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"Violaba a las mujeres sometidas e indefensas, incluso desmayadas o privadas del sentido"

Juan Carlos Aguilar, 'el falso maestro Shaolín', reconoce que cometió los asesinatos de mujeres en 2013, aunque niega el ensañamiento sobre las víctimas. Mañana comienza su juicio.

El falso Shaolín "disfrutaba manteniendo prácticas sexuales de dominación con mujeres sometidas a él e indefensas, incluso desmayadas o privadas del sentido". /YOUTUBE

EUROPA PRESS

Juan Carlos Aguilar, 'el falso maestro Shaolín', reconoce que cometió en 2013 los asesinatos de Maureen Ada Otuya y Jenny Sofía Rebollo, aunque se niega a admitir el ensañamiento en el caso del crimen de la primera de ellas, según han informado fuentes jurídicas.

La abogada del acusado ha presentado un escrito en la Audiencia Provincial de Vizcaya, donde comenzará el juicio el próximo viernes tras la elección del jurado popular, en el que Aguilar admite que cometió los crímenes. No obstante, rechaza que hubiera ensañamiento, lo que podría evitarle, finalmente, en caso de condenársele, que pudiera cumplir una pena máxima de 30 años, ya que se quedarían en 25 si no se tiene en cuenta esta agravante.

El primer día de la vista oral está prevista la declaración del 'falso maestro Shaolín' que, en principio, iba a prolongarse durante tres semanas. En caso de que, en su testimonio, mantenga la confesión de los asesinatos, el juicio se podría reducir a alrededor de una semana.

 

Juan Carlos Aguilar será trasladado desde la prisión de Dueñas de Palencia a la cárcel de Zaballa de Álava para sentarse en el banquillo de los acusados y enfrentarse a las peticiones de entre 40 y 45 años de prisión e indemnizaciones superiores a 250.00 euros por parte de la Fiscalía y las acusaciones particulares y populares.

Aguilar fue detenido por la Ertzaintza el 2 de junio de 2013 en Bilbao tras haber golpeado "salvajemente" en el gimnasio de su propiedad a Maureen Ada Otuya, de nacionalidad nigeriana, que ingresó en estado de coma en el Hospital de Basurto, donde falleció tres días más tarde.

Durante el registro del gimnasio y el domicilio en el que residía en la calle Iturriza, la Policía vasca encontró el cadáver descuartizado de otra mujer, Jenny Sofía Rebollo, natural de Colombia.

"Prácticas de dominación"

En sus escritos de acusación, se señala que el acusado "disfrutaba manteniendo prácticas sexuales de dominación con mujeres sometidas a él e indefensas, incluso desmayadas o privadas del sentido", en referencia a las fotografías que se localizaron en las que aparecían mujeres narcotizadas con las que tenía relaciones. Entre ellas, aparecieron imágenes de Rebollo.

En concreto, el abogado de la familia de Mauren Ada Otuya señala, en su petición de condena, a la que ha tenido acceso Europa Press, que el procesado "golpeaba" a las víctimas "hasta darles muerte", y recogía "dichas prácticas en soporte fotográfico para su posterior disfrute".

Por ello, cree que "fantaseó, planeó y ejecutó" el crimen de la joven nigeriana, de forma que en la madrugada del 2 de junio, en torno a las 4.15 horas, "con el ánimo premeditado de saciar sus instintos asesinos, salió con su vehículo a buscar una víctima".

"Disfrutaba manteniendo prácticas sexuales de dominación con mujeres sometidas a él e indefensas, incluso desmayadas o privadas del sentido"

De esta forma, según apunta el letrado, Juan Carlos Aguilar encontró a Maureen Ada Otuya, "mujer de raza negra que aparentemente ejercía la prostitución" en la zona de alterne cercana al gimnasio del procesado. Bajo el pretexto de contratar sus servicios sexuales, la convenció para que subiera a su vehículo e ir al local sito en la calle Máximo Agirre, donde entraron a las 6.10 horas.

El escrito indica que, "una vez en el interior y abusando de su superioridad física y su profundo conocimiento de las artes marciales", redujo a la víctima y la retuvo contra su voluntad durante varias horas "para poder golpearla salvajemente y a su antojo" en la cabeza y el abdomen.

Para ello, destaca que la maniató, la inmovilizó y la amordazó con bridas, cordel y otros elementos, para "provocarle la muerte de manera dolorosa y angustiosa". Además, apunta que el acusado mantuvo relaciones sexuales con la joven, aunque no se ha podido determinar "con exactitud" si fueron previas o coetáneas a la agresión.

Asimismo, explica que, poco después de las 15.00 horas del 2 de junio, la víctima consiguió zafarse del agresor aprovechando un descuido de éste y se dirigió, salvando un desnivel de más de 20 escaleras, a la puerta del gimnasio que estaba cerrada. Aunque no pudo salir, la víctima logró pedir "dramáticamemte socorro a través de las rejas del gimnasio".

Entonces, Aguilar "la agarró por detrás de manera violenta y volvió a someterla", llevándola al cubículo donde la tenía retenida y en el que la había golpeado "durante horas".

Una vecina oyó a la joven y llamó a la Ertzaintza, que se trasladó al lugar y tiró la puerta del gimnasio abajo. En el interior del establecimiento, "en un cuarto semioculto de difícil acceso", los agentes localizaron a la víctima y al acusado, que estaba con el torso desnudo, las manos ensangrentadas y arañazos en el pecho.

El procesado "golpeaba" a las víctimas "hasta darles muerte", y recogía "dichas prácticas en soporte fotográfico para su posterior disfrute"

"Semioculta entre colchones"

Al entrar la Policía vasca, el 'falso monje Shaolín' arremetió "violentamente" contra uno de los agentes, pero finalmente fue reducido. Por su parte, Maureen Ada Otuya  se encontraba en el suelo, "semioculta por unos colchones y tapada por una tela", con las prendas de vestir desgarradas.

"Estaba ensangrentada e inconsciente, con las manos y pies atados con bridas y dos vueltas de cinta americana apretándole el cuello. Debajo de la cinta tenía un cordel enrollado cinco veces alrededor del cuello y una brida apretándole", destaca el abogado de la víctima. La joven ingresó en el hospital en estado de coma y falleció el 5 de junio sin haber recuperado la conciencia.

El letrado subraya de Juan Carlos Aguilar "escogió" a la víctima "con cuidado" al ser "una mujer vulnerable, en situación de exclusión social, con escasa red de apoyo social en Bilbao, inmigrante de un estrato socioeconómico muy bajo, que no iba a ser echada de menos por nadie", es decir, "una mujer a la que consideraba una presa fácil".

En este sentido, cree que el crimen "ha sido cometido de manera calculada, premeditada y con la intención de saciar unos instintos sexuales y asesinos que únicamente satisfacían mediante el aseguramiento del éxito de sus propósitos, haciendo uso de su abrumadora superioridad física sobre las víctimas, gracias a su condición de experto en artes marciales, lo que hizo prácticamente imposible que las víctimas pudieran defenderse".

Además, afirma que, en el caso de Otuya, Aguilar "aumentó deliberada e inhumanamente el dolor de la víctima, al prolongarse la agresión durante casi 12 horas", en las que ésta estuvo "indefensa, inmovilizada, con una brida, dos vueltas de cinta americana y cinco de cordel de embalar, que la mantenían en una situación de semiasfixia, pero consciente, como demuestra la presencia de ánimo que requiere el intento de escaparse por su parte". Por ello, reclama 25 años de cárcel por asesinato con ensañamiento y alevosía.

"Aumentó deliberada e inhumanamente el dolor de la víctima, al prolongarse la agresión durante casi 12 horas"

Crimen de Jenny Rebollo

El crimen de Jenny Rebollo ha sido más difícil de investigar, ya que se localizó su cadáver descuartizado a partir de la detención del 'falso monje Shaolín'. Los restos se encontraron en el gimnasio y el domicilio del acusado.

En su escrito de acusación, el Fiscal señala que, sobre las 3.20 horas del 25 de mayo de 2013, Juan Carlos Aguilar se encontraba en el interior de su vehículo, un Mitsubishi, en la calle General Concha, cuando apareció Jenny Rebollo, que iba acompañada de un hombre que la estaba importunando.

Como ésta conocía al 'falso monje Shaolín', accedió a subirse al vehículo, y ambos se dirigieron al gimnasio que éste regentaba. Una vez en el local, el procesado, que había maniatado a la mujer, la agredió hasta ocasionarle la muerte, sin que se haya determinado la causa del fallecimiento porque los días siguientes el acusado descuartizó el cadáver para deshacerse de él.

La acusación mantiene que el procesado actuó "de manera súbita, imprevista e inesperada, sin dar posibilidad alguna de defensa o de huida", y con el ánimo de acabar con la vida de la víctima.

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