eran traidores "nos consideraban prófugos". Él no pudo regresar a España hasta 1960: "El gobierno español nos concedió el indulto que nos permitía volver pero sólo de visita. Si te quedabas más de 4 semanas ya no podías salir".

Así que rozando la treintena, aquel niño que se marchó con siete años regresa a Bilbao para reencontrarse con su familia pero, como él dice, "con mucho miedo". Más aun después de comprobar que el funcionario que le paró en la la frontera le estaba esperando con su ficha preparada y en ella ponía ‘exiliado político’.

Hoy, después de casi 30 años de carrera como profesor, sentado en el salón de su casa de Londres, frente a una inmensa foto del Habana repleto de niños, Herminio aún recuerda lo que su madre le repitió hasta la saciedad aquellos días que pasó en España: "No te fíes de nadie; no hables con nadie; si te multan, paga; y no cantes esas canciones republicanas que tanto te gustaban cuando eras niño". Y así, sin entonar ni una sola de aquellas notas y antes de que se cumpliera el plazo Herminio, uno delos pocos supervivientes de aquella expedición de ‘The Niños’ no tuvo más remedio que regresar al que hoy, 82 años después, sigue siendo su hogar.

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