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Los últimos días del 'hotel covid' para mujeres sin hogar

Cierra el albergue para mujeres habilitado por el Ayuntamiento de Barcelona como dispositivo de emergencia para hacer frente al sinhogarismo femenino tras el decreto de alarma. El dispositivo ha acogido un total de 192 mujeres de las cuales el 41% son de nacionalidad española.

Dos mujeres se abrazan, madre e hija, ante la incertidumbre en el futuro que les genera el cierre del albergue. EVA PAREY.
Dos mujeres se abrazan, madre e hija, ante la incertidumbre en el futuro que les genera el cierre del albergue. EVA PAREY.

Eva Parey

Las chicas están nerviosas en el Hostel del barrio barcelonés de Fort Pienc donde se amparan desde hace tiempo. Cada una ha ido a parar a este refugio por diferentes avatares de la vida. La covid ha proporcionado un techo para aquellas que dormían al raso antes del estado de alarma, ha cobijado a otras que se han visto por primera vez en la calle debido a la crisis económica del coronavirus y también ha servido de albergue alternativo para las mujeres sin recursos que ya se alojaban en albergues municipales.

El 25 de marzo, nueve días después del cierre total por la pandemia, el Ayuntamiento habilita un equipamento en Poble Nou para acoger a 70 mujeres sin hogar. Sin embargo, un mes después decide trasladarlas a un Hostel del Eixample mejor acondicionado, que había tenido que cerrar tras el decreto de alarma como todos los hoteles.

Esta noche el tema de conversación en la cena gira alrededor del cierre del centro previsto para el 15 de Octubre ¿A dónde irán a parar después? En el turno se sientan Maribel, una joven venezolana demandante de asilo que en pleno confinamiento huyó de la explotación laboral como empleada doméstica; Minerva, que abandonó República Dominicana hace 30 años pero se quedó atrapada en el laberinto de los "sin papeles" hace unos meses por no tener su pasaporte al día; Ana, nacida en el Eixample hace 50 años, que se encontró en la calle por vez primera aquellos días lluviosos de abril pidiendo auxilio desesperadamente hasta que la recogieron los Mossos; Juana, de origen vasco, que acumula desventuras por vivir en la calle los últimos 6 años; Julia, de Ecuador, que a sus 67 lleva 3 años deambulando sin hogar por Barcelona, dormitando en las proximidades de iglesias donde le dan alimento y la fe necesaria para soportar cada nuevo día; María Elena*, que se regaló para su cumpleaños en diciembre un viaje desde Lima a Barcelona aspirando a trabajar en el servicio doméstico. Acosada sexualmente al mes de ser contratada pierde trabajo y techo al defenderse de su contratante, un hombre de origen catalán; y Susana*, que tras una tentativa de suicidio en verano es ingresada en el Hospital del Mar y derivada posteriormente al Hostel.

Cola para recoger la comida en uno de los turnos del mediodía en el albergue. EVA PAREY.

La incertidumbre afecta a todas las usuarias, como son denominadas por la organización que dirige el centro, Progess. Al día siguiente informarán a las 59 mujeres sobre su destino tras la clausura del hotel. Juana, que creía que volvería a la calle, ha recibido la noticia de la concesión de la renta garantizada. Podrá alquilar una modesta habitación y sobrevivir aunque sea acudiendo a centros de reparto de alimentos. Maribel lleva consigo sus papeles de solicitud de asilo y pasaporte. Al día siguiente tiene una reunión con el SAIER, la Oficina de Atención al Inmigrante, Emigrante y Refugiado. Todo apunta a que en breve podrá ser acogida en un piso. Las demás están inquietas porque se presenta de nuevo ante ellas un futuro frágil.

Tras la cena, Maribel va a conducir la que será la última noche de oración en grupo, que ofrece alivio y estímulo a sus compañeras para paliar el sufrimiento que cada una acarrea y proporciona una motivación para seguir adelante. Una a una las bendice con la mano en la cabeza y reza. Conoce las inquietudes y anhelos que agitan a cada una de ellas. "¡Ya no soporto más estar aquí!" exclama Emilia sollozando. Con 70 años es la mayor del grupo. La depresión la consume últimamente y ha optado por protegerse día y noche tras la cortina de su litera. La consuelan y juntan sus manos en corro. Se abrazan.

Afuera en la calle dos mujeres españolas fuman. Comentan la suerte de una compañera que ha encontrado una alternativa de vivienda. La vieron alejarse del centro entre risas y lágrimas. Quizás no la volverán a ver más. Silvia, una de las trabajadoras de Progress, sale con un plato de comida. A tres portales del Hostel se ha intalado hace unos días un joven entre unos cartones. "Sé que no debería hacerlo" justifica tras dejarle el plato, "pero parece que es nuevo en la calle, por la disposición de los cartones".

A partir del día siguiente los cambios no cesarán hasta el cierre del hotel el 14 de octubre. Progess informa a las usuarias que serán derivadas o bien al albergue municipal de Sarriá, aquellas que sobrepasen la edad de jubilación, o bien a un nuevo centro de acogida que habilita el Ayuntamiento de Barcelona en Vall d'Hebrón como centro residencial de inclusión permanente para orientar laboralmente a mujeres vulnerables. Todas se sienten aliviadas porque ya conocen su destino inminente.

Maribel tiene que hacerse las maletas de inmediato pues la aceptan en un piso de acogida que ofrece la entidad Barcelona Actua. No estará más que unos pocos días, cuando el SAIER le informa que la acogen en un piso en Girona. Emilia es hospitalizada al día siguiente en Sant Pau, tras una caída en el lavabo. Aunque se levanta sin heridas, en el hospital le hacen un chequeo a fondo para descartar patologías cardíacas. Su hija vela por ella. Les aconsejan no regresar al Hostel. Consiguen alojarse temporalmente en el piso de una amiga familiar. Por contra, Susana, tuvo una discusión y la aplicación de la normativa de convivencia la ha obligado a abandonar el hotel.

El nuevo centro ubicado en Vall d'Hebrón, La Llavor, está gestionado por la Fundació ARED en colaboración con Sant Joan de Déu Serveis Socials para acompañar socialmente a personas en riesgo de exclusión. Este nuevo equipamiento es pionero porque está dirigido únicamente a mujeres, el primero en Cataluña con estas caraterísticas. "Las mujeres sin hogar en la mayoría de casos han pasado por violencia de género. En un equipamiento mixto no se sienten a gusto compartiendo espacios con hombres y pueden llegar a preferir la calle" explica Albert Sales, asesor del Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona. "Para rehacer la vida es necesario intimidad, autonomía, que no te fuercen a horarios que quizás no van con tu estilo de vida". Por eso se ofrece una habitación individual a cada mujer y se va a iniciar un proceso de normalización de vida y arraigo laboral. "Es mejor alojar a menos gente con más calidad, que aplicar soluciones masivas para apartar a la gente de la calle y convertirlas en personas sin hogar a escondidas".

El tiempo del Hostel se acaba. Ha funcionado como equipamiento de emergencia en el contexto de la pandemia pero no puede ser la solución permanente. La covid sigue amenazando la vida de las personas y la economía del país. Las protagonistas de este reportaje tienen ante sí una nueva página en blanco que escribir.

En el albergue de emergencia habilitado por el Ayuntamiento de Barcelona en el Hostel se ha acogido a 192 mujeres. El 41% han sido españolas. El 80% de las salidas han sido voluntarias, ya sea para volver a situación de calle, a una infravivienda o una habitación de alquiler. El 20% han sido expulsiones por el incumplimiento de las normas de convivencia. Un 10% derivaciones a otros centros.

* Nombres ficticios para preservar el anonimato.

Este fotoreportage forma parte del proyecto documental "Los confines de la sociedad".

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