El maravilloso relato sobre ir al baño en el trabajo con un sorprendente final: "Una obra maestra de la twitteratura"

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En el trabajo se puede ir al baño e ir al baño. En el primer caso nadie suele tener problemas, pero en el segundo la cosa se complica.

El hecho de que alguien se entere de has ido al baño suele generar mucha vergüenza. Ya sea por encontrarse a un compañero, dejar olores, o que simplemente se sepa.

Mucha gente lo evita, pero en algunos casos la llamada de la naturaleza no deja otra opción. El relato de un tuitero cuenta cómo consiguió solventar este problema y creó un fuerte vínculo en el camino.

Para evitar encontrarse con caras conocidas comenzó a visitar otras plantas para hacer sus necesidades. Lo que era, al parecer, una práctica común en su empresa.

Tras pasar por los lujos de la planta de ejecutivos encontró la famosa novena planta. De nueva creación y donde había un pequeño grupo de trabajadores. El lugar perfecto.

Cuando encontró su lugar ideal, ir al baño dejó de ser un problema. Y un día, se encontró con un igual.

Empezó a coincidir con la misma persona en el baño, a las mismas horas y con el mismo objetivo. Algo que une mucho a las personas.

Y es que cuando una va al baño se encuentra en uno de los mayores estados de vulnerabilidad del ser humano y eso permite abrirse con los demás.

El protagonista y el desconocido comenzaron a estrechar lazos. A hablar sobre sus vidas y a compartir sus secretos más íntimos.

Esto llevó a que sus relojes internos se sincronizasen y compartiesen ese momento de intimidad a diario. Solo había una condición: nunca se veían las caras. Aunque ya sabiendo la identidad del misterioso desconocido pudo darle una pista que probablemente algunas veces se pusiese a su izquierda y otras a su derecha. Aunque acabaría asentándose más en el lado derecho.

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El narrador de esta historia cuenta que de un día para el otro su interlocutor de retrete desapareció. Y con el paso de los días se dio cuenta de que no volvería.

Su obsesión por encontrarlo le acabaría costando el puesto de trabajo, ya que había desatendido sus obligaciones para dar con su misterioso amigo.

Tras perder el trabajo decidió volver a su tierra natal. Allí, en el camino, escuchó una voz que reconocería en cualquier parte, su amado amigo del retrete.

Resulta que su compañero para ir al baño había dejado su trabajo para presentarse a president de la Generalitat, y no era otro que Albert Rivera.

Evidentemente, este relato es ficticio. Aunque ha conseguido acaparar la atención de los tuiteros, que veían con mucho interés como se desarrollaba la historia. Los seguidores jamás se esperaron el inesperado giro de guion final que revelaba la identidad del amigo del baño.

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