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Víctor Gutiérrez Víctor, el waterpolista de élite que salió del armario, y un "cállate, maricón" que puede cambiar la historia del deporte en España

Este jugador internacional de waterpolo salió del armario en 2016 para normalizar la homosexualidad en el deporte. La semana pasada recibió insultos homófobos durante un encuentro y la Real Federación Española de Natación puede sentar un precedente histórico a la hora de sancionar insultos de este calibre.

El jugador de Waterpolo Víctor Gutiérrez.
El jugador de Waterpolo Víctor Gutiérrez. Cedida por el propio jugador.

Víctor Gutiérrez (Madrid, 1991) se confiesa estresado, con problemas para conciliar el sueño y desubicado. Pese a haber sido máximo goleador de la división de élite del waterpolo español en tres ocasiones, capitán del Real Canoe durante cuatro temporadas, miembro de la selección nacional en el Mundial del 2017 y jugador profesional desde los 18 años, el actual miembro del C.N. Terrassa está desbordado por la atención mediática, que no le ha dejado tranquilo en los últimos siete días. Y no es porque el waterpolo de repente interese a la prensa deportiva. 

El pasado fin de semana, Gutiérrez, que juega de boya (la posición más cercana al portero) se encontraba dialogando con un jugador rival recién expulsado en un partido contra el C.N. Sabadell. El encuentro serviría para definir al tercer clasificado, posición que da acceso a la Liga de Campeones de la LEN, máxima competición europea del waterpolo. 

"Cállate", intervino un tercero de pronto. "Cállate tú", respondió Víctor, en plena calentura del encuentro. "Cállate, maricón", zanjó el otro. Corría el segundo cuarto del partido y toda la experiencia acumulada de Gutiérrez sirvió de poco. El rival consiguió sacarle del partido. "Reconozco que me quedé en shock. No sabía si irme a por él, si decirle al árbitro que parara el partido o irme yo mismo como protesta", confiesa a Público cuando rememora el episodio de homofobia que sufrió en el último encuentro disputado. 

Este waterpolista madrileño reveló su orientación sexual en 2016, año en el que decidió dar un paso por visibilizar el movimiento LGTB dentro del deporte. Mientras en la élite futbolística o baloncestística nadie reconoce su homosexualidad, este jugador quiso sumar su granito de arena. "Primero se lo conté a un grupo reducido muy cercano de mi equipo. Con toda la testosterona que hay en los vestuarios, a mí no se me conocían novias, no hablaba de chicas... Además, es un tema muy morboso y a la gente le gusta cotillear. Cada vez me escondía menos. Si me preguntaban por el finde contaba que había estado en Chueca... Esas pequeñas cosas. Con los años, la grandísima mayoría de compañeros de profesión ya lo sabía. Cuando lo hice público no sorprendió a nadie y recibí muestras de apoyo de todo el waterpolo nacional", añade. 

El suceso

"Si me pasa a mí, qué no le va a pasar a un chaval o una chica en un vestuario o en el patio del colegio"

Durante el partido donde se produjo ese insulto homófobo, en un ejercicio de bondad por parte de Víctor, las tripas se hicieron corazón y restó importancia a lo ocurrido. "Con las pulsaciones a 200 uno puede decir cosas que no piensa", asegura. La tensión, los nervios por la clasificación. Esas cosas. Se rehízo, como suelen hacer los deportistas acostumbrados a ganar, y remataron el partido sin incidentes. Victoria por 16 a 14, dos goles de Víctor, y clasificación asegurada. En el cruce de manos final, habitual de cualquier partido que concluye, el jugador del C.N. Terrassa rehusó darle la mano al rival como reprimenda por sus injurias. Víctor esperaba una disculpa previa antes de darle la mano. No la hubo y el derrotado volvió a la carga: "Maricón", le dijo una segunda vez. Entonces Víctor, ya fuera del agua, se encaró con él. 

"Nosotros nos sorprendimos, pero estamos a muerte con Víctor", cuenta su capitán y compañero Ricard Alarcón. "Sabemos lo que le ha podido afectar, pero tras el fin de semana volvimos a entrenar y, una vez nos hemos pronunciado, se tiene que actuar y nosotros volvemos a hacer vida normal para intentar no darle más importancia para que no nos afecten factores externos, y más aún de esta índole". 

Víctor reconoce que hay rivales que piden perdón y se arrepienten de lo que dicen una vez termina el calor del partido. Y él acepta esas disculpas. Por eso le encendió ver que, lejos de arrepentirse, este jugador insistía en los apelativos homófobos: "Fuera del agua las pulsaciones ya están tranquilas. Además, si me callo, estoy siendo cómplice en perpetuar estas actitudes en el deporte. Al final, el mensaje que hay que mandar es que no hay que callarse, hay que ponerlo en conocimiento de las autoridades competentes. Porque si me pasa a mí, que soy deportista de élite, tengo 30 años, hay grada, hay público, árbitros... qué no le va a pasar a un chaval o una chica en un vestuario o en el patio del colegio. Esto a un chaval le puede joder la vida", espeta.

"Se puede sentar un precedente: condenar en firme la LGTBfobia sancionando a un jugador"

Tras la denuncia pública, el C.N. Sabadell apartó de la disciplina al jugador y la Federación Española de Natación abrió una investigación con la que decidirá si ejecutar o no alguna sanción disciplinaria. Pese al revuelo, Víctor no quiere que parezca un ataque contra el jugador que profirió los insultos: "No es personal contra el jugador, son comportamientos que llevamos escuchando toda la vida. Se puede sentar un precedente: condenar en firme la LGTBfobia sancionando a un jugador. Toda esta historia es mucho más grande que yo", asegura. 

Su vida al margen del deporte

El waterpolo, pese a su exigencia, no puede permitirse ser una competición de la que todos los implicados obtengan un sueldo del que vivir. "Cada vez menos jugadores viven de ello. En la división hay tres o cuatro equipos que sí pueden mientras que otros lo compaginan con otros trabajos", comenta Alarcón, capitán del C.N. Terrassa. Esta precariedad no quita para que todas las mañanas el equipo tenga concertado un entrenamiento. El procedimiento se repite por las tardes, salvo los miércoles, su únicas horas libres. Y los sábados toca partido. 

"En España solamente el 30% de las personas del LGTB sale del armario dentro de sus puestos de trabajo"

En los escasos espacios que le da la alta competición, Víctor aprovecha para impartir charlas sobre la diversidad sexual: "Me formé como educador en deporte y diversidad. A lo largo de mi vida me habían dado 25.000 charlas de hábitos alimenticios, dopaje, drogas... pero nunca de diversidad sexual. Siempre he pensado que a mí me hubiese ayudado mucho que me hablaran de eso. He tenido la suerte de poder ir a hablar a los chavales jóvenes de este tema", apunta. 

Como complemento, este jugador internacional con la selección española ha expandido su discurso al ámbito laboral. "Desde hace un par de años hago formaciones con empresas sobre la visibilidad del mundo LGTBI dentro del mundo empresarial. Es importante, porque en España solamente el 30% de las personas LGTB sale del armario dentro de sus puestos de trabajo. No se puede rendir al 100% sin demostrar quien eres", arguye.

La homosexualidad en el deporte

Ese activismo, ese ponerse delante de las cámaras para normalizar la homosexualidad, tiene un peaje: "Sé que tengo la etiqueta del waterpolista gay; aunque no me pesa, la llevo con orgullo. Es una de las consecuencias de haber querido ser visible y hablar de este tema alto y claro", se defiende. 

"Sé que tengo la etiqueta del 'waterpolista gay', aunque no me pesa, la llevo con orgullo"

La eterna cuestión, el secreto a voces de que no haya deportistas de élite que revelen públicamente su homosexualidad, no pasa por alto para Víctor: "Que los futbolistas salieran del armario no sería un punto de inflexión en el deporte, lo sería en la sociedad. Que un futbolista de la élite se visibilizase como homosexual sería brutal, rompería definitivamente muchos estereotipos y ayudaría a muchas personas a visibilizarse. Cuando yo salgo del armario en 2016 no lo había hecho ningún deportista de élite, y desde entonces en otros deportes minoritarios cada vez son más", asegura.

Uno de los principales motivos de orgullo para Gutiérrez es que ha hecho camino, ha abierto la senda para que los que vienen sepan que no se acaba el mundo por hacer ver la homosexualidad dentro de un vestuario: "En mi deporte hay algún otro jugador joven que no ha encontrado tanta dificultad y que vive su sexualidad de una manera mucho más normalizada. Es una señal de que quizás las cosas están evolucionando. Hay que hacer el camino al resto un poco más fácil", zanja. 

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