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Sin techo El peligro de vivir en la calle en tiempo de pandemia

La covid-19 hace más vulnerables a los sin techo. La inseguridad que sufren se agrava como consecuencia de la emergencia económica que ha traído consigo la epidemia. Robos, agresiones, incidentes violentos...A las víctimas habituales se suman las personas que se encuentran por primera vez sin ningún cobijo

Ofrena de 'sense sostre' en record d'un assassinat
Ofrenda de algunos sintecho por el asesinato de un joven francés la noche del 27 de
abril, en el lugar del crimen, donde se había confinado la víctima tras el estado de
alarma, delante de una panadería en la calle Rosselló esquina Sardenya. Barcelona, 4
de mayo / Eva Parey

Eva Parey

Rosa llora desconsoladamente en el portal de un hotel cerrado a causa de la crisis de la covid en pleno Raval, donde se ha instalado hace días. Han pasado 12 horas desde el suceso de la noche anterior. "Sentí por detrás el aliento de ese hombre diciéndome al oido 'quiero tu chocho' y no me lo pensé. Tomé impulso y le di un cabezazo que lo lanzó para atrás, pero se volvió a tirar encima mío.... ¡Policía! ¡Por favor! ¡Que me violan! ¡Policía! Un vecino se asomó en el balcón y gritó "¡ya vienen los Mossos!"... el tipo salió corriendo".

Desolación, rabia e impotencia tras el intento de agresión sexual la noche anterior. "Las mujeres estamos diez veces más expuestas que los hombres en la calle, porque sufrimos agresiones sexuales". Barcelona, 10 de septiembre / Eva Parey

Su amigo Pedro que duerme cerca la consuela como puede. Sabe que además de la violencia habitual por dormir en la calle, se añade el hecho de ser mujer. Le pregunta por la intervención policial. "Ahora tengo que ir a denunciar a Mossos pero no puedo dejar mis cosas solas aquí, porque si viene la Guardia Urbana me las tira". En plena noche reconoció al sujeto porque duerme también al raso por la zona. Le gustaría denunciarlo pero es vital salvaguardar sus pertenencias. Pedro se cobija cada noche en un portal de la Rambla Santa Mónica junto a otro colega. Duermen a turnos, para asegurar su integridad física y lo que tienen. "Una noche a las 2 de la mañana ya no me pude mantener en vela. Cuando me desperté, nos habían robado las maletas con toda nuestra vida dentro". No es el único incidente que ha sufrido. El teléfono móvil ya se lo han robado cuatro veces.

Para evitar las agresiones nocturnas algunos prefieren agruparse. "Esta noche a la una de la mañana vinieron tres jóvenes con capucha e intentaron robar nuestras mochilas. Enseguida nos dimos cuenta. Como somos ocho, nos enfrentamos a ellos y conseguimos que se fueran con las manos vacías". Nuria confiesa estar cansada de dormir en grupo, porque cada persona tiene una historia que condiciona comportamientos imprevisibles.

Si algo ha tenido atemorizadas a las personas que se han confinado en la calle durante el estado de alarma ha sido su integridad física. El asesino del Eixample, un brasileño sin hogar confinado en una rulot en Les Planes en Sant Cugat, arrebató la vida con una violencia atroz a tres personas que dormían en la intemperie, entre el 16 y el 27 de abril. Las víctimas, un joven marroquí de 22 años, un español de Teruel de 76 y un francés de 32, estaban muy presentes en la memoria de las personas confinadas en la calle. De hecho, hubo una primera víctima el 19 de marzo, también en el Eixample, cuyo asesino aún está por identificar.

Asustado, Gheorghiu, decidió ampararse en un solar abandonado cercano al lugar del crimen de la última víctima del asesino del Eixample. Barcelona, 4 de mayo / Eva Parey

Mihail, Robert, Ionel y Vasili, todos de origen rumano, eran vecinos de calle de Jean Pierre, la última víctima del Eixample, asesinada el 27 de abril a las 11:30 de la noche mientras dormía en la acera, delante de la panadería en la que pedía limosna durante el día. "Yo dormía a cien metros de Jean Pierre. ¡El asesino podría haberme matado a mí!". Robert estaba consternado. Compartió una cerveza con la víctima media hora antes. No daba crédito a la saña que pudo llevar al asesino a agredir con un martillo en la cabeza a su colega. Este asesinato dejó intranquilo a Vasili durante varias noches hasta que decidió entrar en un solar abandonado hacía tiempo, para confinarse allí con sus otros compatriotas.

La policía pudo identificar al agresor del Eixample a través de cámaras de seguridad, algún testimonio de personas que lo vieron en la calle, e incluso porque llegaron a sancionarlo por saltarse el confinamiento poco tiempo después de asesinar al joven francés. Pero su detención e ingreso en el módulo psiquiátrico de la cárcel Brians II no tranquilizó a las personas sin techo porque periódicamente son agredidas.

Según un informe de Hatento, el Observatorio de Delitos del Odio contra Personas Sin Hogar, realizado en 2015 sobre una población de 261 personas, el 47% manifestaron haber sufrido como mínimo un incidente, robo o agresión, aunque en muchos casos las agresiones son reiteradas. En los casos más extremos se comete el asesinato. Este Observatorio centrado en la defensa de los derechos humanos de las personas sin hogar nace gracias a la ONG Hogar Sí y al apoyo de otras organizaciones, entre ellas ASSÍS Centre d'Acollida, que ofrece su atención en el barrio de Sarrià. Si algo reivindican todas ellas es la necesaria reforma del Código Civil para incluir en el artículo 22.4 la aporofobia, la aversión a la pobreza, como circunstancia agravante de la responsabilidad penal.

Una joven se ha percatado de la sustracción de su teléfono mientras dormía delante
de la sala de venopunción del Raval. Barcelona, 6 de mayo / Eva Parey

"Vivir en la calle es una amenaza real para las personas sin hogar", alertan. Es la realidad de una violencia cotidiana, a veces incluso perpetrada por los propios habitantes de la calle, según relatan sus víctimas.

Nitin lamenta por el robo de su mochila en el centro de Barcelona. Barcelona, 5
de mayo / Eva Parey

Esta violencia puede ir dirigida indistintamente contra los veteranos, así como contra aquellos que por primera vez se encuentran al raso, estos meses en que la crisis del Covid estrangula a tanta gente por la falta de ingresos.

Después de sufrir un intento de robo mientras dormía, con forcejeo para defenderse,
Marc decidió ingresar en la Fira para protegerse. Barcelona, 16 de agosto / Eva Parey

Este reportaje forma parte del proyecto documental Los confines de la sociedad.

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