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Residencias de ancianos Las residencias combaten el virus de la soledad: "La covid no ha matado a mi abuela, pero el confinamiento me la ha quitado"

Las familias expresan malestar por la limitación de las visitas a las residencias de gente mayor en Catalunya y su dificultad. La conselleria de Salut, la patronal y los centros alegan que no pueden hacer más y que ya son "el máximo de permisivos" que permite la pandemia.

Formación a los equipos móviles que se desplazan a residencias para hacer PCR. MARINA LÓPEZ / ACN
Formación a los equipos móviles que se desplazan a residencias para hacer PCR. MARINA LÓPEZ / ACN

EMMA PONS

Las residencias de gente mayor estuvieron en el ojo del huracán durante los primeros meses de la pandemia, en Catalunya y en el conjunto del Estado. El número de muertos se disparó por encima de la media y creó una gran alarma social: en la actualidad, la mitad de muertos por coronavirus son personas mayores que vivían en estos centros.

La situación incluso obligó a reestructurar el sistema organizativo de la Generalitat y las competencias del Departament de Treball, Afers Socials i Famílies al de Salut. Pero desde hace meses, a pesar de haber centros afectados por el coronavirus, la situación parece controlada y las residencias han desaparecido del foco mediático, aunque las restricciones que han tenido que hacer para lograrlo hayan generado quejas y críticas de las familias. Las residencias viven el difícil equilibrio entre evitar una situación dantesca como la de la pasada primavera y el derecho de las personas mayores a una vida de calidad y la necesidad emocional de recibir las visitas.

La abuela de Joan Pol Alcaraz vive en una residencia de Barcelona. Desde marzo, su familia puede contar con los dedos de una mano las veces que la ha visto. "La covid no ha matado a mi abuela, pero el confinamiento me la ha quitado", afirma el joven. Hace pocos días ha podido visitarla por primera vez desde julio, cuando, pocas semanas después de que estos centros reabrieran. En Barcelona y buena parte del área metropolitana volvieron a cerrar debido a los brotes.

Cecília Capdevila, que tiene 97 años, está triste y se siente muy sola, explica su nieto. Tiene la cabeza bien, pero apenas puede ver y escuchar. Esto hace que mantener la distancia sea difícil, y convierte las videollamadas en imposibles. "Dicen que se puede ir a ver a la gente mayor, pero ojo con las condiciones. No solucionan el tema de la compañía", critica Alcaraz.

La conselleria de Salut ha puesto en marcha las últimas semanas un nuevo Plan sectorial para gestionar la afectación del coronavirus en las residencias. Rafael Ruiz, director estratégico de Atención Primaria del Departament, explica que se llega a este plan después de un protocolo anterior "bastante estricto" para asegurar que los residentes no se contagiaran. La nueva estrategia garantiza, al menos, una visita a la semana, independientemente de la situación epidemiológica del territorio, y permite las salidas al exterior, aunque siempre bajo fuertes medidas de seguridad.

Actualmente la tasa de residentes contagiados es apenas del 0,6% del total, que se traduce en unos 300 positivos, cuando en julio eran 15.150. "Intentamos ser el máximo de permisivos que nos permite la situación de pandemia. Desgraciadamente, no podemos volver a lo que teníamos antes", lamenta Ruiz.

Dificultades para comunicarse

Las primeras visitas después del confinamiento fueron duras para Alcaraz. "Vimos que [la abuela] seguía bien de la cabeza pero que lo había pasado, y lo seguía pasando, muy mal. Llorando, decía que era terrible, que estaba sola", apunta. "Ayer pude ir, y estuvimos hablando. Sigue dando conversación. Sigue siendo una persona que puede aportar cosas en esta vida. Podría estar hablando todo el día con gente y haciendo cosas, y no puede".

El nuevo Plan garantiza una visita a la semana, independientemente de la situación epidemiológica

El caso de Joan Pol Alcaraz no es único. Son muchas las familias que han expresado malestar por la regulación actual de las visitas. María José Carcelén es la portavoz de la Coordinadora Residencias 5 + 1, que ha presentado un recurso al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya contra el Plan sectorial porque "vulnera los derechos de los residentes". Carcelén señala que, sin estado de alarma, "no se pueden restringir los movimientos, no te pueden confinar a tu casa y impedirte salir a la calle. Pero para la gente mayor todo sirve. No son ciudadanos de pleno derecho".

Carcelén tiene a su madre en una residencia, una de las más afectadas por el virus al principio de la pandemia. "Lo ha llevado muy mal, murieron muchas personas. Solas, aisladas", dice. La portavoz explica que hay muchas personas que todavía no han podido ver a sus familiares y apunta a que esto depende de los centros, gestionados por diferentes entidades o empresas, que "deciden como quieren".

La portavoz explica que, en parte debido a la falta de personal, las familias estaban muy insertadas en el día a día de las residencias. Hacían turnos para dar la comida a los familiares, por ejemplo. Ahora esto es imposible. "No pueden lanzar la llave al mar hasta que haya vacuna. Tiempo es lo que no tienen", recuerda. La plataforma defiende que con más medidas de seguridad se podrían abrir más los centros, y lamenta no tener respuesta por parte de la Administración. "La Generalitat solo escucha a entidades y a la patronal. Queremos hablar y que nos tengan en cuenta. Están haciendo unos protocolos a medida de las empresas", sostiene.

"Estamos preparados"

A esta situación se llega tras unos meses muy duros en las residencias, especialmente durante marzo y abril. A día de hoy, la mitad de muertos por coronavirus en Catalunya son personas mayores que vivían en estos centros; un total de 6.562. En la comunidad hay 1.703 centros de este tipo, con más de 60.000 residentes.

A día de hoy, la mitad de muertos por coronavirus en Catalunya son personas mayores que vivían en estos centros

Ruiz hace un repaso de las medidas que se han tomado para que no se vuelva a repetir una situación como la de marzo. Destaca la actuación de los profesionales, con formación y abastecimiento de material de protección, además de cribados periódicos. Actualmente, hay suficientes Equipos de Protección Individual (EPI) en cada residencia, además de un stock centralizado, y se calcula que podrían hacer uso de ellos hasta cuatro meses, según Ruiz. También se han tomado medidas sobre las infraestructuras, para poder garantizar el aislamiento de los casos positivos en cada centro. Esto ha permitido la clasificación de las residencias en tres colores: verde, cuando no hay casos de covid-19 y los espacios están preparados por si se detectan; amarillo, cuando hay casos pero debidamente aislados; y rojo, cuando el brote se ha descontrolado y no se puede garantizar la sectorización.

"Estamos preparados para un otoño difícil. Catalunya ha hecho los deberes, tanto desde la Generalitat como desde los propios centros. Pero esto tiene unos costes: nos hemos cerrado mucho". La presidenta de la patronal del ámbito residencial, Cinta Pascual, reconoce que "no ver los familiares tiene un coste elevado". Sin embargo, apunta a que esto ya se ha revertido, porque los residentes pueden pasear y las familias se los pueden llevar a pasar el día fuera. "Es un riesgo que debemos asumir", explica. "No podemos hacer más de lo que estamos haciendo", afirma.

Desde los sindicatos apoyan en parte esta posición. Clara García, responsable de residencias de mayores de la Unión General de Trabajadores (UGT), afirma que "está todo muy aprendido" para que no se repita una situación como la de marzo. La sindicalista explica que, antes de la covid-19, las familias entraban y salían cuando querían, y tenían acceso a las habitaciones. Esto ahora no es posible. "Como antes no es, hasta que no esté todo controlado y el virus erradicado, no lo será", advierte. "Las familias quieren volver a lo que era antes, pero no se podrá", reconoce.

Israel Álvarez, impulsor de Residencias en Lucha y sindicalista de la Confederación General del Trabajo (CGT), es más crítico. Defiende que se podrían flexibilizar las condiciones de las visitas, por ejemplo, con EPI para los familiares. "Esto empieza a parecer un régimen penitenciario. La soledad mata", afirma contundente.

Un equilibrio "complicado"

Las residencias reconocen que "es complicado encontrar el equilibrio" entre el beneficio emocional de los residentes y el riesgo de contagio. El centro Lepant Residencial, en el barrio barcelonés del Guinardó, hace semanas que "está más abierto". Cristina Mateu, psicóloga de la residencia, avisa que "hay que tener cuidado". "Salir de aquí es un riesgo y se debe hacer todo paulatinamente". Mateu reconoce que las familias "sufren" pero también apunta que se han ido retomando las actividades y los residentes cada vez pueden hacer más cosas juntos.

Para las familias, sin embargo, esto no es suficiente. "Me sabe muy mal que una persona de 97 años, que ha vivido la guerra y la posguerra y lo ha pasado muy mal durante toda la vida, tenga que pasar sus últimos días de esta forma", lamenta Alcaraz. "Les estamos dando un final de vida que no querríamos para nadie. Es un tema de derechos humanos", concluye Carcelén.

Las carencias del modelo residencial

Actualmente sólo una sexta parte de las plazas en residencias de mayores en Catalunya son públicas, mientras que el resto están gestionadas por entidades del tercer sector o empresas privadas. La falta de un modelo público de gestión ha pasado factura, según Israel Álvarez, impulsor de Residencias en Lucha: "Tendría que haber un modelo de funcionamiento igual para todos, para que todo el mundo tuviera los mismos derechos". La gestión privada permite que cada centro funcione diferente, también con respecto al nuevo protocolo de visitas. Los sindicatos advierten también que se debería ampliar el personal y mejorar las condiciones laborales, lo que revertiría en una atención de mayor calidad.

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