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Supermercado Madrid Así funciona un supermercado cooperativo en el corazón de Madrid: clientes, dueños y trabajadores a la vez

Siguiendo la estela de proyectos en Nueva York y París, hace un mes abrió en el madrileño distrito de Tetuán el supermercado cooperativo La Osa, donde los clientes son también dueños y colaboran en las tareas.

Un hombre escoge los productos en el supermercado La Osa. - Público
Un hombre escoge los productos en el supermercado La Osa.

Un supermercado sin ánimo de lucro, gestionado por sus miembros y que apuesta por el consumo responsable y los productos ecológicos y de proximidad. Parece una utopía, pero existe y se puede visitar en el madrileño distrito de Tetuán, concretamente, en la avenida de Asturias número 57. El supermercado cooperativo La Osa abrió en diciembre para demostrar que es posible consumir de forma consciente mientras se refuerza el sentido de comunidad. En sus cristales resumen su filosofía en letras sobre fondo amarillo: "Buenos productos, buenos precios y buena gente".

En sus estanterías se pueden encontrar productos ecológicos y locales, alimentos, vinos o productos de droguería o de menstruación sostenible. Es un proyecto complejo formado, por el momento, por más de mil  "entusiastas sociales", tal y como los describe José Antonio Villarreal, más conocido por Villa, socio laboral del supermercado La Osa. De ellos, más de 650 se han incorporado a las tareas.

"Se evitan la yincana de lo ecológico y compran todo en un solo espacio"

Son personas que quieren poner en marcha proyectos alternativos en su ciudad, ya sea motivados por el aspecto más social, atraídos por el sentido de comunidad que supone participar en la creación de un proyecto nuevo o por la comodidad de poder comprarlo todo en un mismo espacio: "Se evitan la yincana de lo ecológico y compran todo en un solo espacio. El consumo ecológico en Madrid es complicado, sobre todo si no quieres conformarte con los productos bio convencionales de los supermercados, que no te dan ninguna explicación y no cuidan tanto el género", relata.

Cartel de la entrada del supermercado. - Público
Cartel de la entrada del supermercado.

Tienen como inspiración dos referencias internacionales. El veterano Park Slope Food Coop, que abrió en Brooklyn (Nueva York) en 1973, y La Louve, que echó a rodar en 2017 en París. Son dos experiencias de autogestión que han marcado el camino de La Osa, que tiene como germen madrileño el proyecto 2decologico, nacido en Noviciado como grupo de consumo. Ahora, esa semilla ha crecido hasta convertirse en un supermercado de 800 m2 en el corazón de Madrid. La mecha está prendida también en el resto de España, donde hay otros proyectos de consumo responsable muy diferentes, como Biolíbere (Madrid), A Vecinal (Zaragoza) o Som Alimentació (Valencia).

Llevar la contraria a toda la lógica hegemónica de consumo no es fácil. Para arrancar el proyecto han invertido mucho tiempo y energías. "En Madrid es complicado encontrar un espacio de más de 700 metros. Los costes fijos son sumamente altos", explica Villa. Encontraron un alquiler razonable gracias a la Agencia de la Vivienda Social de la Comunidad de Madrid y han pedido financiación a la banca ética para ponerlo en marcha.

La elección de sus productos se rige por seis criterios: calidad, impacto medioambiental, cercanía, producción ética, precio justo y que responda a la demanda de los socios. De hecho, en su web se puede consultar el mapa de proveedores.

Cuando abrieron a principios de diciembre, tenían un 25% del surtido, mientras ahora calculan que llegan al 50 o el 60%. Pero el objetivo final es un cambio en la forma de consumo. Por eso, quieren ponérselo fácil a los clientes: "Intentamos que se pueda hacer la compra total en el supermercado. Si estás acostumbrado a beber Mahou, te ofreceremos esa cerveza y Gabarrera, que es cerveza artesana ecológica y producida en Madrid", explica.

Cómo funciona La Osa

La idea de La Osa se ha fraguado a fuego lento y con mucho esfuerzo. Ser David es un poco más complicado que ser Goliat. Por eso, han tenido que explicar su funcionamiento muchas veces. Han desarrollado una página web, podcast, eventos, documentales en YouTube y han colgado carteles por el barrio. También hay curiosos que se acercan a la puerta a preguntar: "Lo asemejamos con un economato", explica Villa.

Solo pueden comprar aquellos que tengan el carnet de socio. Para conseguirlo, hay que aportar 100 euros de capital inicial. Por tanto, el cooperativista no es simplemente un cliente que se desvincula del proceso, sino que tiene tres funciones: es copropietario, consumidor y colabora en las tareas del supermercado. La clave está en la participación y en fortalecer vínculos.

Cuando uno se hace socio, el primer contacto es una reunión de bienvenida, donde se le explica el proyecto. Cada miembro tiene que participar en tareas del supermercado tres horas cada cuatro semanas, ya sea atendiendo en caja, reponiendo o recibiendo pedidos, entre otras cosas. Esta parte del funcionamiento es la que le más le cuesta entender a los curiosos.

Es una forma de implicarse y, además, permite rebajar costes. En sus estatutos se estipula cómo se distribuyen o qué ocurre cuando alguien se salta los turnos. Aún así, hay seis personas que sí tienen remuneración y se encargan de hacer las tareas que no se pueden fraccionar y requieren responsabilidad continua y diaria.

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