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Chenoa, en la Gala 0 de 'Operación Triunfo' 2023. Foto: Prime Vídeo
Chenoa, en la Gala 0 de 'Operación Triunfo' 2023. Foto: Prime Vídeo
Chenoa, en la Gala 0 de 'Operación Triunfo' 2023. Foto: Prime Vídeo
Chenoa, en la Gala 0 de 'Operación Triunfo' 2023. Foto: Prime Vídeo

Chenoa: «Hay muchísimos artistas que no cantan ni para atrás, pero flipas con ellos»

OT 2023 ya ha levantado el telón en Amazon Prime Video y la exconcursante del formato se ha convertido en el centro de todas las miradas. Antes de la gala de este lunes, charlamos con la cantante sobre salud mental, la evolución en la industria de la música y su nuevo single ‘Bailar contigo’.

Aurora Muñoz

«Hace 22 años pisé este mismo escenario que me cambio la vida por eso OT fue y es mi familia, fue y es mi casa y vosotros sois mi gente. OT vuelve como siempre pero como nunca«. Así arrancó la gala cero de Operación Triunfo el pasado 20 de noviembre con una Chenoa emocionada que se ponía por primera vez en el papel de maestra de ceremonias. «El mundo ha cambiado, la música ha evolucionado mucho y llega una nueva generación con muchas ganas de cumplir sus sueños. Se abre una etapa y se cierra un círculo para mí», dijo en la inauguración de esta nueva edición del programa. Llega a Prime Video con ganas de demostrar que ella, como los nuevos concursantes, merece la oportunidad de dar un nuevo salto a su carrera, esta vez como presentadora.

María Laura Corradini ha vuelto a casa después de compaginar su carrera musical con distintos trabajos en televisión y radio desde 2016. En la pequeña pantalla ha hecho casi de todo. En 2021 fue concursante de Celebrity Bake Off España y ha estado seis años ocupando un puesto como miembro del jurado Tu cara me suena. Además, ha participado en otros formatos como Zapeando, Likes y La Noche D. Sin embargo, las mejores oportunidades de los últimos años se las han brindado las ondas. En Europa FM ha hecho doblete para presentar Tómatelo menos en serio, el late night de los jueves y viernes, mientras colaboraba también en Cuerpos Especiales. El público la conoce y ya sabía que podía esperar de su estreno, pero eso no ha librado a la argentina de que el miedo y las dudas la asaltaran minutos antes de lanzarse al directo.

Chenoa es humana. Confiesa que tiene taquicardia y se le seca la boca, pero ya no hay tiempo para dejarse arrastrar por el vértigo. Son las 22.00 horas, da comienzo la primera gala y se desvela uno de sus secretos mejor guardados. Si acudió a la presentación a los medios de la vuelta del formato con los mismos vaqueros que se puso para el casting en el que fue seleccionada, en esta ocasión también escogió un look simbólico. Salió ataviada con un traje blanco y en una de las solapas de su americana lleva bordado con pequeños cristales plateados un 89, el número que llevó en las audiciones de la edición en la que participó hace ya más de dos décadas. Detalles como ese demuestran su conexión única con el formato.

La artista brilló y se convirtió en la gran protagonista del estreno con una generosa colección de anécdotas que nos transportan a la audiencia a 2001 mientras regala su experiencia a una nueva generación de concursantes. «Esa novia que tienes… (…) Si entras en la Academia y no lo voy a decir por experiencia personal para nada… no voy a entrar ahí. Pero ¿estás preparado?», le preguntó a Lucas arrancando la carcajada del público. Ni siquiera eludió los jardines, aunque el ritmo de la gala no daba opción para mucha chanza. Fue un lanzamiento bien ejecutado, sin corsés y con la aspiración de dejar entrever que lo mejor está por llegar. Ahora toca ceder el testigo a Ruslana, Cris, Martin, Denna, Naiara, Álvaro Mayo, Omar, Álex Márquez, Paul, Suzete, Juanjo, Violeta, Salma, Chiara, Lucas y Bea… E incluso a los miembros del jurado, que parece que han comenzado fuertes, con la crítica afilada. Poco antes de que los focos se encendieran, Chenoa respondió a las preguntas de los periodistas en una mesa redonda donde pudimos ahondar en los detalles de esta nueva aventura.

Confiesa: ¿Habías fantaseado con presentar Operación Triunfo?

Nunca lo había visualizado, ni siquiera lo había soñado. La gente me ha preguntado cómo me siento ahora que ha pasado y no sé ni qué siento. Estoy como un standby, igual que si me hubiera quedo suspendida mientras espero a ver que se me mueve. Esto no deja de ser un shock, además de una oportunidad y estoy entre emocionada y nerviosa. Sé que es algo importante, pero no me voy a poner en plan juez interno, así que espero quedarme con lo bien que me lo estoy pasando.

Y ahora que esto ya es una realidad, ¿qué feedback has recibido de tu estreno?

La gente que me quiere y me conoce tenía un pulso diferente. Para ellos era un paso natural porque he estado como concursante, después he sido jurado y ahora presento. Eran tres ingredientes que me convertían en una buena candidata. Ahora me empiezan a encajar trabajos que parecía que no terminaban de ir conmigo, pero para algo me sirvieron. Era el momento ideal para poder hacerlo y parece que hasta los del hate habitual están contentos. Así que, oye, de momento no me puedo quejar. En cualquier caso, querer gustar a todo el mundo imposible, está comprobado. Voy a estar atenta a las críticas lo justo y necesario para no volverme loca.

¿Cómo ves a los nuevos participantes en comparación con los de tu generación?

Son 3.0, ¿eh? Me parecen muy buenos. Tienen mucha seguridad y se nota que han crecido de otra manera. Ellos se han visto mucho en cámara, algo que de lo que nosotros no teníamos ni idea. También se han escuchado y saben mirarse desde fuera, se analizan muy bien por una cuestión folclórica de etapa. Nosotros no teníamos redes sociales y parecíamos como las abuelas que se preguntan «¿por qué estás aquí si sales ahí?» cuando ven los monitores. Todavía estábamos en esa época, pero ellos van muy adelantados en cultura audiovisual y a nivel vocal, son realmente una animalada.

Acabamos de conocer a los 16 concursantes oficiales de OT 2023 y entre ellos hay personalidades, estilos, edades y hasta hobbies muy diferentes. ¿Qué se necesita para ganar este formato?

Hay elementos que son súper importantes para un artista y totalmente demostrables, pero no creo que la afinación sea uno de ellos, por ejemplo. Si te vas a la historia musical española, puedes encontrar muchos ejemplos de gente que tiene una voz muy especial y que quizás no tiene un directo en el que esté súper exacto. No voy a dar nombres porque generalmente está mal visto, pero a mí eso no me va. Creo que somos conscientes de que hay muchísimos artistas que no cantan ni para atrás, pero flipas con ellos. No sabes por qué, pero no puedes dejar de quedarte mirándolos en sus actuaciones y los escuchas en bucle en Spotify.

Ellos inician su camino en la música, pero tu también inauguras un nuevo sendero. ¿Qué nos puedes contar de la canción que vas a lanzar?

Me ha venido todo junto. Este verano me metí en el estudio, con todo el calor, y salió un single marchosillo que se publicará a finales de mes. Puedo confirmar, como avance, que ya hay un videoclip grabado. Después de cuatro años, a los chenoístas les hacía falta y a mí también. Además, me parece bastante natural y lógico que, si voy a estar en OT, que ha sido mi talent musical, que menos que dar un poquito de material.

La profesionalidad se da por descontada dentro de ese compromiso con el formato, pero ¿temes que la emoción te traicione?

Me había hecho la longui, pero ha sido ver el vídeo de presentación y ya tenía una cosita que me apretaba aquí dentro. No puedo llorar todo el rato, pero me vais a pillar por todos los flancos. Es imposible que no me emocione. Yo soy perfeccionista y quiero hacerlo guay, aunque reconozco que hay momentos en que se me mueve el suelo. Es que es normal, de lo contrario no sería humana.

Concedamos un momento a la nostalgia. ¿Cuál es tu primer recuerdo de OT?

Quizás sea mi vestidor rojo. Me lo compré yo y estaba medio desteñido. La gente no sabe que en esa primera gala nos arreglamos nosotros mismas y las pinzas esas que llevaba en la cabeza me las hice yo. Estoy guapísima. No sé en qué momento se me ocurrió, pero es lo que hay y ni tan mal. Salimos casi sin maquillar, porque entonces Toni Cruz [creador y productor ejecutivo de Operación Triunfo] llevaba un poco todo y quería ver una evolución incluso en eso. Así que nosotros fuimos diferentes incluso en eso. No teníamos nada. Entramos con nuestros propios zapatos, de hace mil años, y luego nos íbamos pasando ropa entre nosotros. Estos chicos tienen a su disposición hasta una lavadora y secadora en la Academia. No tiene nada que ver.

A lo largo de todos estos años has trabajado en televisión siempre pendiente al dato de audiencia del día después, pero una de las novedades de este OT es que es el primero que no va a estar sometido a esa cifra. ¿Cómo recibes el cambio?

Es un peso que te quitas de encima, pero en el fondo la repercusión se puede medir con diferentes tecnologías. Habrá una contabilidad de descargas y cápsulas en Tik Tok; se medirán los votos y otros parámetros que yo no controlo, pero sé que están por ahí. Sé que es diferente a estar en antena, porque yo me levantaba mirando los datos de audiencia. Desde mi pequeño lugar, aprieto y voy a favor de cosas que me importan. Aquí se manejará de manera diferente, pero habrá feedbacks.

Más allá de los datos, el público siempre es soberano. ¿Qué imagen te gustaría trasladarle?

Son muchos años de conocerme y no creo que haya demasiadas sorpresas. Estoy metida en el salón de casa desde hace 22 años, soy una pesada. No voy a engañar a nadie, pero me gustaría que lo estoy contando se perciba como una vivencia en la que me acompañan. Mi intención es que solo les falte olerlo. Me impactarán cosas, si me he puesto a llorar no sabré volver natural de una canción y tampoco conozco por dónde va a salir el jurado, ni cómo voy a reaccionar a sus comentarios. No será muy distinto a lo que opinaría desde casa, aunque lo mismo seré un poco más emocional, porque estás allí y se genera una empatía.

¿Has recibido alguna instrucción por parte de la dirección que marque la forma de conducir las galas?

La dirección siempre está y yo, a mandar. Soy alumna buenísima, pero realmente me han pedido naturalidad. Nada más. Yo soy nuy nerviosa, hablo muy rápido y no me doy cuenta. Eso hace que me meta en unos jardines sensacionales, porque a veces no sé salir de donde he entrado. Así que me pondré de deberes intentar controlar un poco eso. El silencio tampoco me molesta.

La revolución digital en la música ya es imparable, pero ¿qué te parece que haya móviles en los conciertos?

Bueno, hay diferentes estilos y cada uno permite licencias distintas. Dentro de la cultura reguetonera, tener un móvil es maravilloso porque va dentro del concepto, pero si tú te vas a un recital de música clásica o a ver a un baladista no les hará tanta gracia que saques tú teléfono en plena actuación. No es ni bueno ni malo, simplemente hay que saber ubicarlo.

Otro cambio significativo con respecto a tu edición es la irrupción de las redes sociales. ¿Te animarías participar con la exposición a la que se enfrentan ahora?

No. Yo no me enteraba de nada cuando estaba dentro y tenía iniciativa, pero si yo hubiera sabido todo lo que me venía y lo que me han zurrado, ya te digo yo que no. Es lo que he tenido que vivir y bienvenido sea. Soy una tía positiva, pero el positivismo baja el cortisol, lo dice la ciencia… ¡Y envejece!. Hay que tener eso en cuenta y cada uno se traga las cosas como quiere.

En cierto modo todos somos nuevos en la exposición a las ventanas virtuales y estamos aprendiendo que la palabra hace daño. De repente veo una pequeña ola de cambio. El hate está bajando un poquito, como si hubiéramos necesitado hacerlo muy mal para poder rectificarlo. Esta generación se ha permitido equivocarse para volver y rectificar sin ego ellos. Saben trabajar con la vida en el entorno virtual entonces y moverse muy bien ahí. Lo he notado incluso conmigo. He visto a gente muy jovencita pidiendo que me respetasen y advirtiendo que ahí no era. Me ha dado incluso ternura.

Una parte inevitable de Operación Triunfo son las despedidas, ¿cómo llevas esa parte de la mecánica?

Eso es un problema y la primera, además, fue muy dura. Siempre lo es. Los aspirantes han sido elegidos entre 13.000 persona y eso ya es una maravilla. Han llegado hasta aquí y de pronto se acaba su sueño nada más entrar. Me parece muy duro psicológicamente, así que yo he intentado hacer una lectura nutritiva, achucharlos mucho y no dejar que se vayan con una sensación de fracaso. Yo me presenté también a los castings sin saber hasta dónde iba a llegar y de repente, ¡toma ya!. Lo que no se cuenta tanto es que me llevé 10 años mandando maquetas y siempre me dijeron que no. A nadie le gusta que le digan que no, pero depende de cómo lo abraces, puedes aprender muchísimo. Cada vez que yo recibía un rechazo, pensaba: «Pues ahora te voy a enviar más propuestas». Yo soy así y ellos son muy jóvenes, tienen derecho a pasar por eso y todavía están a tiempo de afrontarlo de la mejor manera.