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Violencia machista Todos los 'weinstein' sin desenmascarar: el #BalanceTonPorc francés cumple un año

Miles de testimonios han copado el entorno 'online y comenzado a sensibilizar, a través de mostrarlo como algo colectivo, sobre la realidad a la que deben enfrentarse las mujeres.

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Una mujer protesta en la manifestación de París contra los abusos sexuales a mujeres. EFE/ EPA

Desde que en los últimos años el feminismo se ha ido haciendo un hueco cada vez más notorio en la agenda social, política y mediática, los aniversarios de la lucha suscitadora del cambio no dejan de sucederse. Como demuestra el movimiento #Metoo, que hace una semana cumplía su primer año –transcurrido desde que actrices como Alyssa Milano o Asia Argento denunciaran los abusos cometidos por el productor de Hollywood Harvey Weinstein–, las redes sociales se presentan como el caldo de cultivo perfecto para acabar con el silencio e impunidad de los agresores. Pero el hashtag americano, que ha dado la vuelta al mundo, no fue el único que propició la visibilización del abuso machista de poder.

Una semana después de que este comenzara a viralizarse a través de Twitter, el 13 de octubre de 2017, la periodista francesa Sandra Muller daba un paso más allá y llamaba explícitamente a extender las denuncias de forma que atravesaran las distintas capas sociales, ya que no solo ocurrían en el mundo del cine, y clamaba por que se otorgase voz a las mujeres anónimas que, en su día a día, habían sido víctimas de todos los weinsteins desconocidos que aún quedaba por desenmascarar. #Balancetonporc –traducido por “Denuncia a tu cerdo”–, la versión francesa y democratizadora del #metoo, quedaba así inaugurada hace ahora exactamente un año.

El tuit que publicó Muller se convirtió en genuino porque aludía directamente, con nombre y apellido, al hombre al que acusaba de haberla acosado sexualmente. “Tienes unos senos enormes. Eres mi tipo de mujer. Voy a hacerte disfrutar toda la noche”, citaba las palabras de Eric Brion, antiguo director general de la empresa Equidia.

La periodista había publicado otro tuit, compartido 2800 veces y con otros tantos miles de “Me gusta”, en el que apelaba a que las demás también diesen “el nombre y los detalles” de situaciones de acoso sufridas en el entorno laboral. “Os espero”, llamaba Muller a las denunciantes.


​Su iniciativa, en pocas horas, se convirtió en viral y multitud de mujeres se sumaron a la propuesta. Con ello, mientras que el #Metoo se extendía pero quedaba focalizado en el caso del productor y concentraba las voces más famosas y conocidas, las mujeres francesas comenzaron a tejer una red. Ahora, a pesar del tiempo transcurrido, el fenómeno no ha tocado a su fin. Esta semana, la plataforma Visibrain publicaba los datos referidos al mismo en este año que ha transcurrido desde que por primera vez viese la luz. Así, se ha contabilizado un total de 931 240 tuits que contienen el hashtag #balancetonporc, utilizado por 292946 usuarios de la red social. De estos, el 47% han sido hombres.

Una red para compartirlo juntas

Además, #balancetonporc acabó organizándose como una página web en la que cada una puede contar su historia, en formato foro, y contar con el apoyo de las otras. “Balance Ton Porc es el único lugar que permite a las víctimas de acoso sexual, agresión sexual o violación hacer público su caso anónimamente y compartirlo juntas”, se describe el sitio online. También cuenta con una plataforma para registrar los abusos y así detectar a agresores reincidentes, cuando varias de las denunciantes coinciden al hablar sobre un sujeto.

A día de hoy, siguen apareciendo testimonios de mujeres que narran cómo tuvieron que sufrir la violencia patriarcal. Existen, incluso, categorías que dan una idea de cómo esta es interseccional: “Círculo familiar”, “Lugar público”, “Trabajo”, “En la pareja”, “En el médico”, “En el entorno escolar” o “En el entorno religioso”. Muchas de las historias son sobrecogedoras, además, por lo que tienen de cotidiano; por lo que contradicen la idea normalizada de que el violador es un tipo desconocido que acecha tras la esquina de una calle oscura y solitaria. “Conocí al padre de mis hijos en una fiesta hace 21 años. Aquella noche me violaron, pero había bebido demasiado y no llegué a ver la cara del hombre que lo hizo”, comienza la historia de una de las denunciantes anónimas. “Hace poco más de dos años, mi ahora exmarido me confesó que había sido él”, continúa.

Otra usuaria, por ejemplo, cuenta que un amigo le “presentó a un chico un poco mayor” que ella y que, tras intercambiar algunos mensajes, decidieron quedar. Sin embargo, él acabó por no gustarle tanto y decidió que no quería tener relaciones. “Él continuaba aunque yo le pedía que parase, pero seguía y decía que me dejase llevar, comenzó a tocarme y me levanté y le pedí que me llevase a casa”, relata. “Te irás cuando yo lo decida”, denuncia la chica que le respondió el agresor. “Me arrastró a la cama y me violó”.

“Una sola vez”

Como estos, miles de testimonios han copado el entorno online y comenzado a sensibilizar, a través de mostrarlo como algo colectivo, sobre la realidad a la que deben enfrentarse las mujeres.

Pero aun así, en la misma Francia, sólo tres meses más tarde surgía la polémica cuando un grupo de mujeres de las altas esferas sociales –como la actriz Catherine Deneuve o la escritora Catherine Millet– publicaban en Le Monde un manifiesto criminalizando movimientos como el #Metoo, al considerar que “la violación es un crimen. Pero el flirteo insistente o torpe no es un delito, ni la caballerosidad una agresión machista”. “Defendemos la libertad de importunar”, firmaban hasta treinta mujeres con gran visibilidad y de nombre notorio en el país galo.

Esta semana, en una entrevista del medio francés L’Obs, Sandra Muller ha explicado que la diferencia entre cómo se ha aceptado el #Metoo en los Estados Unidos y la recepción del movimiento #Balancetonporc en su país radicaba en que se trata de dos lugares “culturalmente diferentes”. “Aquí se ha apelado a los argumentos de la famosa ‘seducción francesa’”, contaba. “El movimiento #Metoo ha sido visto como una campaña de denuncia antihombres, liderada por feministas radicales acusadas de querer importar las ‘costumbres puritanas’ de los estadounidenses al país de la galantería”, lamenta la periodista.

La periodista Sandra Muller (AFP)

Y también ella ha tenido que enfrentar un largo proceso de autojustificación, en el que su acosador Eric Brion ha accedido a varios medios de comunicación ofreciendo su propia visión del caso. En diciembre de 2017, Brion publicaba también en el diario Le Monde una tribuna en la que reconocía haber hecho “efectivamente” comentarios “inapropiados” a la periodista, “insistentemente”.

“Una sola vez”, argumentaba, por lo que para él aquello no era “acoso sexual”. En enero y hasta ahora, Brion responsabilizaba a Muller de haber acabado con su carrera al haber hecho públicas sus palabras el pasado octubre, acusándola de difamación y exigiéndole una indemnización de 140.000 euros. Pero en un comunicado de Facebook, la periodista defendía e insistía en que #balancetonporc “ha servido para liberar la voz de las víctimas, y ha puesto el foco sobre un verdadero problema social, todavía lleno de tabúes”.