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Solidaridad vecinal Las despensas solidarias de Madrid repiensan su futuro frente al "abandono" del Ayuntamiento

Un Consistorio que no aporta facilidades a las organizaciones populares creadas a raíz de la crisis del coronavirus enmaraña la situación mientras los colectivos plantean la viabilidad de los proyectos.

Voluntarios en la puerta del Teatro del Barrio.- GUILLERMO MARTÍNEZ
Voluntarios en la puerta del Teatro del Barrio.- GUILLERMO MARTÍNEZ

El Ayuntamiento de Madrid ni está ni se le espera. Las despensas solidarias formadas a raíz de la crisis económica a causa del coronavirus plantean su futuro en un momento en el que la desescalada social avanza y tanto la fuerza como el tiempo de los voluntarios se minimizan. En este momento, cientos de familias, miles de personas, acuden a estas organizaciones en busca de comida o productos de primera necesidad. Estos grupos de apoyo coinciden en denunciar que la Administración de la capital apenas se interesa por la situación ni ofrecen medios para poder seguir apoyando a las familias que más están sufriendo una crisis social que tan solo acaba de comenzar.

Parecía momentáneo. El estado de alarma, el confinamiento y el parón en las dinámicas normalizadas hasta hace apenas tres largos meses son pasajeros, no como las consecuencias que han ocasionado. El Consistorio liderado por el popular José Luis Martínez-Almeida, pese a ofrecer una cara amable durante los peores momentos de la pandemia, no responde a las demandas de estas organizaciones que han surgido gracias a la implicación vecinal y la solidaridad de los barrios en los que se concentran los mayores índices de vulnerabilidad.

Los acontecimientos han tomado unas dimensiones que nadie podía imaginar a principios de marzo. En Aluche, donde hay vecinos que han esperado hasta cuatro horas por una bolsa de comida, se concentran 300 voluntarios que ofrecen sustento a 5.800 familias. Según comenta Rogelio Poveda, integrante de la Asociación Vecinal del barrio, desde donde se gestionan las peticiones y las entregas, actualmente hay 1.500 familias, entre las que se encuentran alrededor de 1.300 niños y 150 bebés, que se benefician del apoyo vecinal. "El apoyo del vecindario es esencial. Algunos hacen donaciones económicas, otros aportan alimentos, incluso varios han cedido locales de forma altruista para poder dar una atención de calidad a los usuarios y que los voluntarios trabajaran en mejores condiciones", agrega el propio Poveda.

Apoyo mutuo entre despensas populares

Poveda recalca que el Ayuntamiento en ningún momento ha estado a la altura de las circunstancias

La comunicación entre despensas populares de la capital es continua: "El apoyo mutuo entre colectivos es clave. Cuando a nosotros nos sobra algo, preguntamos quién podría darle salida, al igual que si nos falta algo, intentamos preguntar antes de tener que ir a comprarlo", ejemplifica el vecino de Aluche. Respecto a la actitud del Ayuntamiento, Poveda recalca que en ningún momento han estado a la altura de las circunstancias. "Lo único que nos han ofrecido ha sido un local, a más de un kilómetro de distancia del actual, y que tenía un horario establecido, por lo que no podíamos hacer uso de él teniendo en cuenta nuestras necesidades", agrega el integrante de la asociación vecinal.

Asimismo, el activista también denuncia que "mucha de la comida que se entrega en los colegios acaba en los contenedores, cuando se podía utilizar para la gente más necesitada". En sus propios términos, "la gestión del Ayuntamiento está siendo horrorosa". Eduardo del Pino, integrante de la Red Solidaria Villa de Vallecas tilda la atención por parte de la Administración local de "abandono". También denuncian la escasez de recursos y medidas puestas en marcha desde el Ayuntamiento, desde donde no se han puesto en contacto con ellos en ningún momento.

La red de apoyo vallecana surgió al principio del estado de alarma. Al principio se basaba en el ofrecimiento de algunos vecinos para ayudar a otros considerados de riesgo por la pandemia, como ir a hacerles la compra y acercarles medicamentos. "Hemos hecho acompañamientos telefónicos, sacábamos a pasear los perros de quien lo necesitaba, incluso hemos creado una comisión de crianza para cuidar a los peques de las familias que lo necesitan. Ahora mismo, operamos con dos despensas de alimentos y productos de higiene en el barrio", introduce Del Pino.

Villa de Vallecas y la huida del asistencialismo

"Estamos aquí porque nos hemos quedado sin trabajo y decidimos aprovechar nuestro tiempo libre", declara Del Pino 

En Villa de Vallecas hay 300 voluntarios que han atendido a más de 220 familias por semana, pero el tiempo y las fuerzas también hacen mella en la red de apoyo. "Este ritmo es infernal e inviable porque los vecinos estamos haciendo el trabajo del Ayuntamiento con unos recursos muy limitados. Estamos aquí porque nos hemos quedado sin trabajo y decidimos aprovechar nuestro tiempo libre pero no sabemos hasta cuándo será factible seguir así", declara el integrante del colectivo.

En estos momentos sopesan dar un giro al proyecto e intentar que las familias que peor lo estén pasando sean las protagonistas: "Tenemos que huir de este modelo puramente asistencialista para pasar a la autogestión exclusiva de aquellas personas que necesitan los recursos", explica Del Pino. "Estamos trabajando en encontrar la forma en que sean ellas quienes se empoderen y adquieran la capacidad de organizarse de cara al futuro", agrega. En su caso también se sustentan de las donaciones particulares, además de algunos comercios de la zona, de Mercamadrid, de trabajadores del Metro y Correos, además de organizar actividades para autofinanciarse o subastas solidarias.

Lavapiés reconvierte su despensa

La Plataforma Cuidando del Barrio (La Cuba) de Lavapiés también ha dirimido sobre el futuro. Esta organización popular que forman unos 150 voluntarios ofrece ayuda a 800 familias, a las que se suman más de un centenar de personas en situación de calle, lo que concluye en un total de 3.200 que comen gracias a la organización vecinal. "Desde el principio reclamamos que teníamos que estar en un espacio público, ya que no deberíamos ni de existir si los recursos del Ayuntamiento funcionaran como tienen que funcionar, pero desde la Junta de Distrito no han sido capaces de encontrar una solución para nosotros", narran desde la Cuba, pese a que la Plataforma expuso al concejal del distrito varias alternativas antes de que se vieran obligados a abandonar el Teatro del Barrio, el enclave desde el que gestionaban los recursos y realizaban las entregas hasta hace unos días.

"Hemos visto que la despensa no es viable económicamente porque las donaciones han disminuido con la desescalada", explican desde La CuBa

"Ahora seguimos en el barrio gracias a que un vecino nos ha cedido su local de forma totalmente gratuita, pero las donaciones van menguando a la par que la fuerza y el tiempo de los voluntarios, lo que nos ha hecho replantearnos el futuro de la Cuba", explican a Público desde la Plataforma. El futuro de este colectivo conformado a raíz de la crisis del coronavirus ya está decidido: "Hemos visto que la despensa no es viable económicamente porque las donaciones han disminuido a medida que se avanzaba en la desescalada, además de que no tenemos un local asegurado a largo plazo", añaden desde Lavapiés. Por ello, la Cuba ha decidido comenzar su propia desescalada, no sin dejar de presionar a la Administración para que, mediante sus servicios sociales, ninguna persona dependa de las iniciativas barriales para comer.

"Haremos una liquidación totalmente transparente de los fondos que hemos conseguido todo este tiempo gracias a la ayuda vecinal, así que las próximas semanas la gente no va a recibir los alimentos como tal, sino algo para que pueda ir a los comercios del barrio y hacer su propia compra, alejándonos así del modelo asistencialistas que lleva implícito una despensa", explican desde la Plataforma de Lavapiés.

Prosperidad: de 20 a 100 familias sin recursos

Un ejemplo más es el banco de alimentos popular de Prosperidad. Teniendo cinco años de experiencia en su haber, antes de la pandemia ayudaban a unas 20 familias en situación de vulnerabilidad. Carmen Vicent, integrante del colectivo anticapitalista Prosperidad 16, explica que ante el aluvión de solicitudes al principio del estado de alarma empezaron a trabajar junto con Jaire, otra asociación del barrio que se centra en el empoderamiento de los barrios colaborando en la educación de la infancia y la adolescencia. "Somos en torno a una decena de personas que brindamos ayuda a 100 familias financiándonos con donaciones particulares", explica la activista.

Este modelo de financiación no ha sido siempre así. Su dinámica habitual basaba en la recogida de alimentos, pero ante la imposibilidad de seguir realizándolas, tuvieron que pedir ayuda económica al vecindario. "Algunas asociaciones han dado grandes cantidades de dinero y también hemos organizado sorteos populares", concretiza Vicent. Actualmente, su centro de operaciones está en el local de Jaire, aunque antes operaban desde la escuela del barrio. Cuestionada por la relación entre el colectivo y el Ayuntamiento, comenta que recibieron una inspección de sanidad por parte de la Administración que resultó favorable pero que supuso una pérdida de tiempo de cara al trabajo que realizan desde el colectivo.

"Seguramente empecemos el nuevo curso con más voluntarios", explica Vicent

En este caso también se han replanteado el futuro más inmediato: "Durante el verano seguiremos con los repartos junto con Jaire, pero a partir de septiembre volveremos con nuestras habituales recogidas de comida en los comercios del barrio, además de que seguramente empecemos el nuevo curso con más voluntarios que, dada esta situación, han visto la gravedad del asunto y la solidaridad que se convierte en más que necesaria en estos momentos", explica Vicent.

El vecindario del distrito de San Blas-Canillejas también se ha visto obligados a organizarse para que, mediante la solidaridad popular, pudieran comer aquellas personas que no tienen recursos económicos para ello. Diego Álvarez, integrante de la red de apoyo de este distrito, comenta que el trabajo se lleva a cabo mediante una despensa solidaria. En su caso, son 70 voluntarios que asisten a más de 160 familias gracias a las donaciones tanto en especie como económicas realizadas por los propios vecinos de la zona. El activista coincide con la postura planteada por otras despensas de la capital al decir que no han recibido ningún tipo de ayuda por parte del Ayuntamiento, que se ha limitado a ofrecer mascarillas a algunas asociaciones del distrito madrileño en cuestión.

Gran variedad de perfiles

"Desde aquellas que (...) con el retraso del pago de los ERTE se han quedado sin recursos, hasta las que ya venían sufriendo una situación de vulnerabilidad", explica Álvarez

El mismo Álvarez habla del perfil de gente que se acerca a la red de apoyo vecinal de San Blas – Canillejas: "Las personas que se acercan son muy variadas. Desde aquellas que nunca han tenido que pedir nada pero que con el retraso del pago de los ERTE se han quedado sin recursos, hasta las que ya venían sufriendo una situación de vulnerabilidad previa que ahora se ha agravado". La misma opinión ofrecen desde la Cuba que inciden en el alto porcentaje de trabajadores que no tenían ningún tipo de seguridad laboral y que ahora necesitan el apoyo de los vecinos.

Las personas sin documentación configuran una parcela importante de todas aquellas que se acercan a estas despensas solidarias. Vicent declara que el perfil que más reciben se ubica en las familias latinas en situación irregular, donde la mayoría de las mujeres trabajaban como empleadas del hogar y que actualmente están desempleadas sin recibir ningún tipo de ayuda social. Del Pino analiza la situación desde Puente de Vallecas: "Es un barrio muy golpeado económicamente, así que recibimos familias de todo tipo. Algunos no han cobrado aún el ERTE y no tienen ahorros, otros directamente están sin curro, otros que trabajaban en la economía sumergida ahora se han quedado sin nada, además de los que no tienen papeles", agrega el activista antes de remarcar el elevado índice de familias numerosas con niños pequeños que perciben la ayuda vecinal.

Poveda, desde Aluche, condensa el malestar de las despensas populares de Madrid para con el Ayuntamiento: "Son ellos quienes tienen la responsabilidad de dar de comer a la gente que lo necesita. Es una vergüenza que no se plieguen a ver las necesidades alimenticias que hay en su ciudad". Y deja una reflexión al respecto: "¿Qué hubiera pasado si no hubiéramos estado aquí? Si una persona espera cuatro horas para recoger algo de comida, lo hace por necesidad, y llegados a ese punto esperemos que la situación no se ponga más complicada, porque el hambre quita el miedo”.

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