Muere Almudena Grandes"Pocas declaraciones de amor a Madrid tan bonitas como esta de Almudena Grandes": las redes recuerdan su pregón en Madrid en 2018

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"Queridos vecinos, queridas vecinas, camaradas y cómplices de los trabajos y los placeres de la vida en Madrid, gracias por haber venido. Querida alcaldesa, gracias sobre todo a ti, por invitarme hoy a este balcón, un espacio muy pequeño y, al mismo tiempo, el más grande al que puede aspirar una madrileña. Nadie de mi familia había llegado tan lejos desde que en 1932, mi tía abuela Camila Rodríguez fue elegida Miss Chamberí en la verbena del Carmen". Así comenzaba el pregón de la recientemente fallecida Almudena Grandes en las Fiestas de San Isidro de 2018, en Madrid, quien recordaba entonces que esas son sus "raíces". Todo un homenaje a su querida ciudad natal que posibilitó quien entonces encabezaba el Consistorio, Manuela Carmena y que ahora los tuiteros no han dudado en recuperar.

"Como un hada madrina populachera y generosa, Madrid hace a sus hijos dos regalos en el instante de su nacimiento. Uno es el agua, la incomparable delicia de beber directamente del grifo. El otro es el anonimato. Porque en esta villa plebeya, que se enorgullece de su condición tanto o más que otras de sus viejos y aristocráticos blasones, nadie es más que nadie", continuaba la autora de Las edades de Lulú. Y, tras una descripción de la ciudad, añadió: "Ese es el Madrid que amo, un caos misteriosamente ordenado, la Villa que se ha fundado a sí misma a espaldas de Palacio, y que no es distinguida, ni falta que le hace. La corte de los milagros, claro que sí, porque ¿acaso no es un milagro el azul – hoy no- el cielo que nos cubre?".

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Vestida de rosa y con una inmensa sonrisa en los labios, continuó explicando que "Madrid es una ciudad que se quiere poco, mucho menos de lo que debería". Y siguió con su bellísima declaración de amor: "Es una ciudad muy hermosa, una urbe inmensa, con grandes edificios, con amplias avenidas, con parques antiguos y muchísimos árboles, y sin embargo, seguimos escuchando a diario las célebres tonterías del secarral y del poblachón manchego. Todos los días alguien se burla del Manzanares porque no entiende nada. Que el verdadero río de Madrid es La Castellana. Que su virtud suprema es la velocidad. Que su patrimonio más valioso es su espíritu de resistente, la feroz determinación con la que se aferra a la vida hasta en los momentos peores, que los hemos tenido, y han sido muchos, y muy malos".

"Capital del dolor, capital de la gloria, esta es la ciudad que nunca se detiene, una superviviente capaz de renacer una y otra vez de sus propias cenizas", prosiguió alabando la urbe y, por supuesto, a sus habitantes: "Hemos cambiado mucho y no hemos cambiado nada. Ahora somos más variados, más altos. Yo creo que también más guapos, porque hay madrileñas con ojos rasgados, madrileños con la piel de ébano, chulapos andinos, chulaponas eslavas, chilabas, turbantes, túnicas de todos los colores, ecos de lenguas imposibles y bellísimas en los vagones del metro. Ellos, ellas somos nosotros, nosotros somos todos, y todos somos Madrid, una ciudad enamorada de la felicidad".

Y así, con un verbo ágil y preciso, la autora de Episodios de una Guerra interminable, cerró su discurso recordándonos que "tenemos que aprender a amarla, y la mejor manera de lograrlo es ser felices, así que ya sabéis lo que tenéis que hacer".

¿Qué mejor homenaje al lugar que vio nacer a Almudena Grandes que sus propias palabras?

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